Kovac la agarro por detras en un intento de apartarla de Pierce. Su cuerpo era firme y fuerte, era alta y la poseia una rabia sobrehumana.
Pierce no intento defenderse. La sangre le corria en varios regueros por la cabeza. Se la enjugo con los dedos y se pinto con ella la mejilla.
– ?Yo te queria! ?Te queria! -siguio chillando Jocelyn, al borde de la incoherencia-. ?Por que se lo has contado? Yo podria haberlo arreglado todo.
De repente su furia se disipo, y la joven se desmorono entre sollozos. Kovac la condujo hasta una silla y la ayudo a sentarse. Incapaz de sostenerse, resbalo al suelo y se aovillo, asestando punetazos a la silla.
– Podria haberlo arreglado todo. Podria haber…
Kovac se inclino y le quito el candelabro mientras la sangre de su propia herida le manchaba el jersey de cachemira azul celeste.
– Creo que tiene usted razon, sargento -musito Pierce, mirandose la mano ensangrentada-. Sin duda es mas facil ser infeliz solo.
El vecino habia logrado encontrar un metro cuadrado disponible en su jardin para anadir otro adorno a la fiesta, un marcador luminoso que contaba las horas y los minutos que faltaban hasta la llegada de Papa Noel.
Kovac se lo quedo mirando durante un rato, fascinado por los numeros que iban cambiando, preguntandose que sancion le impondrian si lo detenian por destruccion de una propiedad privada. ?Cuantos iconos luminosos y estridentes consagrados a la sobrecomercializacion de las fiestas podia destruir antes de rebasar la frontera entre falta y delito? ?Podria declararse culpable de un crimen menor y conservar la placa?
Finalmente decidio que no tenia fuerzas para el vandalismo y se limito a entrar en casa. Seguia tan vacia como antes, salvo por el hedor de la basura que deberia haber sacado por la manana.
Hogar, dulce hogar.
Se quito el abrigo, lo echo sobre el respaldo del sofa, y fue al bano de la planta baja para asearse y evaluar los danos. El corte que tenia sobre el ojo izquierdo ofrecia un aspecto tremendo, una costra manchada de sangre seca. Deberia haber ido a urgencias para que se lo curaran, pero no lo habia hecho. Se lo limpio con un pano entre muecas de dolor, pero por fin desistio, se lavo las manos y se tomo tres analgesicos.
Fue a la cocina, abrio el frigorifico, saco un bocadillo de albondigas a medio comer y lo olisqueo. Mejor que la basura…
Bocadillo en mano, se apoyo contra el mostrador y escucho el silencio mientras repasaba mentalmente la escena acaecida en casa de Pierce. Jocelyn Daring, loca de rabia, dolor y celos, cruzando la estancia como una exhalacion.
Te dije que no hablaras con el… ?Por que se lo has contado?… Yo te queria. Te queria.
?Por que se lo has contado?
Extrana frase, penso Kovac, como si la homosexualidad de Pierce fuera un secreto que Jocelyn ya conociera, pese a que Pierce no se lo habia contado ni tenia intencion de contarselo.
Recordo la noche en que la conocio, su actitud hacia Pierce, tan posesiva y protectora, la expresion cautelosa cuando le pregunto si conocia a Andy Fallon.
Eso es lo que quiere Joss, un muneco Ken de tamano natural para vestirlo, sacarlo a pasear y fingir…
Era una mujer excepcionalmente fuerte. Aun ahora le dolian los biceps por el esfuerzo de retenerla. Con aire pensativo, se llevo el bocadillo a la boca para darle un bocado, pero su busca sono antes de que pudiera verificar si contraeria o no salmonella. La pantalla mostraba el numero del movil de Liska. Marco su numero y espero.
– Casa del Dolor. Servicio a domicilio.
– Si, hola, quiero otro golpe en la cabeza y de postre una patada en los dientes.
– Lo siento, pero no tenemos tiempo para divertirnos. Pero te voy a alegrar el dia. Deene Combs ha movido ficha. Una hija de Chamiqua Jones ha muerto.
Capitulo 28
– ?Que te ha pasado? -inquirio Liska con el ceno fruncido en cuanto Kovac bajo del coche.
– Una mujer enfadada.
– No tienes mujer que se enfade contigo.
– ?Y por que iba a limitar eso mis posibilidades de sufrimiento? -replico Kovac mientras recorria el lugar con la mirada.
Chamiqua Jones vivia en un barrio degradado, de destartaladas, casas monstruosas construidas a principios de siglo y mas tarde divididas en pisos. Sin embargo, no era un barrio marginal. Las familias que vivian alli eran pobres, pero en su mayoria hacian cuanto estaba, en su mano por ayudarse unas a otras. Sus peores enemigos no eran los suburbios blancos, sino las bandas y los traficantes de crack.
Precisamente por ese motivo, penso Kovac cuando se dirigian, hacia el grupo de policias y tecnicos forenses.
Junto a un monticulo de nieve yacia un cuerpo pequeno y cubierto con una manta. El monticulo de nieve sucia aparecia salpicado de sangre. Chamiqua Jones estaba algo apartada, gritando, gimiendo y meciendose mientras amigos y vecinos intentaban consolarla.
– Los ninos estaban jugando en la nieve -explico Liska-. Segun uno de ellos, un coche con tres o cuatro matones se paro junto a ellos, asomo la cabeza por la ventanilla y grito el nombre de Jones. Cuando vio quien reaccionaba, disparo a la nina una vez en la cara y dos en el pecho.
– Joder.
– No es un mensaje demasiado sutil que digamos.
– ?Quien lleva el caso?
– Tom Michaels.
Al oir su nombre, Michaels dejo la conversacion que estaba sosteniendo con uno de los agentes y se acerco de inmediato a ellos. Era un tipo robusto y nervioso que llevaba el cabello fijado con kilos de gomina para contrarrestar el hecho de que aparentaba unos diecisiete anos, aunque no lo conseguia. Era un buen policia.
– Sam, sabia que tu y Liska llevabais el caso Nixon -empezo-, asi que imagine que querriais estar al corriente de esto.
– Gracias… supongo -dijo Kovac-. ?Han identificado al asesino?
Michaels hizo una mueca.
Respuesta: claro que no, ni tampoco lo identificarian. La hija de Jones habia muerto porque a su madre le habian pedido que testificara contra uno de los sicarios de Deene Combs. Las cabezas visibles del barrio exigirian justicia con grandes aspavientos e instarian a los ciudadanos a alzarse y luchar, pero nadie haria nada. No despues de aquello. ?Y quien podia echarselo en cara?
– ?Se lo dije!
El grito les hizo volver la cabeza. Chamiqua Jones corria hacia ellos, la mirada clavada en Kovac, los ojos llenos de lagrimas, dolor y furia. Lo senalo con un dedo enguantado.
– ?Le dije que conseguiria que me mataran! ?Mire lo que han hecho! ?Mire lo que han hecho! ?Han matado a mi nina! ?Han matado a mi Chantal! ?Como va a ayudarme ahora, Kovac?
– Lo siento, Chamiqua -murmuro Kovac, sabedor de lo absurda que sonaba aquella disculpa.
La mujer los fulmino a ambos con la mirada. -?Que lo siente? ?Mi nina esta muerta! Le dije que me dejara en paz, pero no, insistio en seguir. Testifica, Chamiqua, me dijo. Cuenta lo que viste o meteremos tu culo negro entre rejas, me dijo. Le dije lo que pasaria. ?Se lo dije!
Golpeo a Kovac en el pecho con ambos punos. Kovac se lo permitio. Al poco, Chamiqua se aparto, furiosa porque los golpes no le habian servido de nada.
– ?Le odio! -chillo.
Kovac guardo silencio. A Chamiqua Jones no le interesaba escuchar que se sentia fatal y que deseaba que aquello no hubiera ocurrido. No le perdonaria ni lo absolveria por hacer su trabajo, por seguir ordenes. No la
