– ?No me reconoces? -dijo aquella voz-. Soy Jurgens.
Trago saliva.
– Oiga, escuche… Baje la pistola y deje que le diga algo…
– Soy tu muerte, Carter.
– Escuche… «Jurgens» es una clave… -Carter trataba por todos los medios de no apresurarse, de pronunciar cada palabra con exquisita claridad y calma-. Por Dios, ?no lo recuerda? «Jurgens» es la clave que usamos en Eagle para indicar que algo debe ser solucionado por cualquier medio… ?No es una
Pero la horrible mueca que vio en la cara de Harrison le hizo saber que no le escuchaba.
– ?Es que no me ves? -Harrison gruno con aquella voz forzada-. ?Mira mis ojos, Carter…! ?Mira mis ojos…!
Y disparo.
Victor hablaba atropelladamente a su espalda.
– Debe de ser una imagen del pasado… Hay… signos de apertura de cuerdas temporales, ?verdad?
Se trataba de un paisaje campestre, pero evidentemente no era Nueva Nelson. En el margen derecho parecia discurrir un rio pequeno. En la parte superior, sobre unas piedras, al pie de un arbol (pero no cubiertos por este), habia tres pequenas siluetas blancas y en la inferior una grande y oscura. Pese a las irregularidades producidas por el Tiempo de Planck, Elisa reconocio en la silueta grande a un hombre corpulento, de pie junto a la orilla del riachuelo. En la mano llevaba algo que ella no distinguia (?un sombrero?, ?una gorra?), y junto a el, sobre la hierba, una vara larga y una especie de cesta le hicieron pensar en utiles de pesca.
Las otras tres figuras poseian tamanos y complexiones diferentes. Elisa dirigio el
A juzgar por el cabello de una, largo y negro, podia tratarse de una nina. La nina y uno de los ninos aparecian en un color sepia uniforme, lo cual indicaba que podian estar desnudos. El otro chico llevaba ropa, pero escasa, quiza camiseta y pantalon corto, Elisa no podia estar segura. Ademas, no era su vestuario lo que le llamaba la atencion, sino su postura: semejaba haber caido sobre las rocas. Tenia los pies mas elevados que la cabeza, como si la foto hubiese sido hecha en el momento de caer. Y el gesto de los brazos de su companero indicaba… Elisa lo comprendio de repente.
– Uno de los chicos parece haber empujado al otro… Debe de ser un recuerdo de Ric.
Sus pensamientos eran un torbellino. De repente las cosas empezaban a encajar con la personalidad del Ric Valente que ella habia conocido.
– ?Un recuerdo de…? -murmuro Victor junto a su oido. El cambio que advirtio en su tono de voz hizo que Elisa dejase un instante de mirar la pantalla para observarle. El rostro de Victor presentaba una abrumadora palidez. En los sucios cristales de sus gafas se reflejaba la pantalla del ordenador, y Elisa no podia verle los ojos.
De pronto ella misma creyo recordar una remota conversacion.
Volvio a mirar a la pantalla y se fijo en otra cosa: la imagen del chico caido sobre las rocas era menos nitida que las demas. Parecia haber sombras rodeandola.
Sombras.
Notaba la boca seca, y pulsaciones febriles en las sienes. Sus ojos se dilataron.
Se volvio lentamente, pero Victor ya no estaba junto a ella: habia retrocedido temblando hacia la pared y la expresion de su rostro era la de aquel que comprueba, de manera inequivoca, que no hay otra vida mas alla de la tumba.
– Matame, Elisa -sollozo-. Te lo suplico… Yo no… no podria hacerlo. Matame tu, por favor…
– No…
Victor dejo de implorar para lanzar un grito donde se mezclaban el terror y la decision:
– ?Elisa! ?Hazlo antes de que
Ella siguio negando con la cabeza sin decir nada, solo negando.
En ese instante la puerta se abrio.
Al principio Elisa no reconocio a Harrison: tenia sangre en las manos y la ropa y su rostro se hallaba desencajado, rojizo, con los ojos fuera de las orbitas.
– Miralo… -Apuntaba a Victor con la pistola, pero se dirigia a ella. En las comisuras de sus labios destellaba la espuma-. Miralo morir, puta.
– ?No! -grito Elisa, al tiempo que otra voz en su interior gritaba, desesperada:
Su grito quedo sofocado por el repentino zumbido de los aparatos a su alrededor. El suelo parecio vibrar como ante la llegada de un seismo. De la pantalla de los ordenadores saltaron chispas y un olor acre lleno el aire.
Tras unos cuantos segundos de sorpresa, Harrison disparo.
Y todo ceso.
Fue como si se quedara sorda. Sin embargo, lanzo un grito y se oyo a si misma. Tambien sentia la silla junto a sus nalgas, y palpaba la mesa y el teclado.
Victor y Harrison seguian en la misma posicion, el primero aguardando la bala y el segundo apuntandole, pero sus figuras habian cambiado: un corte longitudinal atravesaba las mejillas de Victor de lado a lado y todo su vientre era un hueco rojizo por el que se vislumbraba la columna vertebral; Harrison habia perdido parte de un brazo y las facciones.
Y en medio de ambos, casi en el punto central, un insecto paralizado. Elisa lo contemplo horrorizada.
Retrocedio y empujo la silla sin lograr moverla. Al apoyar los dedos en las teclas del ordenador ninguna se hundio, como si se tratara de rugosidades simetricas labradas en una piedra. Algo en ella tambien era distinto: estaba desnuda por completo.
El sudor le cubrio la cara.
Sabia donde se encontraba. Sabia en manos de
Seguia estando en la sala de control, pero con ciertas diferencias. Era como una habitacion decorada por algun artista del surrealismo. En la pared de su derecha habian aparecido extranas aberturas en forma de elipse a traves de las cuales podian divisarse las alambradas y la playa. De alli venia la luz. Todo lo demas era oscuridad.
Y sentia algo mas. No hubiese sabido decir como, porque no lo veia, pero lo percibia de alguna forma.
Su mente, abrumada por el panico, se disgrego: parte de sus pensamientos racionales flotaron hacia la superficie y se mantuvieron coherentes y observadores; el resto se hundio en las profundidades de su ser mas indefenso, en el recuerdo de sus terrores y fantasias de los ultimos anos.
Se acerco a la pared que daba al exterior mientras lo miraba todo con aquel sentimiento dual de horror maravillado.
