– No -asintio Lucas-. Tu no necesitaste que te enganara ninguna mujer. Tu te las arreglaste solo…
Sampson clavo una mirada torva en el auxiliar de justicia.
– Al Flamenco no se le podia sacar una palabra del cuerpo acerca de ninguno de sus crimenes. Dejame que te cuente algo sobre Gib. Si te estabas ahogando, te echaria un ancla. Pero si te estabas muriendo de sed, no te daria ni una taza de meados caliente. Gib no hablaria nunca con la ley, nunca. Reservaria su confesion para el demonio, y sus mejores juramentos para personas como tu.
Justino exhalo un suspiro que llevaba conteniendo demasiado tiempo. Su desilusion fue mayor porque se habia dejado llevar por la esperanza de que el farol de Lucas tuviera exito. Lucas le miro de reojo, maravillado de su aplomo y en lugar de ponerse nervioso ante el desafio de Sampson, sonrio y dijo:
– Bueno, no puedes culpar a un hombre por haberlo intentado -dijo tan jovialmente que Justino se dio cuenta de que nunca tuvo la esperanza de enganar a Sampson con esta inventada confesion de Gilbert. Tranquilizado y curioso, Justino se recosto en su asiento para presenciar el resto de la representacion.
A Sampson le cogio desprevenido la franqueza de Lucas; segun su experiencia, los justicias pocas veces eran tan directos.
– O sea, que reconoceis que habeis mentido -Pense que merecia la pena intentarlo -dijo, y metiendo la mano bajo el manto, saco una bota de vino-. No necesitamos confesiones porque tenemos suficientes pruebas para colgaros a los dos de una horca mas alta que la de Aman. El senor De Quincy, aqui presente, fue testigo de ese asesinato en el camino de Alresford. Su testimonio sera suficiente para mandar a Gilbert a la horca. Y hay tanta gente deseando prestar testimonio contra ti que tendran que celebrar el juicio en la plaza de la catedral de San Pablo para que quepan todos. No, los veredictos eran de prever. Yo estaba simplemente tratando de atar cabos sueltos.
– ?Como? -dijo Sampson con una mueca burlona-. ?Tratando de que yo haga las paces con Dios?
Lucas se encogio de hombros.
– A algunos hombres les sirve de consuelo ir a la muerte con la conciencia tranquila -contesto, sin que pareciera afectarle la explosion de blasfemias con que Sampson recibio sus palabras-. No puede ser muy agradable estar tirado ahi en el pozo dia tras dia, esperando la muerte. ?Que hombre entre todos los hombres no le tiene miedo a la muerte, especialmente a morir en la horca? -Empinando la bota, bebio con aparente deleite, pareciendo no darse cuenta de la manera en que los ojos de Sampson seguian la bota-. Si fuera yo, querria un sacerdote.
– Bien, pero vos no sois yo -replico Sampson bruscamente y anadio un «maldito bastardo» para redondear la frase.
Lucas no sonreia ya.
– No… Yo no soy a quien van a ahorcar, y bien que me alegro de ello. Es una desesperada y lenta manera de morir. Yo preferiria una navaja en la garganta que tener que enfrentarme con la soga.
Sampson estaba repantigado en su silla, pero seguia con los ojos fijos en la bota.
– ?Quien ha dicho que me van a ahorcar?
– ?Claro que te van a ahorcar, Sampson! Has matado a un hombre en presencia de medio Aldgate y te han pillado en el acto. ?Santo Cristo, si la sangre no se ha secado aun en tu navaja! Ni aunque uno de los mismisimos angeles de Dios baje a hablar en tu favor al tribunal no te serviria de nada. El mismo dia que vayas al tribunal, ese mismo dia te mandaran a la horca.
Lucas le paso la bota a Justino y luego se la tiro a Jonas.
– Supongo que siempre puedes tener la esperanza de que la cuerda se rompa. Eso le paso a un prisionero en mi primer ano de justicia adjunto, y el rey le indulto.
– Me asegurare de que utilicen una bien fuerte, especialmente para el -prometio Jonas y se echo a reir como si aquello fuera una broma.
Lucas cogio la bota en el aire con destreza, y se la coloco en las piernas, sin empezar a beber.
– Se que has visto morir a otros hombres, Sampson. ?Pero has visto alguna vez ahorcar a un hombre? Es un espectaculo inolvidable, creeme. No es rapido, se necesita bastante tiempo para estrangular a un hombre. Tiene las manos atadas detras de la espalda, para que no pueda soltarse. Esta indefenso, esta colgado, esta dando patadas desesperadas para tocar la tierra con los pies. Su rostro se va poniendo azul y luego negro, y hace esfuerzos para respirar, ansiando cambiar cualquier cosa por un poco mas de aire. Hay veces en que un hombre hasta se traga su propia lengua.
– ?Que Dios te maldiga! -Sampson se puso de pie y levanto sus manos esposadas en un frustrado gesto de amenaza-. ?Basta ya, no quiero oir mas!
– ?Crees que a mi me importa lo que tu quieras o no quieras? -dijo Lucas con frialdad-. Vuelve a sentarte.
Justino dudaba de que Sampson obedeciera las ordenes, pero al cabo de un momento nada mas, el hombre se desplomo sobre su silla. Tenia el rostro lleno de manchas, a causa del calor, los ojos saltones e hinchados, y cuando Lucas de repente lanzo al aire la bota, la cogio con manos temblorosas. Bebio el vino con ansiedad, como si ni todo el vino del mundo fuera suficiente para el, no importandole que se le derramara en la barba y le salpicara su tunica sucia y hecha jirones.
– ?Que quereis de mi? -pregunto, apretandose la bota contra el pecho-. ?Por que estais aqui?
– Quiero la verdad. Tenemos preguntas que hacerte sobre otros crimenes y necesitamos respuestas. Quiero poder enterrar estos casos al mismo tiempo que te entierro a ti.
– ?Y por que tengo que hacer lo que me estais pidiendo? -pregunto Sampson, con un resabio de sus previas bravuconadas-. ?Que voy a sacar
Cuando Lucas se inclino hacia adelante, Justino supo que esta era precisamente la pregunta que el estaba esperando que hiciera Sampson.
– Vas a morir. Yo eso no lo puedo cambiar, ni lo haria si lo pudiera hacer. Pero puedo conseguir que tus ultimos dias sean mas tolerables. Si yo estuviera a punto de enfrentarme con la soga, querria hacer las paces con Dios. Y despues querria emborracharme, hasta el punto de que nada me importara cuando vinieran a buscarme. Si nos dices lo que queremos saber, Sampson, yo me ocupare de que te den suficiente vino o cerveza para que vayas a la horca como la perra de un trovador ciego.
Sampson empezo a hablar, pero se detuvo inmediatamente. Retorciendose en la silla, miro a Jonas y despues a Lucas.
– Si accedo a esto, ?como puedo estar seguro de que cumplireis vuestra parte del trato?
Lucas metio otra vez la mano debajo de su manto y saco esta vez una bolsa con dinero.
– Contesta a nuestras preguntas y ganaras suficiente dinero para comprarle a los centinelas toda la cerveza que quieras. Y me refiero tambien a comida y mantas. Con el dinero suficiente, un hombre puede comprar tambien la compania de una mujer. ?No es verdad, Jonas?
– Se sabe que esto ha ocurrido -contesto el sargento laconico.
Lucas volteo la bolsa del dinero en la palma de la mano.
– Asi que, ?que dices, Sampson? ?Hacemos un pacto?
– Dejadme que lo cuente primero. -Sampson hurgo en la bolsa, tarea dificultosa por las esposas. Cogiendo la bolsa del suelo, manoseo las monedas antes de decir asperamente-. ?Que quereis saber?
Lucas mostro un destello de triunfo mirando hacia donde estaba Justino.
– Empecemos con Londres. Se que Jonas tiene mucha curiosidad acerca de todo lo que has hecho en esta ciudad.
– Ya sabeis todo lo de ese cretino en Aldgate.
– Estas atormentado por los remordimientos, ?no es asi? -dijo Lucas con sarcasmo y Sampson le miro como si no lo comprendiera.
– ?Que razon tengo para lamentar su suerte? Se busco el mismo su desgracia metiendose donde no le llamaban. No tuve mas remedio que hacer lo que hice. No se que otra cosa contarte.
– ?Cuantos robos? -pregunto Jonas con impaciencia-. Se lo del hombre al que atracaste en Southwark, cerca del puente. Y los del borracho que metiste en un callejon de la Cheapside. ?Algo mas?
Sampson arrugo el entrecejo, intentando concentrarse.
– Bueno… Le robe un monedero a un mozalbete ahi en los «estofados». Era un chaval imberbe que presumia de estar alli para «pagarse un polvo» y agitaba su dinero en la mano como si estuviera pidiendo que se lo robaran. Otra vez tome parte en una pelea en una taberna cerca de Cripplegate y le quite al hombre las sortijas y