cuarto de Sophia. Por supuesto que su dormitorio tenia que ser el cuarto de Sophia. ?que podria ser mas apropiado? ?O mas aterrador? ?Que decia la maldicion? Esa historia se repetiria una y otra vez. El marido de Sophia habia empezado amandola, pero al final le habia fallado, y la habia condenado a muerte. Nicoali creia eso, como DeMarco, el era parte de esa terrible maldicion, que al final la destruiria.

?Y Francesca? ?Como sabia lo del accidente del que nadie habia hablado? Ella tenia acceso a la habitacion de Isabella.

Y habia sido una voz femenina la que la atrayera a la escalera de servicio. Seguramente Francesca no era una enemiga. Isabella cerro los ojos. No queria pensar asi, no queria sospechar de Francesca.

Isabella finalmente se durmio, pero sono con lobos y enormes leones. Con cadenas arrastrandose y el aullido de fantasmas. Canturreando. Palabras en un lenguaje que no entendia. Sono con Nicolai besandola, abrazandola, sus rasgos feroces suavizados por el amor. Fue tan vivido que le saboreo, olio su salvaje fragancia. El se aparto bruscamente, sus ojos dorados como llamas rojas. Vestia una expresion demoniaca mientras la sacaba a la fuerza a un campo. La ato a una larga estaca y encendio un fuego mientras figuras sombrias danzaban en circulo alrededor de ella. Los lobos miraban avidamente y los leones rugian aprovadoramente. Oyo el cacareo de una risa estridente, mujeres bailando alegramente con un fluir de faldas mientras ella suplicaba piedad. Francesca estaba alli, sonriendo serenamente, bailando alrededor con los brazos alzados como si tuviera un companero. Entonces el fuego se apago, e Isabella estaba arrodillada con la cabeza gacha, agradeciendo estar viva. Una sombra cayo sobre ella. El Capitan Bartolmei le sonreia mientras Theresa y Violante cantaban suavemente y Francesca batia palmas con deleite. Todavia sonriendo, el capitan alzo su espada y la balanceo hacia su cuello. Isabella grito de terror, el sonido la saco de su pesadilla. Una mano capturo sus brazos que se agitaban violentamente.

– Shh, piccola, nada va a hacerte dano. Fue solo un mal sueno -la voz era calida y consoladora.

No estaba sola en la cama. Podia sentir un cuerpo calido entrelazado alrededor del de ella. Solo la gruesa colcha los separaba. El fuego habia muerto hacia mucho, y ni siquiera un ascua quedaba entre las cenizas, aunque no importaba nada en absoluto. Nicolai DeMarco. Reconoceria su fragancia, la sensacion de el, en cualquier parte, sin importar lo oscura que fuera la noche. Su voz era inconfundible, bajo, una aleacion de amenaza y calor.

Giro la cabeza lentamente, cautelosamente. La cabeza de Nicolai estaba cerca de la de ella. Lucho por poner sus latidos bajo control.

– ?Que esta haciendo aqui, Signor DeMarco? -sono sin aliento, incluso a sus propios oidos.

– Me gusta verte dormir -replico el suavemente, sin arrepentimiento. Sus manos le enmarcaron la cara alli entre las sombras- Vengo a tu habitacion cada noche y solo me siento y te observo dormir tan pacificamente. Me encanta observar la forma en que duermes. Nunca habias tenido un mal sueno hasta esta noche -sonaba arrepentido-. Yo hice esto, Isabella, y lo siento, nunca deberia haberte expuesto a semejante peligro.

– Sueno con frecuencia -cerro los ojos de nuevo, extranamente segura ahora que sabia que el estaba a su lado. Inhalo profundamente, arrastrando la salvaje y masculina fragancia de el profundamente a sus pulmones. La pesadilla la habia sacudido, pero la noche era el mundo de Nicolai, y sabia que el podria protegerla como ningun otro. El podia temer que le haria dano, pero Isabella se sentia segura en sus brazos.

– ?No temes que Sarina pueda venir y encontrarte aqui? -Habia una nota burlona en su voz.

Acerco la cabeza para presionar sus labios contra las sienes de ella. Su aliento fue calido contra el oido.

– Tengo toda intencion de tratarte honorablemente, por dificil que eso pruebe ser -habia una burla de si mismo en tu tono tierno. Envolvio un brazo a su alrededor- Vuelve a dormir. Me hace feliz verte tan en paz.

– ?Por que no estas durmiendo tu? -Su voz era adormilada.

El cuerpo de el se endurecio, haciendo urgentes demandas, cuando todo lo que habia venido a buscar era satisfaccion.

– Yo no duermo de noche -dijo suavemente, sus dedos en enredaron en el pelo de ella. Cerro los ojos contra el recuerdo de sus propias pesadillas, fluyendo inesperadamente, como si su corazon necesitara contarle cada terror de su ninez- Nunca.

Como si pudiera leer su pensamiento, ella encajo su cuerpo mas cerca del de el, protectoramente. Su mano salio furtivamente de debajo de la colcha para acunarle la mejilla, su palma calida contra las cicatrices de su ninez.

– Puedes dormir aqui, Nicolai. Yo velare por ti -las palabras fueron tan bajas que el apenas pudo captarlas.

Sus entranas se derritieron. Habian pasado anos desde que alguien habia pensado siquiera en protegerle o preocuparse por el o consolarle. Ella le estaba poniendo del reves sin proponerselo. Enterro la cara en su pelo, cerro los ojos, y respiro en el. Ella habia dicho que el era el aliento de su cuerpo, la alegria y calidez de su corazon. Bueno, ella era el aire que respiraba en sus pulmones. Era su alma.

Don Nicolai DeMarco cerro sus brazos posesivamente alrededor de ella y cerro los ojos, yendo a la deriva mientras escuchaba su suave respiracion. Alli en la oscuridad, entre los brazos de una mujer dormida, encontro paz.

CAPITULO 10

Nicolai cerro los ojos a la tentadora vision de Isabella. El vapor que se alzaba de la piscina caliente solo se las arreglaba para hacerla parecer mas atractiva, mas eterea. La deseaba con cada fibra de su ser. No solo su cuerpo… deseaba su lealtad, su corazon. Su risa. Sus dedos se cerraron lentamente en dos punos apretados. Le estaba mirando con tal confianza, sus enormes ojos suaves y gentiles.

Sus punos se cerraron con mas fuerza cuando sus emociones se oscurecieron, barriendoo a traves de el con una intensidad que le sacudio. Sintio la afilada punalada de agujas en sus palmas.

Isabella estaba observando el juego de emociones en los ojos de el. Vio en que momento exacto la bestia gano, saltaron llamas rojo-anaranjadas en su mirada y ardieron fuera de control. Quiso llorar, pero en vez de eso sonrio.

– Necesitamos a Sarina, Nicolai, para que se ocupe de tus heridas, ya que yo carezco de conocimento.

– Te la enviare -replico el, su voz era una mezcla de brusquedad y sensualidad-. Yo no tengo necesidad ni deseo de ayuda.

Se obligo a reproceder dos pasos. Lejos del cielo. Lejos de la paz y el consuelo. No deshonraria a Isabella o a si mismo cuando solo tenia una vida de dolor y una horrorosa muerte que ofrecerle.

Cuando cerraba los ojos por la noche, veia la terrorifica escena una y otra vez. Su madre corriendo por su vida, con la boca abierta de par en par mientras gritaba pidiendo piedad. Su pelo se habia soltado de la larga trenza, y el viento lo batia tras ella. Habia visto a su padre, brillando tenuemente en un momento como hombre, al siguiente un leon maciso, cazandola facilmente como si no fuera mas que un ciervo en el bosque o un conejo temblando ante el.

Nicolai siempre corria hacia ellos en el sueno, en un desesperado intento de detener lo inevitable, justo como habia hecho en la vida real. Un chico con lagrimas corriendo por su cara… sus padres, su vida, ya perdidos para el, un pequeno cuchillo aferrado en su mano. Habia sido un arma patetica contra semejante bestia enorme. Pero cada vez que cerraba los ojos, ocurria de nuevo. El siempre hacia lo mismo, siempre llevaba el mismo cuchillo y siempre veia al leon saltar sobre su madre y matarla de un salvaje mordisco.

Sus ojos ardian, y su estomago se tensaba de repulsion. Esta noche el habia acechado a Isabella. En el ultimo momento habia vuelto en si, oyendola pronunciar su nombre. Oyendo su voz susurrarle palabras de amor. De perdon. De entendimiento. Habia permitido que la bestia en el se alzara completamente, consumiendole mientras luchaba con los lobos. Eso no habia ocurrido nunca antes. Mas y mas amenudo, mientras sus emociones se profundizaban, se intensificaban, perdia el control, y la bestia se comia al hombre. Como habia consumido a su padre. Un solo sonido de horror escapo de su garganta.

– No, Nicolia -suplico ella suavemente-. No te hagas esto a ti mismo.

Habian hecho falta anos para su padre fuera visto por su gente como la bestia, pero una vez le habia ocurrido, le habia devorado rapidamente. La gente habia visto a Nicolai como la bestia desde ese terrible dia en el patio cuando su padre mato a su madre e intento destruirle a el.

– Casi te mato -La admision fue baja, aspera, la verdad-. Ocurrira, Isabella, si no te envio levos. No tengo

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