Practicamente fui la ultima chica de la clase a la que le vino la regla, era de lo mas embarazoso.
– No me digas que te ponias de rodillas junto a la cama y rezabas: Por favor, Dios de mi alma, haz que me crezcan las tetas.
– La verdad es que a quien rezaba era a la Virgen Maria. Suponia que era asunto de mujeres. Y no decia tetas, naturalmente.
– ?Que decias? ?Pechos?
– No, me figuraba que a la Virgen Santa no se le podia decir pechos.
– ?Como los llamabas, pues?
– Globos.
Lisa solto la carcajada.
– No se de donde saque la palabra, debia de habersela oido a algunos hombres que estuvieran hablando de ello. Me parecio un eufemismo bastante educado. Esto nunca se lo he contado a nadie en toda mi vida.
Lisa miro hacia atras.
– Bueno, no veo ningun chico guapo lanzado en nuestra persecucion. Me parece que hemos despistado a Brad Pitt.
– Buena cosa. Es exactamente mi tipo: apuesto, sexualmente atractivo, presuntuoso y absolutamente indigno de confianza.
– ?Como sabes que no es de fiar? Solo lo tuviste frente a ti veinte segundos.
– Todos los hombres son indignos de confianza.
– Es probable que tengas razon. ?Piensas dejarte ver esta noche por el Andy's?
– Si, solo estare una hora o asi. Primero tengo que ducharme.
Llevaba el polo empapado de sudor.
– Yo tambien. -Lisa vestia pantalones cortos y calzaba zapatillas de deporte-. He estado entrenandome con el equipo de hockey. ?Por que solo una hora?
– He tenido un dia pesadisimo. -El partido habia distraido a Jeannie, pero el agotamiento reaparecio en aquel instante y provoco en ella una mueca de dolor-. He tenido que ingresar a mi madre en una residencia geriatrica.
– ?Oh, Jeannie, cuanto lo siento!
Jeannie le conto la historia mientras entraban en el edificio del gimnasio y descendian por la escalera del sotano. En el vestuario, Jeannie vio al pasar la imagen de ambas reflejada en el espejo. Eran fisicamente tan distintas que casi parecian actrices de un numero comico. Lisa tenia una estatura inferior a la talla media, Jeannie media casi metro ochenta y cinco. Lisa era rubia y curvilinea, mientras que Jeannie era morena y musculosa. Lisa tenia una carita preciosa, salpicada de pecas a traves de la coqueta naricilla y boca en forma de arco. La mayoria calificaba a Jeannie de impresionante, a algunos hombres les parecia guapa, pero nadie la habia llamado nunca bonita.
Cuando se desprendian de las sudadas prendas deportivas, Lisa inquirio:
– ?Que hay de tu padre? Nunca hablas de el.
Jeannie suspiro. Era la pregunta que habia aprendido a temer, incluso siendo nina; pero que surgia invariablemente, tarde o temprano. Durante muchos anos mintio explicando que su padre estaba muerto, habia desaparecido o se encontraba trabajando en Arabia Saudi. Ultimamente, sin embargo, confesaba la verdad.
– Mi padre esta en la carcel -dijo.
– Oh, Dios. No debi preguntar.
– No importa. Se ha pasado en la carcel la mayor parte de mi vida. Esta es la tercera condena que cumple.
– ?A cuanto le sentenciaron?
– Ni me acuerdo. Carece de importancia. Cuando salga, seguira sin servir para nada. Nunca se preocupo de cuidar de nosotras y no va a empezar a hacerlo ahora.
– ?Nunca tuvo un empleo normal?
– Solo cuando deseaba preparar un golpe. Se contrataba como conserje, portero o guarda de seguridad y trabajaba ocho o quince dias, mientras estudiaba el terreno antes de cometer alli el robo.
Lisa le dirigio una mirada penetrante.
– ?Por eso te interesa tanto la genetica de la criminalidad?
– Puede.
– Probablemente no. -Lisa hizo un gesto como si apartara aquello a un lado-. De todas formas, no me gusta nada el psicoanalisis de aficionados.
Entraron en las duchas. Jeannie se lo tomo con calma, tardo mas porque se lavaba la cabeza. Agradecia la amistad de Lisa. Esta llevaba poco mas de un ano en Jones Falls cuando al principio del semestre llego Jeannie, a la que enseno el lugar. A Jeannie le encantaba colaborar con Lisa en el laboratorio, porque Lisa era una muchacha en la que se podia confiar. Tambien le gustaba salir con ella al finalizar el trabajo, porque se podia hablar de todo con la muchacha, sin temor a que se escandalizase.
Jeannie se estaba aplicando un acondicionador en el pelo cuando oyo ruidos extranos. Se detuvo y aguzo el oido. Sonaba como a chillidos de miedo. Un escalofrio de angustia atraveso su cuerpo, de pies a cabeza, haciendola estremecer. De pronto, se sintio muy vulnerable: desnuda, mojada, en el subterraneo. Vacilo, luego se aclaro el pelo rapidamente y salio de la ducha para ver que estaba ocurriendo.
En cuanto salio de debajo del agua olio a quemado. No vio llamas, pero las densas nubes de humo negro grisaceo casi llegaban al techo. Parecia salir de los ventiladores. Se habia declarado un incendio.
Sintio miedo. Nunca habia estado en un incendio.
Las que tenian sangre fria agarraban sus bolsas y se dirigian a la puerta. Otras se entregaban a la histeria, se chillaban unas a otras con voz asustada y corrian de un lado para otro, sin rumbo. Un imbecil de seguridad, con la cara y la nariz cubiertas por un panuelo moteado, las asusto todavia mas al entrar en el vestuario, empujarlas y darles ordenes a voces.
Jeannie comprendio que no debia entretenerse alli el tiempo necesario para vestirse, pero tampoco podia decidirse a salir del edificio completamente desnuda. El miedo circulaba por sus venas como agua helada, pero se tranquilizo mediante un esfuerzo de voluntad. Encontro su taquilla. Lisa no estaba a la vista. Cogio sus ropas, se puso los vaqueros y se paso la camiseta de manga corta por la cabeza.
Lo hizo todo en contados segundos, pero en ese espacio de tiempo la sala se quedo vacia de personas y llena de humo. Ya no veia la puerta y empezo a toser. Le aterro la idea de que le fuese imposible respirar. «Se donde esta la puerta, todo lo que tengo que hacer es conservar la calma», se dijo. Llevaba en el bolsillo de los vaqueros las llaves y el dinero. Cogio la raqueta de tenis. Contuvo la respiracion, mientras atravesaba el vestuario con paso rapido, rumbo a la salida.
La densa humareda llenaba el pasillo y los ojos de Jeannie empezaron a lagrimear, acabando de cegarla. Deseo entonces haber salido desnuda y ganado asi unos segundos preciosos. Los pantalones vaqueros no le ayudaban a respirar ni a ver nada en medio de aquella niebla de vapores y humos. Y si una esta muerta, maldito si importa el que se encuentre desnuda.
Apoyo una mano temblorosa en la pared, a fin de orientarse mientras se apresuraba pasillo adelante, aun con la respiracion contenida. Penso que podia tropezar con otras mujeres, pero al parecer todas las demas se le habian adelantado. Al acabarse la pared, Jeannie supo que habia llegado al pequeno vestibulo, aunque no podia ver nada excepto nubes de humo. La escalera debia de estar delante. Cruzo el vestibulo y choco con la maquina de Coca-Cola. ?La escalera quedaba a la izquierda o a la derecha? A la izquierda, supuso. Avanzo en esa direccion, entonces topo con la puerta del vestuario de los hombres y comprendio que habia optado por la direccion equivocada.
Ya no podia contener la respiracion por mas tiempo. Aspiro aire con un gemido. Tragaba mas humo que oxigeno y eso la hizo toser convulsivamente. Retrocedio tambaleandose a lo largo de la pared, agitada dolorosamente por los accesos de tos, con las fosas nasales ardiendo y los ojos llenos de lagrimas, casi incapaz de verse las manos aunque se las pusiera delante de las narices. Con todo su ser anhelando una bocanada de aire a la que durante veintinueve anos no habia dado importancia. Siguio por la pared hasta la maquina de Coca-Cola y la rodeo. Comprendio que habia encontrado la escalera en el momento en que tropezo con el primer peldano. Se le escapo la raqueta de la mano y la perdio de vista.
Era una raqueta especial -con ella habia ganado el Mayfair Lites Challenge-, pero la dejo abandonada y gateo
