primeras veces rechazo bruscamente el tema. A la tercera dijo: «Mi padre es un asesino.»

Le respondi: «Tu padre es un hombre que realizo un gesto tremendo, pero no es un hombre malo.»

Estabamos sentados, uno al lado de la otra, sobre una tapia, sus pantalones tenian el borde deshilachado, balanceaba nerviosamente las piernas adelante y atras. Mirando a lo lejos, dijo: «No se mata si no se es malo.»

?En la adolescencia todo es blanco o negro! Respondi: «A veces hacemos algo malo porque somos debiles o estamos confundidos, porque tenemos miedo. ?Que harias si ahora saliera una serpiente de la tapia? Aunque te gusten los animales, probablemente la matarias.»

Con el tiempo, pude hablar de ustedes dos, del amor que unia a sus padres. «Cuando tu eras pequena, tu madre estaba enferma y tu padre te cuido como pocos padres lo hubieran hecho.»

Al pie de la tapia crecia una malva. Una abeja se zambullo dentro.

«Lo ves», observe entonces, «la abeja necesita la flor. Pero tambien la flor, para existir, necesita a la abeja. Estamos todos unidos por un invisible abrazo. Tu padre te necesita y tu lo necesitas a el».

Permanecio largo rato en silencio, con las manos no dejaba en paz a un mechon de pelo. Volvia la cabeza de modo que yo no pudiera verle el rostro. Respiro profundamente dos o tres veces, parecia querer rebelarse contra algo que la estaba ahogando. Luego, con la voz rota, muy bajo, pregunto: «Pero mama, mi madre, ?se alegraria?»

Le dije: «Seria la madre mas feliz del mundo.»

Con la carta en la mano fui a la ventana. Era el crepusculo y las gaviotas volvian de tierra firme. Habia dos adultas sobre mi. Estaban casi inmoviles con sus grandes alas blancas. Las seguia una gaviota mas joven. Aun tenia el plumaje oscuro y, a intervalos regulares, llamaba a las otras con un largo silbido.

El mar debia de estar un poco movido porque oia las olas romper contra los escollos. Cuando el mar estaba agitado, oia como mi sangre hacia un ruido similar, el corazon la bombeaba hasta los oidos y de los oidos descendia otra vez al corazon.

En el sobre del fraile, habia otra carta. Era mas pequena y en papel rosa, cuadriculado. La abri alli, de pie, mientras el sol desaparecia en el horizonte.

Querido papa…

Susanna Tamaro

***

[1] En italiano: O Dio (N. del t.)

Вы читаете Respondeme
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату