tijeras de recortar papel.

– ?Esta el encargado?

– Soy yo. ?Vienen por lo del tio que siempre se esconde en los pasillos y ensena su cosa a las clientas?

– No.

– Pues deberian hacer algo al respecto.

– Lo pondre en mi lista de prioridades. ?Esta trabajando Chamiqua Jones?

– Si -asintio la chica con los ojos muy abiertos-. ?Que ha hecho? Nunca le ha ensenado un pene a nadie.

– Tenemos que hacerle algunas preguntas -explico Liska-, pero no esta metida en ningun lio.

Ojos de Gato les dedico una mirada esceptica, pero no hizo comentario alguno mientras los conducia hacia los probadores.

Chamiqua Jones era una joven de veintitantos anos, aunque aparentaba cuarenta y tantos. Tenia constitucion de barrilete, un voluminoso peinado crespado, y montaba guardia en los probadores, dirigiendo el trafico de potenciales clientes y ladrones.

– Por alli, carino -indico a una mujer antes de sacudir la cabeza y mascullar entre dientes en cuanto se alejo-: Que te crees tu que te va a caber ese culo gordo que tienes en esos pantalones.

Miro a Kovac y Liska, y de inmediato entro en uno de los probadores para recoger un monton de vaqueros que alguien habia dejado ahi tirados.

– Otra vez ustedes.

– Hola, Chamiqua.

– ?Por que viene a tocarme las narices en el trabajo, Kovac?

– Con lo que te he echado de menos, ?y me recibes asi? Pero si tengo la impresion de que ya somos viejos amigos.

– Lo unico que conseguira es que me maten -declaro Jones sin sonreir.

– ?Sigues sin tener nada que decir sobre Nixon? -inquirio Liska.

– ?El presidente? Pues no, nada. En aquella epoca ni siquiera habia nacido. Tengo entendido que era un criminal, pero todos lo son, ?no?

– Unos testigos te vieron en el lugar del asalto, Chamiqua.

– ?Se refiere al idiota del taxista? -replico mientras llevaba los vaqueros a una mesa-. Miente. En mi vida he visto un asalto, ya se lo dije la ultima vez.

– ?No viste a un hombre abalanzarse sobre Nixon y atizarle con una barra de hierro?

– No, senora. Lo unico que se de Wyan Nixon es que da muy mal rollo, sobre todo a mi.

Doblo los vaqueros con movimientos rapidos y seguros. Tenia manos pequenas, de dedos cortos y piel tensa que recordaban a Kovac aquellos globos con forma de animales. Desvio la mirada hacia un joven bajo y fornido tocado con una cenida gorra de spandex que mas bien parecia un condon para la cabeza. Kovac no lo habia visto antes, pero era evidente que era un saco de musculos, noventa kilos de mala leche sociopatica. Debia de contar dieciseis o diecisiete anos, aunque no era un nino. Estaba de pie junto a un expositor de forros polares, haciendolo girar sin ver nada, pues no perdia de vista a Chanuqua Jones.

– Estoy muy ocupada -dijo la chica antes de abrir un probador con una llave que llevaba colgada de una pulsera verde fosforito en la muneca.

Kovac dio la espalda al musculitos.

– Podemos darte proteccion -aseguro.

– ?Proteccion? -bufo Chamiqua-. ?Piensa enviarme a una mierda de motel en Gary, Indiana? ?Esconderme alli? -Meneo la cabeza al tiempo que se dirigia a la mesa para recoger otro monton de prendas-. Soy una persona decente, Kovac. Tengo tres trabajos, estoy criando a tres ninos muy buenos, y quiero vivir al menos hasta que acaben la escuela, si no le importa. Que Wyan Nixon se las arregle como pueda, que yo hare lo mismo.

– Si se lo propone, el fiscal del distrito puede acusarte de complicidad -advirtio Liska para ver si pescaba algo-. Obstruccion a la justicia, negativa a cooperar…

Jones extendio las manos y echo otro rapido vistazo a Cabeza Condon.

– Pues esposeme y saqueme de aqui. No tengo nada que decir sobre Wyan Nixon ni Deene Combs. No vi nada.

– Otro dia sera -denego Kovac-. Hasta la vista, Chamiqua.

– Espero que no.

– Nadie me quiere hoy -se quejo Kovac.

Liska saco una tarjeta y la dejo sobre el monton de vaqueros doblados.

– Llamanos si cambias de opinion.

Jones rompio la tarjeta mientras se alejaban.

– No se lo reprocho -mascullo Kovac entre dientes al tiempo que lanzaba una mirada furiosa a Cabeza Condon.

– Intenta proteger a sus hijos -anadio Liska-. Yo haria lo mismo. De todos modos, no podria encerrar a Deene Combs. Sabes perfectamente que no apaleo personalmente a Nixon. Aunque solo delatara a un capullo como ese que la vigila, se la cargarian, ?y de que serviria? Hay muchos mas como el haciendo cola.

– Exacto. En fin, dejemoslo. No es mas que un cabron que ha dado una paliza a otro cabron, asi que, un cabron menos en la calle durante un tiempo. ?A quien le importa? A nadie.

– A alguien le tiene que importar -puntualizo Liska-. A nosotros.

Kovac la miro.

– ?Porque somos lo unico que se interpone entre la sociedad y el caos?

– Por favor -espeto Liska con una mueca-. Porque nuestro indice de resolucion de casos cuenta mucho a la hora de ascender. Que le den por el culo a la sociedad. Tengo dos hijos que mantener.

Kovac lanzo una carcajada.

– Liska, siempre consigues poner las cosas en su justa perspectiva.

– Alguien tiene que evitar que te pongas taciturno.

– Nunca me pongo taciturno.

– Siempre te pones taciturno.

– No me pongo taciturno, es que soy un amargado -la corrigio Kovac.

En aquel momento pasaban delante del Rainforest Cafe, cuyos altavoces emitian sonidos de rayos y truenos, mientras uno de los loros vivos que tenian chillaba como un poseso en su jaula. La gente hacia cola para verlo.

– No es lo mismo -aseguro Kovac-. Las personas taciturnas son pasivas, mientras que los amargados somos muy activos. Es como tener un hobby.

– Todo el mundo necesita un hobby -convino Liska-. El mio es ser una mercenaria en busca del dinero facil.

Giro hacia la entrada de Sam Goody, donde un Ace Wyatt de carton de tamano casi natural rodeaba con un brazo protector una caja llena de cintas de video que llevaban por titulo Accion positiva: consejos profesionales de un policia para no convertirse en una victima. Liska se puso las gafas de sol y poso junto a la imagen del capitan.

– ?Que te parece? ?Quedamos bien juntos? -pregunto con una sonrisa de oreja a oreja-. ?No crees que necesita una companera mas joven para ampliar su audiencia? Incluso me pondria biquini si hiciera falta.

Kovac contemplo enfurrunado al capitan de carton.

– ?Por que no te limitas a pedir trabajo en el topless de la tercera planta? O tambien podrias dedicarte a hacer la calle en Hennepin Avenue.

– Soy mercenaria, no prostituta. Hay una gran diferencia.

– No, senora.

– Si, senor, porque los mercenarios no usan vagina.

– Joder, Tinks -mascullo Kovac, sintiendo que se ruborizaba-. Lo tuyo no tiene nombre.

– ?A que te refieres? -pregunto Liska con una carcajada-. ?A mi lengua o a mi batalla en apariencia infatigable por progresar?

– A mi me ensenaron a no hablar de… de estas…

Kovac se ruborizo aun mas mientras echaban a andar de nuevo.

– ?De vaginas?

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