Kovac la fulmino con la mirada cuando un grupo de personas se volvio para mirarlos.

– Eso explica por que no tienes ninguna a tu disposicion -continuo Liska-. Tienes que soltarte un poco, Sam, entrar en contacto con tu lado femenino.

– Si pudiera entrar en contacto con mi lado femenino, no necesitaria ninguna de esas… de esas… a mi disposicion.

– Buena observacion. Y ademas podrias tener tu propio programa de television, titulado El detective hermafrodita. Imagina los indices de audiencia. Podrias dejar de estar celoso de Ace Wyatt.

– No estoy celoso de Ace Wyatt.

– Ya, y yo soy Beethoven.

– A ti lo que te pasa es que te va el asistente -la pincho Kovac.

– ?Gaines? -exclamo Liska-. Por el amor de Dios, pero si es homosexual.

– ?Es homosexual o es que no esta interesado en ti?

– Es lo mismo.

Kovac se echo a reir.

– Tinks, eres demasiada mujer para el, en cualquier caso. Ese tipo es un capullo, y Ace Wyatt otro. Se merecen la mutua compania.

– Claro, siempre prestando servicios sociales, ayudando a la gente, trabajando con las victimas… Que cabron.

– Siempre rodeado de publicidad, siempre con promociones, todo ese dinero de Hollywood -replico Kovac, cenudo-. Ace Wyatt nunca ha hecho nada que no fuera en beneficio de Ace Wyatt.

– Salvo la vida a Mike Fallon.

– Y se convirtio en una leyenda.

– Claro, seguro que fue premeditado.

Kovac hizo una mueca de disgusto.

– Vale, hizo una cosa decente y desinteresada en su vida -concedio cuando salian al exterior helado e impregnado por el humo de los tubos de escape-, pero eso no significa que no sea un cabron.

– Los seres humanos son muy complejos.

– Si -asintio Kovac-, por eso los detesto tanto. Al menos con los psicopatas sabes a que atenerte.

Capitulo 19

El cambio de turno habia pasado, y Leonard ya se habia ido cuando llegaron a la oficina, lo cual les evito tener que dar parte del escaso exito obtenido con Chamiqua Jones. Liska contemplo y de inmediato descarto la idea de hacer unas llamadas desde su mesa. No podia desterrar de su mente la sensacion de que todo el mundo a su alrededor la observaba e intentaba escuchar lo que decia, solo porque las preguntas que debia hacer se referian a otros policias.

Siempre se habia considerado una mujer dura, capaz de manejar cualquier mision que le asignaran, pero habria preferido cualquier otro caso a aquel, con la excepcion del asesinato de un nino. No habia nada peor que llevar un caso de esas caracteristicas. Mientras recogia sus cosas y salia del despacho, se pregunto que haria si el camino del ascenso la llevaba a traves de Asuntos Internos. Elegir otro camino.

Paso mucho frio andando al aparcamiento Haaff, pues el viento le aguijoneaba las mejillas y las orejas. El trayecto en coche tampoco seria mucho mejor, porque no habia podido pedir hora en el taller. Lastima que la ventana rota redujera las posibilidades de que le robaran el trasto, ya que en tal caso, la compania de seguros le prestaria uno.

Vigilaba el aparcamiento el mismo empleado gordo de la ultima vez. El hombre la reconocio y agacho la cabeza, temeroso de atraer su atencion. Liska puso los ojos en blanco y deslizo la mano en el bolsillo para sentir el tacto tranquilizador de la porra. Habia contemplado la posibilidad de aparcar en otro lugar, pero por fin se habia obligado a regresar al escenario del crimen. Era como volver a subir a caballo, pero manteniendose alerta por si veia al agresor. Si tenia suerte, conseguiria superar el miedo y echarle el guante al mismo tiempo, aunque parecia improbable que el hombre misterioso aun merodeara por ahi, a menos que la hubiera elegido concretamente a ella.

No habian robado ni tocado nada, a excepcion del correo comercial…

El departamento habia dado instrucciones para que varios agentes patrullaran el aparcamiento por turnos. Con ese despliegue policial se pretendia ahuyentar a los indigentes, que con toda probabilidad se habian trasladado a la acera de enfrente para mear en los rincones del aparcamiento municipal de Gateway e intentar abrir las puertas de todos los coches en busca de alguna moneda.

El Saturn estaba estacionado de culo a medio camino de una fila casi desierta. La ventanilla de plastico seguia intacta, y nadie habia roto ninguna de las otras. Liska lo rodeo mientras miraba a su alrededor. Aquella planta del aparcamiento estaba sumida en el silencio y casi vacia. Subio al coche, cerro las puertas, puso en marcha el motor y la calefaccion, y saco el movil del bolso. Marco el numero del enlace de agentes gays y lesbianas mientras miraba la luz de advertencia encendida en el salpicadero.

Maldito coche. Tendria que plantearse cambiarlo. Tal vez en enero, siempre y cuando su economia sobreviviera a la Navidad. Podia tirar la casa por la ventana y comprarse un 4 x 4. Le iria bien el espacio para transportar a sus hijos, sus amigos y todos los trastos de hockey. Si lograba convencer a Speed para que le pagara lo que le debia…

– ?Diga?

– ?Es usted David Dungen?

– Si.

– David, soy la sargento Liska, de Homicidios. Si tiene un momento, me gustaria hacerle un par de preguntas.

– ?Sobre que? -pregunto el hombre tras una pausa cautelosa.

– Eric Curtis.

– ?Sobre el asesinato? Pero si el caso esta cerrado.

– Lo se, pero estoy investigando un asesinato relacionado.

– ?Ha hablado con Asuntos Internos?

– Ya sabe como son. No quieren abrir el saco y ademas no les gusta compartir informacion.

– Tienen sus motivos -los defendio Dungen-. Se trata de asuntos muy delicados, y no puedo dar informacion a cualquier persona que me la pida.

– No soy cualquier persona, soy detective de Homicidios. No quiero hacerle esas preguntas por curiosidad morbosa.

– ?Tiene algo que ver con otro caso?

– Sere sincera con usted, David.

Convenia usar el nombre de pila para granjearse amigos y convencerlos de que podian confiarte cualquier cosa.

– De momento voy dando palos de ciego, pero si consigo algo que presentarle a mi teniente…

– Deme su numero de placa -pidio Dungen tras una larga pausa.

– Se lo dare, pero no quiero que esto genere papeleo, ?entiende?

– ?Por que? -llego la pregunta despues de otro prolongado silencio.

– Porque a algunas personas no les gusta marear la perdiz, ya me entiende. Estoy investigando algunas cosas acerca de Curtis porque alguien me lo pidio como favor personal. No se si averiguare algo, y no puedo presentarme ante el jefe con un monton de conjeturas y presentimientos. Necesito algo mas real.

Esta vez, Dungen guardo silencio durante tanto rato que Liska temio que la conexion se hubiera interrumpido.

– ?Su numero de placa? -pregunto por fin.

Liska respiro hondo y exhalo un discreto suspiro de alivio. El olor a gas del tubo de escape era cada vez mas

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