Por eso decidio decirselo con absoluta serenidad.

– Nos has mentido, David.

El giro la cabeza y la miro.

– Dijiste: «Solo ven los desdoblamientos quienes realizan la prueba». Las imagenes de ratas y perros las obtuvo Marini, pero la primera, la del Vaso Intacto, la conseguisteis los dos. Tu tambien viste el desdoblamiento del vaso, ?verdad? ?Por eso no quieres que hagamos esta prueba?

Desde la oscuridad, Blanes la contemplaba en silencio.

Ella se imagino lo que veia: su figura de mujer de pie en el umbral, a contraluz, la cabellera negra recogida en una gran cola sobre su cabeza, la camiseta descubriendo el vientre y los vaqueros de bordes rotos cenidos a sus ingles.

– Elisa Robledo -susurro el-. La alumna mas lista y hermosa… y la capulla mas arrogante.

– Y a ti nunca te importo una mierda ninguna de las tres cosas.

De nuevo se midieron con la mirada. Entonces sonrieron. Sin embargo, justo en ese momento el dijo lo mas espeluznante:

– Hay otra victima de Zigzag que no conoces, pero la he matado yo. -Seguia con los punos sobre la mesa. Se habia puesto a contemplar algo invisible que hubiera alli, entre sus manos, con intensa concentracion. No miro a Elisa mientras hablaba-. ?Sabias que, a los ocho anos de edad, vi a mi hermano pequeno morir electrocutado? Estabamos en el comedor, mi madre, mi hermano y yo. Entonces… Lo recuerdo muy bien… Mi madre se ausento un instante y mi hermano, que estaba jugando con una pelota, paso a jugar con la madeja de cables de la television sin que me enterase. Yo estaba leyendo un libro… Me acuerdo del titulo: Maravillas de la ciencia. En un momento dado me volvi y vi a mi hermanito con el pelo como un puercoespin, rigido. Emitia un ruido ronco por la garganta. Me parecio que su cuerpo de cintura para abajo estallaba como un globo lleno de agua, pero en realidad lo que ocurria era que se estaba haciendo pis y caca encima. Me arroje sobre el, medio loco. Habia leido en algun sitio que era peligroso tocar a alguien que se esta electrocutando, pero en aquel momento me dio igual… Corri hacia el y lo empuje como si estuvieramos peleandonos. Me salvo el simple hecho de que en ese instante saltaron los fusibles. Pero en mi recuerdo tengo la impresion de haber… tocado fugazmente la electricidad. Es un recuerdo muy raro, se que es falso pero no puedo quitarmelo de la cabeza: toque la electricidad y toque la muerte. Senti que la muerte no era una cosa tranquila; la muerte no era algo que pasaba y finalizaba: era rigida, y zumbaba como una maquina poderosa. La muerte era un monstruo de metal quemado… Cuando abri los ojos, mi madre me abrazaba. A mi hermano ya no lo recuerdo. He borrado la vision de su cadaver. En ese momento, justo en ese horrible momento, decidi que seria fisico: supongo que queria conocer bien a mi enemigo…

Se detuvo y la miro. Prosiguio, con voz quebrada:

– Hace dias vivi otro momento horrible, el mas horrible despues de la muerte de mi hermano. Pero en este caso me arrepenti de ser fisico. Fue el martes. Reinhard me llamo al medio dia, tras echar un primer vistazo a los documentos de Sergio, y me conto por encima lo que ocurria. Yo tenia que viajar a Madrid para preparar la reunion, pero antes… Antes quise visitar a Albert Grossmann, mi maestro. Necesitaba verlo. Creo que una vez te conte que el estaba en contra del Proyecto Zigzag. Me ayudo a hallar las ecuaciones de la «teoria de la secuoya», pero al sospechar las posibles consecuencias de los entrelazamientos se aparto y nos dejo solos a Sergio y a mi… Decia que no queria pecar. Quiza lo decia porque era viejo. Yo era joven entonces, y me agrado que me lo dijera. Esa es la diferencia, la gran diferencia, entre las edades: a los viejos les horroriza el pecado, a los jovenes les atrae… Pero este martes, despues de que Reinhard me revelara todo lo que Marini habia hecho, envejeci de golpe. Y fui a contarselo a Grossmann… buscando quiza la absolucion. -Hizo una pausa. Elisa lo escuchaba con la cabeza apoyada en el marco de la puerta-. Estaba ingresado en un hospital privado de Zurich. Sabia que iba a morir, ya lo habia asumido. Su cancer se hallaba muy avanzado, con metastasis pulmonares y oseas… Se pasaban el tiempo ingresandolo y dandole el alta. Consegui que me permitieran entrar fuera de las horas de visita. El me escucho desde la cama, agonizando. Yo veia llegar la muerte a sus ojos como se ve llegar la noche en el horizonte. Su pavor, conforme yo le contaba la conexion entre los asesinatos (que el ignoraba) y la existencia de Zigzag, era inmenso. No me dejo terminar. Se arranco la mascarilla de oxigeno y empezo a gritarme. «?Mal nacido! -me dijo-. ?Has querido ver lo que nadie puede ver, lo que Dios prohibio que vieramos! ?Esa es tu culpa! ?Y tu castigo es Zigzag!» Y lo repetia gritando a voz en cuello, tosiendo y muriendose: «?Tu castigo es Zigzag!». En realidad, ya estaba muerto, pero aun no lo sabia.

Blanes jadeaba, como si en vez de hablar hubiese hecho un violento ejercicio. Sus dedos empezaron a tamborilear en la mesa polvorienta como en un teclado.

– Entro una enfermera y tuve que marcharme. Cuando llegue a Madrid al dia siguiente, me entere de que habia fallecido de su enfermedad esa misma noche: Zigzag lo habia matado a traves de mi.

– No, tu no…

– Tienes razon -la interrumpio el con dificultad-. Yo tambien vi los desdoblamientos del vaso… Sergio y yo los estudiamos, y comprendimos los riesgos que implicaba el entrelazamiento. Me negue a seguir por ese camino y crei convencer a Sergio. Juramos no revelarlo nunca. Pero el continuo con las pruebas en secreto… Anos despues empece a intuir lo que sucedia, pero no dije nada, ni a Grossmann ni a nadie. ?Todos muriendo a mi alrededor y yo… en silencio!

Y de repente Blanes se echo a llorar.

Fue un llanto esforzado y torpe: como si llorar precisara de una habilidad de la que carecia por completo. Elisa se acerco y lo abrazo. Penso en la madre de Blanes cinendo el cuerpo de su hijo mayor con todas sus fuerzas, tocandolo para asegurarse de que el, al menos el, seguia vivo; de que el, al menos el, no habia sido alcanzado por la maquina poderosa.

– No sabias lo que sucedia… -le dijo suavemente, acariciando su nuca sudorosa-. No podias estar seguro, David… No eres culpable de nada…

– Elisa… Dios mio, ?que hice…? ?Que hicimos…? ?Que hemos hecho todos los cientificos?

– Acertar o equivocarnos: es lo unico que podemos hacer… -Ella hablaba sin dejar de abrazarle-. Vamos a probar de nuevo, David… Vamos a intentar acertar esta vez, por favor… Dejame intentarlo…

Blanes parecia mas tranquilo. Pero cuando se aparto y la miro a los ojos, ella advirtio el terror que lo embargaba.

– Tengo tanto miedo de que acertemos como de equivocarnos -dijo.

– Ya esta -anuncio Jacqueline Clissot, encaramada a una silla.

– Tal como la profesora quiere -afirmo Carter contemplando la pantalla del ordenador donde Elisa se sentaba-: en el centro de su culo.

Elisa se volvio hacia la mini camara adosada al ordenador de control. Estaba situada sobre un tripode a su espalda, apuntando al teclado principal. Aprobo la posicion. Si Ric habia manipulado el acelerador esa noche, suponia ella, todo lo habia hecho desde alli. Ademas, la imagen registraba tambien la puerta del generador donde habia muerto Rosalyn.

Habia pasado la tarde entera preparandose. Convencio a Blanes de que queria hacerlo sola (tambien tuvo que convencer a Victor): era menos arriesgado para el grupo, dijo, porque si se producian desdoblamientos lo mas probable era que los viera solo ella. No deseaba ayuda, ni siquiera para los calculos; alegaba que eso supondria una perdida de tiempo. En cambio, tuvo que aprender el manejo de los instrumentos. Aunque Blanes no lo conocia todo sobre SUSAN, demostro saber lo imprescindible para ensenarle a manipular los controles de entrada y salida del haz de particulas. Victor colaboro revisando los ordenadores. Gran parte de las funciones de aquellos programas le resultaba extrana, pero contaba con la ventaja de que el software era relativamente anticuado. Los perfiladores de graficos eran mas complejos, pero ella solo los usaria si era preciso: se proponia ver las imagenes tal cual.

Pasaban de las seis de la tarde cuando el viento empezo a soplar con fuerza, y su ulular pudo escucharse desde la sala de control.

– Quiza tengas problemas con la tormenta -dijo Blanes, inseguro.

– Son los que menos me preocupan. -Una tormenta al. principio, otra al final. Elisa penso que quiza aquella coincidencia fuera un signo afortunado.

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