Ella asintio sabiendo lo que el queria decir.
Se separaron alli mismo, y Blanes, impulsivamente, la abrazo. Entonces se aparto un poco para poder mirarla a los ojos mientras hablaba.
– Zigzag es un simple error, Elisa, estoy seguro. Un error en el papel, no una criatura maligna. -De repente le sonrio, y su voz le recordo a ella la del profesor que tanto habia admirado-: Ve y corrige ese maldito error de una vez.
«La prioridad es detener a Zigzag»: Harrison no podia estar mas de acuerdo con Blanes en esa opinion. En cambio, el cientifico se equivocaba gravemente al afirmar que no era un ser maligno.
Claro que lo era. A el le constaba. El mayor mal que jamas habia hollado la faz de la Tierra. El verdadero y unico Diablo. Se incorporo con cierta dificultad -los anos empezaban a pesarle-, guardo el auricular en la chaqueta y le dijo a Jurgens que podia plegar la pequena antena del microfono direccional con el que habian estado oyendo la conversacion a cien metros de distancia, junto a las palmeras. Su idea de enviar a los soldados a rastrear la isla y aguardar cerca de la estacion con el microfono preparado habia dado resultado.
– Nuestra desventaja es que los sabios son ellos -comento mientras observaba la armonica mancha que, a lo lejos, era Elisa para el: su ropa era tan escasa que desde aquel punto casi le parecia desnuda-. Pero nuestra ventaja es
Jurgens se mostro de acuerdo. Harrison se volvio y lo miro. Al aterrizar en Nueva Nelson le habia ordenado que aguardara oculto en la playa hasta que llegara el momento oportuno, el momento de utilizar sus extraordinarias cualidades.
Y ese momento habia llegado.
– Vas a entrar en los barracones. Daras un rodeo para que Blanes no te vea y mataras a Blanes y a Carter ahora mismo. Luego esperaremos a que los otros obtengan lo que buscan, y cuando lo hagan, mataras a Lopera delante de la profesora. Quiero que ella lo vea. A ella la encerraras en uno de los cuartos y la interrogaremos. Necesitamos obtener el informe. Tenemos todo el dia, hasta que venga la delegacion, tu y yo, para hacerla hablar… Sera un rato interesante. Manana a primera hora no debe quedar ningun cientifico con vida…
Mientras Jurgens se alejaba despaciosamente para cumplir la orden, Harrison respiro hondo y observo el mar, las nubes deshaciendose, el sol abriendose paso con debiles rayos. Por primera vez en mucho tiempo se sentia feliz.
Junto a Jurgens, ni siquiera tenia miedo de Zigzag.
IX ZIGZAG
Dios mio, ?que hemos hecho?
ROBERT A. LEWIS,
copiloto del Enola Gay,
el avion que arrojo
la bomba sobre Hiroshima.
33
Se hallaba recostado de espaldas. De vez en cuando abria los ojos y observaba la luz crecer en el sucio ventanuco envuelta en un rumor cada vez mas tenue de lluvia. Calculaba que debian de ser cerca de las diez de la manana, pero no podia saberlo con exactitud, porque su reloj-ordenador carecia de pila: se la habia quitado aquella noche fiandose del cientifico, que le habia asegurado que de esa forma evitarian un nuevo ataque.
Pobre imbecil.
Lo habian encerrado en una de las habitaciones del tercer barracon, bajo la custodia de un soldado: podia ver el borde del casco a traves de la mirilla de la puerta. Se encontraba todo lo bien que le permitian las circunstancias, despues de los «saludos» recibidos durante el arresto (le sangraban la nariz y la boca). Lo habian detenido dos jovenes militares mas aturdidos que el en el interior de la sala de proyeccion, mientras los cientificos lanzaban gritos desgarradores. Claro esta, se habia rendido de inmediato.
Ahora Paul Carter se preguntaba cosas sobre su futuro.
No se hacia muchas ilusiones: sabia que Harrison lo mataria, antes o despues. Eso si tenia suerte. Si no, lo mataria Zigzag. La cuestion no era que, sino
Penso en trazar un plan, porque, aunque se sentia capaz de soportar la clase de muerte que le tuviese reservada Harrison, no le ocurria igual con la de Zigzag.
A lo largo de su vida creia haber visto todo cuanto un ser humano podia hacerle a otro, y sabia que las posibilidades eran mas numerosas que los malos pensamientos. Sin embargo, Zigzag sobrepasaba cualquier limite, cualquier experiencia.
No habia mentido a Harrison cuando este se lo pregunto: ignoraba la mayor parte de las cosas relacionadas con Zigzag. Por mucho que habia escuchado la explicacion de Blanes, desdoblamientos y energias se le antojaban como hablar esperanto; solo los cientificos podian conocer lo que ellos mismos habian creado. Tampoco habia mentido al afirmar que habia traicionado a Eagle por miedo: quien pensase que tipos como el estaban exentos de sentir temor, incluso mucho temor, se equivocaban.
Y desde que habia entrado en la sala de proyeccion
Todo lo habia visto a la luz de las cerillas que el cura le habia escamoteado: las sillas y la pantalla destrozadas; sangre por las paredes y el suelo, como tras una explosion; el rostro de la mujer, o la mitad del craneo, o lo que fuese, tirado como una mascara a sus pies; segmentos de su cuerpo rodeandolo… Sabia que aquello no era la obra de un loco, ni un crimen producido cinco minutos antes, sino la labor pausada, metodica, de alguna clase de criatura mas alla de lo racional. Estaba tentado de creer en los demonios.
Por si fuera poco, los cientificos aseguraban, con sus complicadas teorias, que aquel demonio podia proceder de el mismo. Eso le hacia temer, no ya solo por su vida sino por la de Kamaria y Saida, su mujer y su hija. ?Quien sabia lo que podia ocurrirles si el sobrevivia?
Lo mejor era morir cuanto antes. O intentar huir. Escapar de Zigzag y de Harrison, si es que era posible escapar de ambos, y si -pensar esto le helaba la sangre- se trataba de amenazas
Porque cada vez estaba mas seguro de que Harrison se habia vuelto loco.
Y era Zigzag quien lo habia enloquecido. 104 segundos.
Se encontraba inquieto, pero no sabia bien por que.
