dulzura:
– Puedo no serlo, pero hay gente peor, no lo olvide…
– Quiza, pero estan bajo sus ordenes.
– Elisa… -tercio Blanes.
– Oh, no hay ningun problema… -Harrison se comportaba como un adulto que quisiera demostrar que jamas podria ofenderse por las palabras de un nino-. La profesora y yo mantenemos una relacion… especial desde hace anos… Ya nos conocemos. -Se aparto de ella y cerro los ojos. Por un instante el sonido de la lluvia en la ventana le hizo pensar en sangre derramada. Abrio los brazos-. Supongo que estaran hambrientos y cansados. Pueden comer y reposar ahora, si quieren. Mis hombres rastrearan la isla palmo a palmo. Encontraremos a Valente, si es que se encuentra en algun lugar… «encontrable». -Rio brevemente. Luego miro a Blanes como un vendedor miraria a un cliente selecto-. Si nos entrega un informe sobre lo sucedido, profesor, olvidaremos todas las faltas. Se por que regresaron aqui, y por que huyeron, y lo comprendo… Eagle Group no presentara cargos contra ustedes. De hecho, no estan arrestados. Intenten relajarse, den un paseo… si es que les apetece con este tiempo. Manana llegara una delegacion cientifica, y cuando ustedes les comenten sus conclusiones podremos irnos a casa.
– ?Que pasara con Carter? -pregunto Blanes antes de que Harrison saliera.
– Me temo que vamos a ser menos amables con el. -En la humeda chaqueta color crudo de Harrison la tarjeta con el logotipo de Eagle Group lanzaba destellos-. Pero su destino final no esta en mis manos. El senor Carter sera acusado, entre otras cosas, de haber cobrado por un trabajo que no ha hecho…
– Intentaba protegerse, como nosotros.
– Tratare de poner algo en el otro platillo cuando lo lleven a juicio, profesor, no puedo prometerle mas.
A un gesto de Harrison, los dos soldados que habia en la habitacion lo siguieron. Cuando la puerta se cerro, Elisa se despejo el cabello de la cara y miro a Blanes.
– ?Que clase de informe vas a emitir? -estallo-. ?Es que no entiendes lo que quiere? ?Van a convertir Zigzag en el arma del siglo veintiuno! ?Soldados que maten al enemigo a traves del tiempo, cosas asi! -Se levanto y golpeo la mesa con los punos-. ?Para eso te servira la muerte de Jacqueline? ?Para hacer un puto informe?
– Elisa, calmate… -Blanes parecia impresionado por su furia.
– ?A ese viejo hijo de puta le bailaban los ojos pensando en el plato que manana va a entregar a la delegacion cientifica! ?A ese cabron repugnante y baboso…! ?A ese miserable hijo de puta, viejo repulsivo…! ?Es a el a quien vas a ayudar? -El llanto la arrojo de nuevo a la silla, la cara oculta entre las manos.
– Creo que exageras, Elisa. -Blanes se levanto y entro en la cocina-. Obviamente, quieren conocer las claves, pero estan en su derecho…
Elisa dejo de llorar. De repente se sentia demasiado cansada, incluso para eso.
– Hablas como si Eagle fuera un grupo de asesinos a sueldo -continuo diciendo Blanes desde la cocina-. No saquemos las cosas de quicio. -Tras una pausa agrego, cambiando de tono-: Harrison tiene razon, los enchufes estan carbonizados y los cables a flor de piel… Es increible… En fin, no podemos calentar cafe… ?Alguien quiere agua mineral y galletas? -Regreso con una botella de plastico, un paquete de galletas y una servilleta de papel. Permanecio asomado por la ventana mientras comia.
– No pienso colaborar con esa gentuza, David -afirmo ella secamente-. Tu haz lo que te de la gana, pero yo no voy a decirles ni una palabra. -A su pesar, cogio una galleta y se la zampo de dos bocados. Dios, que hambrienta estaba. Cogio otra, y otra mas. Las engullia a grandes trozos, casi sin masticar.
Entonces bajo la vista y observo la servilleta que Blanes acababa de colocar sobre la mesa. Habia algo escrito a mano en ella con letras grandes, apresuradas: «QUIZA MICROS. SALGAMOS DE UNO EN UNO. REUNION EN RUINAS DE CASAMATA».
Seguia lloviendo, pero con menos intensidad. Ademas, se sentia tan sofocada y pringosa de sudor que agradecio aquella repentina ducha de agua limpia. Se quito los zapatos y calcetines y avanzo por la arena en la actitud de alguien que ha decidido dar un paseo a solas. Miro a su alrededor y no vio ni rastro de Harrison y sus soldados. Entonces quedo inmovil.
A un par de metros sobre la arena estaba la silla.
La reconocio enseguida: asiento de piel negra; pies de metal con ruedas; en el lado derecho del respaldo, una muesca alargada y eliptica de bordes nitidos que casi llegaba al centro. Dos de las cuatro patas no existian y uno de los reposabrazos se hallaba horadado con minuciosidad revelando una pedreria plateada. Aquella silla se habria caido al suelo, de haber sido una silla normal y corriente.
Pero no era una silla normal y corriente. La lluvia no la humedecia, ni siquiera la salpicaba. Las gotas no rebotaban en su superficie, aunque tampoco daba la sensacion de que la atravesaran como a una holografia. Eran como agujas de plata que alguien lanzara desde el cielo: se clavaban en el asiento y desaparecian para volver a aparecer debajo y golpear la arena.
Elisa contemplo el objeto fascinada. Lo habia visto por primera vez en el interrogatorio, enredado en las piernas de Harrison como un gato silencioso y rigido. Harrison lo habia traspasado al caminar como ahora hacia la lluvia. Se habia percatado de que, durante la aparicion, uno de los soldados miraba su reloj-ordenador y lo manipulaba, sin duda porque acababa de quedarse sin energia.
Conto cinco segundos antes de que la silla desapareciese. Le hubiese gustado disponer de tiempo (y ganas) para estudiar los desdoblamientos. Eran uno de los hallazgos mas increibles de la historia de la ciencia. Casi se sentia inclinada a comprender a Marini, Craig y Ric, aunque ya era demasiado tarde para perdonarlos.
Cuando la silla desaparecio, dio media vuelta y cruzo la verja de la alambrada.
Experimento un escalofrio al pensar que Zigzag no diferia mucho de aquella silla: tambien era una aparicion periodica, el resultado de la suma algebraica de dos tiempos distintos. Pero Zigzag tenia voluntad. Y su voluntad era torturarlos y matarlos. Le quedaban tres victimas para cumplir esa voluntad por completo (quiza cuatro, si incluia a Ric), a menos que ellos hicieran algo. Tenian que hacer algo. Cuanto antes.
De la casamata militar y el almacen solo quedaba en pie un par de paredes negruzcas, apuntaladas con cascotes. Habia otras que parecian haberse desplomado hacia poco, sin duda debido a los vientos monzonicos. La mayor parte de los escombros y piezas de metal habian sido barridos hacia el extremo norte dejando en el centro un area despejada, de tierra mas dura, quiza debido al calor de la explosion, aunque ya habian crecido matorrales en diversos lugares.
Decidio aguardar junto a las paredes. Dejo los zapatos en el suelo, deshizo el nudo de la camiseta y se froto el pelo. Mas que limpiarselo, la lluvia se lo habia apelmazado. Echo la cabeza hacia atras para que las gotas le banaran el rostro. El aguacero estaba cesando y el sol empezaba a taladrar las nubes menos densas. Un instante despues llego Blanes. Cruzaron pocas palabras, como si se hubiesen encontrado por casualidad. Pasaron cinco minutos y aparecio Victor. A Elisa le dio pena ver el estado en que se encontraba: palido y desalinado, con barba de dos dias, el cabello rizado formando abruptos matojos. Aun asi, Victor le sonrio debilmente.
Blanes echo un vistazo a los alrededores y ella lo imito: al norte, mas alla de la estacion, habia palmeras, un mar gris y arena solitaria; al sur, cuatro helicopteros militares posados en el terrizo y la franja de selva. No parecia haber nadie cerca, aunque se escuchaban voces remotas de pajaros y soldados.
– Aqui estamos seguros -dijo Blanes.
Sus miradas se cruzaron, y de repente Elisa no pudo reprimirse mas. Se arrojo a sus brazos. Apreto aquel cuerpo robusto sintiendo que las manos abiertas de el presionaban su espalda.
Ambos lloraron, aunque de forma muy distinta a como lo habian hecho hasta entonces, sin sonidos, sin lagrimas. Pese a todo, al recordar a su companera, Elisa se aferraba a un pensamiento obsesionante.
Vio a Victor acercarse con el rostro desencajado y lo envolvio en su abrazo, apoyando el menton en su huesudo hombro humedo de lluvia.
– Lo siento… -gemia Victor-. Perdonadme… Yo fui quien…
– No, Victor. -Blanes le acaricio la mejilla-. No hiciste nada malo. Tu portatil encendido no tuvo nada que ver. Uso la energia
Cuando Elisa sintio que Victor se tranquilizaba, se aparto y lo beso en la frente. Tenia deseos de besar,
