– ?En el suyo o en el coche de ella?
– Vamos en los dos, cada una en uno, para luego podernos volver.
– Ya.
– Pero bueno, Manuel, esto ya esta terminado. La Reme se largara manana o pasado. Esto ya ha estado bien.
– Explicame mas detalles.
– Si no hay nada mas.
– Ya lo se, pero tengo mucha curiosidad por conocer esto bien, pues nunca he visto nada igual.
– Pues que se lo explique ella, que le gusta mucho explicarlo.
– ?Cuando?
– Ahora. Si esta despierta nos esta escuchando y seguro que viendo.
– ?Y a este lo dejais aqui toda la noche liado en la manta?
– ?Ea! Ya hasta manana no podemos hacer la excursion… Ademas, sabiendolo usted ya…
La
– Ni hablar de dormida -le dijo la
– Venga…, cuentame, por favor.
– ?Pero que quiere usted que le cuente?
– Por ejemplo, ?cuando llego?
– No hace un ano todavia. El mes que viene lo hara. Si.
– ?Me das otro cafe si no te importa? -dijo
– Al
– ?Y cual fue el primero en caer y que te dio la pista?
– Espere usted que le traiga el cafe.
Ya clareaba por los cristales del montante y las ventanas, y
Tardo un buen rato la
Cuando ya
– ?Pero donde vas?
– Me voy a mi nuevo destino, a Sevilla. Despues de lo de esta noche no aguanto mas aqui. Me ha llegado la hora. Como en todos los sitios.
– Pues anda…, Manuel es un hombre discreto que no va a ir diciendo nada por ahi.
– Me es igual.
– Venga, mujer, sientate un momento y cuentamelo todo.
– ?Para hacer una ficha?
– O una novela. Quien sabe.
Al dejar la maleta y sentarse en el sofa,
– Venga, pregunte.
– Los dejo solos para que puedan hablar a sus anchas -dijo la Mora levantandose.
Plinio miro hacia la Mora, como consultandola. Y ella le meneo la cabeza carigrafiandole que a la Reme le parecia muy bien que se fuera.
– Gracias,
Y luego a la Reme:
– Cuentame, hermosura.
– Cuento. Y las que va a escuchar seran las ultimas palabras que diga en Tomelloso. Dentro de un rato lo borro del mapa.
La Reme, como pensando por donde empezar, quedo mirandose las dos manos casi juntas sobre las cuestas parejas de sus muslos subidos.
Plinio espero, cuchereo el cafe de la taza y volvio a raspearle todo el cuerpo con los ojos.
– … Todas mis desgracias, Manuel -empezo la Reme mirando muy fijamente al guardia a los ojos-, vienen de una cosa que da risa.
– Venga, dime que cosa, que no me rio.
– ?Ay!, que no. Vera como si se rie.
– Todas tus desgracias vienen…
– De que yo les doy demasiado gusto a los hombres.
– No me jodas.
– Pues jodido queda.
– ?Porque estas muy buena… como puede verse?
– No lo se, le prometo que no lo se.
– ?Entonces, porque eres cachondisima?
– Tampoco. Yo, la mayor parte de las veces lo hago, como todas las del oficio, por deber, echandole teatro a la cosa y sin pizca de gusto. Poniendo las posiciones, las caras y dando los gritillos que pone y da uno cuandose corre de verdad… Eso si, palabra que lo hago tan bien, que raro es el jinete que sabe cuando me muero de gusto o me muero de aburrimiento… Ahora mismo me acoste con
– ?Entonces les basta verte en cueros para sentir tanto gusto?
– Le doy mi palabra, guardia, que no lo se. Llevo veinte anos, que se dice pronto, intentando averiguar por que se lo pasan tan bien conmigo… y no lo se porque cada vez creo que es por una cosa. Mejor dicho, he podido experimentar que es por todas, segun como les pille el cuerpo.
– Bueno -le pregunto
– Nada, que les noto yo que les da mucho, mucho, muchisimo gusto.
