sexual.

Permanecieron sentados, presenciando la muerte de un hombre como quien mira el video de las vacaciones del vecino. Cuando el hombre dejo de dar coces y echo por ultima vez los brazos hacia atras, Quinn paro la cinta. De principio a fin, el ahorcamiento habia durado menos de cuatro minutos.

– No siempre es tan ceremonioso -puntualizo Quinn-, pero tampoco es infrecuente. Claro que nada de esto es frecuente que digamos. Grosso modo se producen unas mil muertes confirmadas por actividades autoeroticas al ano, y tal vez dos o tres veces mas llamadas no atendidas que acaban por declararse suicidio u otra cosa.

– Pero esas solo son las personas que calculan mal y no logran escapar del artilugio que disenan -anadio Kate-. ?Quien sabe cuantas personas practican la parafilia sin cagarla? ?No has encontrado a ningun familiar ni amigo que sugiriera que tal vez le iban esas cosas?

– Su hermano dice que cuando eran pequenos jugaban al ahorcado, pero ya sabeis, eran juegos de vaqueros o belicos, cosas asi. Nada raro. Pero ?que me decis de eso? ?Os habeis encontrado alguna vez a dos familiares metidos juntos en algo asi?

– Lo he visto casi todo, Sam -repuso Quinn-. Eso en concreto no, pero podria suceder. Nunca digo nunca, porque cada vez que creo que nada puede escandalizarme, a alguien se le ocurre algo mucho peor que cualquier cosa que yo haya imaginado. ?Que opinion te merece el hermano?

– Es mas bien un palurdo. No creo que le vaya el sexo raro, pero podria equivocarme. En cualquier caso, estaba muy resentido con su hermano menor.

– ?Y los amigos? -pregunto Kate.

– Su mejor amigo dice que no, que a Fallon no le iban las cosas raras, pero estoy convencido de que oculta algo.

– Asi que su mejor amigo es un hombre -dijo Kate.

– Hombre, segun el mismo heterosexual y prometido a una mujer de familia importante. La victima, como ya os he dicho, era homosexual y acababa de confesarselo a su familia.

– Y crees que quiza eran amantes -constato Quinn.

– Puede ser. Eso explicaria la nota del espejo. La cosa se salio de madre, el amigo fue presa del panico…

Kate meneo la cabeza sin dejar de examinar las fotos.

– Esto no me parece un juego. Sigo diciendo que en tal caso se habria protegido el cuello. Mas bien parece un suicidio.

– Entonces, ?por que delante del espejo? -la desafio Quinn.

– Para humillarse.

Mientras discutian pormenores a los que el ya habia dado mil vueltas, Kovac hojeo los libros que habia traido Quinn. Eran DSM-IV, Psicologia anomala y vida moderna, Manual de sexologia forense y Muertes autoeroticas. Un poco de lectura ligera. Ya habia estudiado las fotografias del capitulo «Formas de morir» de Investigacion practica de homicidios, en las que se veia a un desgraciado tras otro muerto por causa de algun complicado invento confeccionado a base de sogas, poleas, tubos de aspiradora o bolsas de basura, artilugios disenados para alcanzar orgasmos mejores y mas intensos. Personas de escasas neuronas, rodeadas de estrafalarios juguetes sexuales y pornografia repugnante. Personas que vivian en sotanos carentes de ventanas. Perdedores, en suma.

– No parece encajar en este tipo de perfil -comento.

– En estos libros nunca salen los Rockefeller ni los Kennedy -replico Kate-, pero eso no significa que no puedan estar tan enfermos como cualquiera; solo significa que son ricos.

Quinn asintio.

– Los estudios muestran que este comportamiento se da en todas las clases sociales. Pero por otro lado, tienes razon, Sam. La escena no parece propia de un acto de asfixia autoerotica. Es demasiado pulcra, y ademas, la ausencia de parafernalia… No encaja. ?Tienes algun motivo para creer que no fue un suicidio?

– Montones de motivos y montones de sospechosos.

– El asesinato por ahorcamiento es muy infrecuente -le recordo Quinn-. Y muy dificil de perpetrar sin dejar pistas. ?Alguna senal de lucha en manos o brazos?

– No.

– ?Contusiones en la cabeza?

– No. Aun no tengo el informe definitivo de la autopsia, pero la forense no ha mencionado nada a Liska de heridas en la cabeza -explico Kovac-. Lo que si tenemos es el informe de toxicologia. Habia tomado una copa y un par de somniferos, pero ni mucho menos suficientes para una sobredosis.

– Suena a suicidio.

– Pero no hemos encontrado rastro del frasco de somniferos en su casa. Si tenia una receta, no compraba el medicamento en su farmacia habitual, y desde luego no la habia emitido su terapeuta.

– ?Iba al psiquiatra?

– Sufria una depresion leve. Encontre un frasco de Zoloft en su botiquin, y esta tarde he hablado con el medico.

– ?Lo consideraba el medico proclive al suicidio? -quiso saber Kate.

– No, pero tampoco le sorprendio del todo.

– O sea que te enfrentas a un autentico rompecabezas -comento Quinn.

– Por desgracia, nadie quiere saber nada. El caso esta cerrado, asi que me estoy rompiendo los cuernos por una victima a la que todo el mundo quiere enterrar. De hecho, ya estaria bajo tierra si no hiciera tanto frio.

Recogio las fotografias, se las guardo de nuevo en el bolsillo y dedico una sonrisa tristona a la pareja que tenia frente a el.

– Pero en fin, como no tengo nada mejor que hacer… No tengo vida privada ni nada.

– Pues te la recomiendo -repuso Quinn, guinando el ojo a Kate, quien le respondio con una mirada calida y llena de amor.

Kovac se levanto.

– Bueno, me largo antes de que os pongais en una situacion incomoda -exclamo.

– Me parece que el que esta incomodo eres tu, Sam -senalo Kate, incorporandose.

– Eso tambien.

Quinn y Kate lo acompanaron a la puerta. La ultima imagen que vio antes de que la puerta se cerrara tras el fue la de ambos entrando de nuevo en su hermosa casa abrazados, y aquello dolia, maldita sea, penso mientras ponia en marcha el coche.

Odiaba reconocerlo y habria deseado poder mentirse a si mismo, pero lo cierto era que habia estado medio enamorado de Kate Conlan durante casi cinco anos, y nunca habia hecho nada al respecto, porque nunca se habia permitido intentarlo. Quien nada arriesga, nada pierde. ?Que habria visto una mujer como ella en un tipo como el?

Nunca lo sabria, y esa realidad era como un punal clavado en lo mas hondo de su alma. No habia forma de rehuirla ahi sentado en la oscuridad. Nunca se habia sentido tan solo.

Sin previo aviso acudio a su mente el rostro de Amanda Savard. Hermosa, magullada, atormentada por algo que no podia ni empezar a imaginar… Queria convencerse de que no era mas que una pieza del rompecabezas, que solo era eso lo que le interesaba de ella, pero aquella noche no le quedaban mentiras. La verdad estaba expuesta ante el: la deseaba.

En las afueras, la noche parecia mas proxima a la tierra que en la ciudad. En teoria, la casa de Kate y Quinn pertenecia al municipio de Plymouth, pero estaba mas en el campo que en el suburbio. Se accedia a ella por una ignota carretera secundaria, y un pequeno lago rozaba su propiedad. Poca luz, aun menos trafico… No habia distraccion alguna que le permitiera escapar de los sentimientos que experimentaba aquella noche, sentado a oscuras en su coche.

A fin de cuentas, quiza tenia alguna ventaja que su vecino iluminara su jardin como un hotel barato de Las Vegas.

Вы читаете Sospecha
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату