adormiscado
Amananar, lo que se dice amananar, no, pero el cielo empezaba a empavonarse un poco. Se veian los bultos mas cerca y con mas perfiles.
Las
Abrieron al fin, pero el
Plinio aguardo, y hasta le llegaron recortes de voces. A ver que pasaba…, y pasara lo que pasara, sin saber que camino tomar, o con que pretexto dar el la gorra a aquellas horas en semejante sitio.
Y en aquel momento
Fue ahora Cuando
«… A este, la
Por el comienzo de la colilla del cigarro estaba, que brillaba en la noche como pizca de estrella, cuando observo por una ventana que se encendian las luces de la habitacion de la izquierda del chaletito. Estuvo asi como cuatro o cinco minutos encendida, hasta que las rejas de la ventana volvieron a quedar negras.
«Ya se han ensabanado, seguro. Pues voy antes que se vuelva a dormir la del camison, sea la
Tiro el cigarro, lo piso. Noto que paso un cuervo siseando, con la sombra de sus alas mas negras que el cielo, algo clarioncillo ya, se cruzo hacia la puerta de la casa de la
Sono el timbre muy en lo hondo de la casa y espero:
«Supongo que no le habra dado tiempo de quitarse el camison, a la que abrio la puerta.»
Y aguardo. Pero nada, ni paso.
Con el dedo mas decidido volvio a tocar dos minutos despues.
– ?Quien es? -oyo que le gritaban tras una persiana.
Manuel iba a contestar desde la puerta, pero fue hacia la persiana sin decir palabra, y con paso bien aplomado. Asomo por fin la cabeza de la mujer que antes abrio al pecoso, como supuso
Lo reconocio en seguida la
– Buenas noches…, quiero decir buenos dias tenga usted, Manuel. ?Le puedo servir en algo?
– Abreme y ya lo sabras.
– ?Pues que pasa?
– Nada grave. Abre.
– No faltaba mas. Un momentico.
Plinio volvio hasta enfrentarse con la puerta de la calle. En seguida vio por las rendijas que habian encendido las luces… Y a poco le abrio la puerta, pero con una bata color sangre de toro y no azul como antes.
– Adelante, Manuel.
Paso hasta un entre medio-patio y medio-recibidor, tambien muy bien puesto, con fotografias grandes y enmarcadas de artistas del baile y del cante y cada cual debajo de unas lamparas con bombillas en forma de zanahoria.
– Sientese aqui, Manuel, si viene de asiento -le dijo la
– Muchas gracias, que si vengo de asiento. Y se dejo caer en el sofa, mientras la
– ?Quiere usted un cafe, Manuel?
– Muchas gracias.
– Pues usted dira… a estas horas.
– Sientate aqui, a mi lado.
– No faltaba mas.
– Y perdona si te he despertado.
– Me habia despertado otro que llego un momento antes que usted.
– ?Quien?
– El hijo de
– ?El de las pecas en el cuello?
– En el cuello y en todo el cuerpo, oiga usted, porque me han dicho las chicas, que conforme le caen cuerpo abajo, se le amontonan las pecas de tal manera al llegar a semejante parte, usted me entiende, que todo se convierte en peca sola. Es decir, todos sus bajos tienen el color de nuez de las pecas.
– ?Por los muslos y piernas tambien?
– No, por lo visto traspasadas las ingles ya empiezan sus carnes a clarearse de nuevo.
– Que cosa mas rara. ?Y a que ha venido a estas horas
– Pues ya se puede usted imaginar.
– ?De dormida?
– No se si de dormida o de ocupacion. No creo que tenga fuerzas para lo ultimo, pero debe estar con el eje nervioso, porque hoy es la segunda vez que viene.
– ?Y a que hora estuvo la primera? -pregunto
– A la caida de la tarde o asi.
– ?Y a que hora se fue?
– ?Ah!, no se. No lo vi salir.
– ?Y varia mucho de hembra?
