– Pues volved a hablar con ella. Es la clave; sabemos que sabe algo.
– Es un callejon sin salida -aseguro Kovac-. Se llevara el secreto a la tumba.
– Si Nixon no delata a ese tipo, Chamiqua Jones no lo hara en su lugar -observo Liska.
Leonard la miro con el ceno fruncido.
– Volved a hablar con ella. Id hoy mismo a donde trabaja. No quiero que esos chorizos crean que pueden salirse con la suya.
Kovac se volvio hacia Liska, que con la mirada fija en el suelo se puso bizca. La conclusion logica a extraer del caso Nixon era que Wyan Nixon habia estafado a su jefe, Deene Combs, en una transaccion de drogas de poca monta, y que dicho jefe habia ordenado que le propinaran una paliza para que sirviera de ejemplo a los demas, pero nadie estaba dispuesto a soltar prenda, ni siquiera el propio Nixon. El fiscal del condado, deseoso de aplicar una linea mas dura contra los traficantes, habia prometido que el condado presentaria cargos si Nixon no lo hacia, pero sin testigos no habia caso, y el taxista no habia visto lo suficiente para proporcionar una descripcion detallada del asaltante.
– Es un agujero negro -insistio Kovac-. Nadie va a testificar, asi que, ?para que seguir adelante?
Leonard volvio a fruncir el ceno.
– Es tu trabajo, Kovac.
– Ya se cual es mi trabajo.
– ?En serio? Tengo la sensacion de que te has dedicado a redefinir sus parametros.
– No se de que me hablas.
– El caso Fallon esta cerrado, asi que dejalo.
– ?Sabes lo de Mike?
Kovac lanzo la pelota con efecto al tiempo que se preguntaba quien lo habria delatado a Leonard. Apostaba a que habia sido Savard. La teniente no queria ni verlo, no queria que se acercara demasiado a ella, amenazando con derribar los muros que con tanto cuidado habia construido a su alrededor. A Wyatt le importaba un comino lo que sucedia en el pequeno mundo de Kovac; lo unico que le importaba era llegar a tiempo a su siguiente aparicion publica.
– ?Lo de su suicidio? -replico Leonard con expresion desconcertada.
– No se si se ha suicidado.
– Se pego un tiro en la boca.
– Eso parece.
– Hay algunos puntos oscuros, teniente -tercio Liska-. La posicion del cadaver, por ejemplo.
– ?Insinua que es un asesinato disfrazado de suicidio?
– Quiza no disfrazado, pero si es una situacion un poco extrana. Ademas, no dejo ninguna nota.
– Eso no significa nada. Muchos suicidas no dejan nota.
– El hijo mayor esta lleno de resentimiento… y tiene antecedentes.
– Quiero indagar un poco -anuncio Kovac-. Puede que Mike se suicidara, pero ?y si no es asi? No se merece que dejemos correr el asunto porque el suicidio es la respuesta mas sencilla.
– A ver que dice el forense -accedio Leonard a reganadientes.
No le hacia ni pizca de gracia la posibilidad de que un caso claro se convirtiera en un rompecabezas, sobre todo aquel caso, al que Wyatt y los demas peces gordos prestaban especial atencion.
– Entretanto, id a ver a Chamiqua Jones. Hoy mismo. Quiero que el fiscal del distrito deje de presionarme por lo de Nixon.
– Preferiria que me marcaran con un hierro candente a ir al Mall of America en la epoca navidena.
Kovac miro un momento a Liska mientras conducia el Caprice entre el trafico que llenaba la 494 en direccion este.
– ?Que se ha hecho de tu espiritu consumista?
– Agonizando por falta de oxigeno en las profundidades de mi cuenta bancaria. ?Tienes idea de lo que los chavales de hoy en dia piden por Navidad?
– ?Armas semiautomaticas?
– R. J. me ha dado una lista que parece el inventario de Toys R'Us
– Mira el lado bueno; al menos no te la ha enviado desde el reformatorio.
– El que dijo que cuesta un millon de dolares criar a un hijo hasta que acaba la universidad no tuvo en cuenta la Navidad.
Kovac cambio de carril para adelantar a un Geo de color verde moco que iba a ochenta, conducido por un tipo medio calvo con los nudillos blancos de tanto apretar el volante. Tenia matricula de Iowa.
– Granjeros -refunfuno Kovac-. No saben conducir si no es en carreteras rodeadas de campos de maiz.
Acto seguido cruzo dos carriles a toda velocidad para tomar la salida que queria. Por lo general, su forma de conducir provocaba mordaces comentarios de Liska, pero en ese momento guardo silencio, por lo visto absorta en pensamientos sobre las fiestas que se avecinaban.
Kovac recordaba la primera Navidad despues de que su primera mujer lo dejara. Habia enviado regalos a su hija. Peluches, una muneca de trapo, cosas asi, regalos que esperaba gustaran a una nina pequena. Sin embargo, las cajas le habian sido devueltas sin abrir Llevo los regalos a Toys for Tots para la campana de donacion de juguetes y luego salio a emborracharse para olvidar. Acabo enzarzado en una pelea con un Papa Noel del Ejercito de Salvacion delante del ayuntamiento, por lo que lo suspendieron durante treinta dias sin sueldo.
– Es tu hijo -dijo a Liska-. Regalale algo que le haga muchisima ilusion y deja de quejarte. No es mas que dinero.
Liska lo miro con fijeza.
– ?Que es lo que mas ilusion le hace? -pregunto Kovac, incomodo por el escrutinio de su companera.
– Que Speed y yo volvamos a estar juntos.
– Joder, ?y hay alguna posibilidad de que eso pase?
Liska hizo una pausa un poco demasiado larga mientras enfilaban la rampa este del inmenso centro comercial. Kovac se volvio hacia ella.
– ?Acaso se ha congelado el infierno? -espeto Liska a la defensiva-. ?Me he perdido algo durante estos anos?
– Es un capullo.
– Eso ya lo se.
– Solo te lo recuerdo.
Kovac aparco y memorizo la planta y el numero de fila. Su coche ocupaba una de las 12.750 plazas del centro, de modo que no era cuestion de perderse al volver.
El Mall of America era un laberinto de ratas gigantesco y elegante de cuatro plantas, cuyos amplisimos pasillos se llenaban de seres humanos freneticos que iban de tienda en tienda. Es el centro comercial mas grande de Estados Unidos, con quinientas tiendas y 232.000 metros cuadrados de superficie comercial, pero aun asi no hay suficientes establecimientos para que todo el mundo encontrara el regalo perfecto y pudiera devolverlo dos dias despues de Navidad. Cosas de la naturaleza humana.
El estruendo procedente del parque de atracciones que ocupa el corazon del centro comercial era incesante. El retumbar sordo de la montana rusa, el rugido de la cascada de agua aderezado con los chillidos de los clientes. Un coro de instituto montaba gradas delante de los grandes almacenes Macy's. Los chicos trabajaban mientras las chicas se escapaban a mirar el escaparate de Lerner's sin hacer caso de las ordenes de su directora.
Pasaron ante el Imagination Center de Lego, una tienda de tres pisos con un campanario de ocho metros construido con piezas de Lego, un inmenso dinosaurio Lego, una estacion espacial Lego y un globo Lego creado con 138.240 piezas de Lego suspendido del techo.
Kovac entro en Old Navy y contemplo esceptico la exposicion de pantalones de chandal, camisetas y espantosos chalecos acolchados.
– Mira esto -resoplo.
– Moda de los setenta -comento Liska-. Camisetas estilo «toda mi ropa ha encogido al lavarla pero la llevo igualmente».
La dependienta a la que Kovac mostro su placa era una chica que llevaba un anillo en el labio, gafas de montura gatuna y el cabello granate cortado como si un crio de cinco anos se hubiera ensanado en el con unas
