–Bien. Ahora vive en Marruecos, tenemos un taller en Tetuan.

–Entonces, ?al final me hicisteis caso y os fuisteis de Espana en el momento oportuno?

–Mas o menos. La nuestra tambien es una larga historia.

–Tal vez me la quieras contar otro dia. Podemos vernos para charlar; dejame que te invite a comer -sugirio.

–No creo que pueda. No hago demasiada vida social, tengo mucho ' trabajo. Hoy he venido por empeno de unas clientas. Ingenua de mi, en un principio pense que se trataba de una insistencia del todo desinteresada. Ahora veo que, detras de una amable e inocente invitacion a la modista de la temporada, habia algo mas. Porque la idea partio de ti, ?verdad?

No dijo ni si ni no, pero la afirmacion quedo meciendose en el aire, suspendida entre los acordes del bolero.

–Marita, la novia de mi hijo, es una buena chica: carinosa y entusiasta como pocas, aunque no demasiado lista. De todas maneras, la aprecio enormemente: es la unica que ha conseguido arreglarselas para meter en cintura al tarambana de tu hermano Carlos y va a llevarlo al altar dentro de un par de meses.

Ambos dirigimos la mirada a mi clienta. Cuchicheaba en ese momento con su hermana Tete, sin quitarnos la vista de encima ninguna de las dos, embutidas ambas en sendos modelos salidos de Chez Arish. Con una falsa sonrisa tirante en los labios, me hice a mi misma la firme promesa de no volver a fiarme de las clientas que embaucaban con cantos de sirena a las almas solitarias en noches tan tristes como la de un ano que se va.

Gonzalo, mi padre, continuo hablando.

–Te he visto tres veces a lo largo del otono. Una de ellas salias de un taxi y entrabas en Embassy; yo paseaba a mi perro apenas a cincuenta metros de la puerta, pero no te diste cuenta.

–No, no me di cuenta, es cierto. Suelo ir casi siempre con bastante prisa.

–Me pareciste tu, pero solo pude verte unos segundos y pense que tal vez todo habia sido una mera ilusion. La segunda vez fue un sabado por la manana en el Museo del Prado, me gusta pasar por alli de vez en cuando. Te segui de lejos mientras recorrias varias salas, aun no tenia la certeza de que fueras quien yo creia que eras. Despues te dirigiste al guardarropa en busca de una carpeta y te sentaste a dibujar frente al retrato de Isabel de Portugal, de Tiziano. Yo me instale en otra esquina de la misma sala y permaneci alli, observandote, hasta que empezaste a recoger tus cosas. Me marche entonces convencido de que no me habia equivocado. Eras tu con otro estilo: mas madura, mas resuelta y elegante, pero sin duda, la misma hija a la que conoci asustada como un raton justo antes de empezar la guerra.

No quise abrir el menor resquicio para la melancolia, asi que intervine inmediatamente.

–?Y la tercera?

–Hace solo un par de semanas. Caminabas por Velazquez, yo iba en coche con Marita; la llevaba a casa tras un almuerzo en la finca de unos amigos, Carlos tenia cosas que hacer. Te vimos los dos a la vez y entonces, para mi gran sorpresa, ella te senalo y me dijo que eras su nueva modista, que venias de Marruecos y te llamabas Arish no se que.

–Agoriuq. En realidad es mi apellido de siempre puesto del reves. Quiroga, Agoriuq.

–Suena bien. ?Tomamos una copa, senorita Agoriuq? – pregunto con gesto ironico.

Nos abrimos paso, cogimos dos copas de champan de la bandeja de plata que un camarero nos ofrecio, y nos desplazamos hacia un lateral del salon mientras la orquesta comenzaba a tocar una rumba y la pista volvia a llenarse de parejas.

–Imagino que no tendras interes en que desenmascare a Marita tu verdadero nombre y mi relacion contigo -dijo una vez conseguimos retirarnos del bullicio-. Como te he dicho, es buena chica, pero le encantan los chismorreos y la discrecion no es precisamente su fuerte.

–Te agradeceria que no dijeras nada a nadie. De todas maneras, quiero aclararte que mi nuevo nombre es oficial y el pasaporte marroqui, verdadero.

–Supongo que habra alguna razon de peso para ese cambio.

–Por supuesto. Con ello gano exotismo de cara a mi clientela y, a la vez, me libro de que me persiga la policia por la denuncia que tu hijo interpuso contra mi.

–?Carlos puso una denuncia contra ti? – La mano con la copa habia quedado parada a medio camino hacia la boca, su sorpresa parecia del todo autentica.

–Carlos no: tu otro hijo, Enrique. Justo antes de empezar la guerra. Me acusaba de haberte robado el dinero y las joyas que me diste.

Sonrio sin despegar los labios, con amargura.

–A Enrique lo mataron tres dias despues del alzamiento. Una semana antes habiamos tenido una discusion tremenda. El estaba muy politizado, presentia que algo fuerte iba a suceder con inminencia y se empeno en que sacaramos de Espana todo el dinero que teniamos en metalico, las joyas y los objetos de valor. Tuve que decirle que te habia entregado tu parte de mi herencia; en realidad, pude haberme callado, pero preferi no hacerlo. Le conte por eso la historia de Dolores y le hable de ti.

–Y se lo tomo mal -adelante.

–Se puso como un energumeno y me dijo todo tipo de barbaridades. Llamo despues a Servanda, la vieja criada, imagino que la recuerdas. La interrogo sobre vosotras. Ella le conto que tu habias salido corriendo llevando un paquete en la mano y entonces el mismo debio de elaborar esa ridicula version del robo. Tras la pelea se fue de casa dando un portazo que hizo retumbar las paredes de todo el edificio. La siguiente vez que volvi a verle fue once dias mas tarde, en el deposito del Estadio Metropolitano con un tiro en la cabeza.

–Lo siento.

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