inesperada decision suya.
A partir de su regreso a Espana en 1945, Beigbeder fue un miembro activo en el grupo de generales que pasaron anos maquinando sin fruto para derrocar a Franco: Aranda, Kindelan, Davila, Orgaz, Varela. Tuvo contactos con don Juan de Borbon y participo en mil conspiraciones, todas ellas infructuosas y algunas hasta un tanto pateticas, como la que capitaneo el general Aranda para pedir asilo en la embajada norteamericana y crear alli mismo un gobierno monarquico en el exilio. Algunos de sus companeros llegaron a tacharle de traidor, de haber ido a El Pardo con el cuento de la conspiracion. Ninguno de aquellos planes para acabar con el regimen llego a cuajar y la mayoria de sus integrantes pagaron su insumision con arrestos, destierros y destituciones. Tiempo despues me dijeron que estos generales recibieron durante la guerra mundial millones de pesetas del gobierno ingles a traves del financiero Juan March y de manos de Hillgarth, a fin de influir en el Caudillo para que Espana no entrara en la guerra del lado del Eje. Desconozco si eso fue verdad o no; puede que algunos de ellos aceptaran el dinero, tal vez se lo repartieron tan solo entre unos cuantos. A Beigbeder, desde luego, no le llego nada y acabo sus dias «ejemplarmente pobre», como dijo de el Dionisio Ridruejo.
Oi tambien rumores acerca de sus aventuras amorosas, de sus supuestos romances con una periodista francesa, una falangista, una espia americana, una escritora madrilena y la hija de un general. Que le encantaban las mujeres no era ningun secreto: sucumbia a los encantos femeninos con una facilidad pasmosa y se enamoraba con el fervor de un cadete; yo lo vi con mis propios ojos en el caso de Rosalinda, imagino que a lo largo de su vida habria pasado por otras relaciones similares. Pero que fuera un depravado y su debilidad por el sexo acabara echando su carrera por los suelos es, a mi modo de ver, una afirmacion tremendamente frivola que no le hace justicia.
Desde el momento en que puso un pie de vuelta en Espana, la vida le fue cuesta abajo. Antes de marchar a Washington vivio durante un tiempo en un piso alquilado en la calle Claudio Coello; a su regreso se instalo en el hotel Paris en la calle Alcala; paso despues alguna temporada acogido en casa de una hermana y acabo sus dias en una pension. Entro y salio del gobierno sin un duro y murio sin mas posesiones en el armario que un par de trajes gastados, tres viejos uniformes de los tiempos africanos y una chilaba. Y unos centenares de folios en los que habia comenzado a escribir con letra menuda sus memorias. Se quedo mas o menos en la epoca del Barranco del Lobo; nunca llego siquiera en ellas al inicio de la guerra civil.
Paso anos esperando a que la baraka, la suerte, se pusiera de su lado. Confiaba ilusamente en que volverian a requerirle para algun puesto: para cualquier mision que volviera a llenar sus dias de actividad y movimiento. Nada llego nunca y en su hoja de servicios, desde su retorno de Estados Unidos, solo figuro la frase «A las ordenes del excelentisimo ministro del Ejercito», lo cual en la jerga militar equivale a estar de brazos cruzados. Nadie le quiso mas y a el le fallaron las fuerzas: no tuvo brio para enderezar su destino, y su mente, otras veces brillante, se acabo encasquillando. Paso a la reserva en abril de 1950; un antiguo amigo marroqui, Bulaix Baeza, le ofrecio un trabajo que le mantuvo medianamente entretenido durante sus ultimos anos, un humilde puesto administrativo en su empresa inmobiliaria madrilena. Murio en junio de 1957; bajo su lapida en la Sacramental de San Justo descansaron sesenta y nueve anos de vida turbulenta. Sus papeles quedaron olvidados en la pension de la Tomasa; unos meses despues los recogio un viejo conocido de Tetuan a cambio de hacerse cargo de la factura de unos cuantos miles de pesetas que el dejo pendiente. A dia de hoy alli sigue su archivo personal, bajo la celosa custodia de alguien que le conocio y estimo en su Marruecos feliz.
Recopilo ahora lo que fue de Rosalinda, y lo hilo con retazos del devenir de Beigbeder que tal vez sirvan para completar la vision de los ultimos tiempos del ex ministro. Al final de la guerra mi amiga decidio abandonar Portugal e instalarse en Inglaterra. Queria que su hijo se educara alli, asi que su socio Dimitri y ella convinieron traspasar El Galgo. El Jewish Joint Committee les otorgo conjuntamente una condecoracion con la Cruz de Lorraine de la Resistencia Francesa en reconocimiento a sus servicios a los refugiados judios. La revista americana
Con el dinero obtenido por el traspaso se instalo en Gran Bretana. Todo funciono bien en los primeros meses: la salud recuperada, libras abundantes en el banco, viejos amigos recobrados y hasta los muebles de Lisboa recibidos sanos y salvos, entre ellos diecisiete sofas y tres pianos de cola. Y entonces, cuando todo estaba calmado y la vida sonreia, Peter Fox desde Calcuta volvio a recordarle que aun tenia un marido. Y le pidio que lo intentaran de nuevo. Y, contra todo pronostico, ella acepto.
Busco una casa de campo en Surrey y se preparo para asumir por tercera vez en su vida el papel de esposa. Ella misma resumio la aventura en una palabra: imposible. Peter era el mismo de siempre: seguia comportandose como si Rosalinda aun fuera la nina de dieciseis anos con la que un dia se caso, trataba al servicio a patadas, era desconsiderado, egocentrico y antipatico. A los tres meses de su reencuentro ella ingreso en el hospital. La operaron, paso semanas de convalecencia y solo una cosa salio clara de ellas: tenia que dejar a su marido como fuera. Regreso entonces a Londres, alquilo una casa en Chelsea y durante un breve tiempo abrio un club al que puso el pintoresco nombre de The Patio. Peter, entretanto, se quedo en Surrey, negandose a devolverle sus muebles lisboetas y a concederle el divorcio de una maldita vez. Tan pronto como ella se recupero, comenzo a pelear por su libertad definitiva.
Jamas rompio el contacto con Beigbeder. A finales de 1946, antes de que Peter regresara a Inglaterra, pasaron juntos unas semanas en Madrid. En 1950 volvio para otra temporada. Yo no estaba alli, pero por carta me conto la pena inmensa que le causo encontrar a un Juan Luis roto ya para siempre. Disfrazo la situacion con su habitual optimismo: me hablo de las poderosas corporaciones que el dirigia, de la gran figura que era en el mundo empresarial. Entre lineas percibi que mentia.
A partir de aquel ano, una nueva Rosalinda parecio emerger con solo dos fijaciones en mente: divorciarse de Peter y acompanar a Juan Luis en los ultimos tramos de su existencia a lo largo de estancias temporales en Madrid. El, segun ella, envejecia a pasos de gigante, cada dia mas desilusionado, mas deteriorado. Su energia, la agilidad mental, su impetu y aquel dinamismo de los viejos tiempos de la Alta Comisaria se apagaban con las horas. Le gustaba que ella lo sacara en coche, que fueran a comer a cualquier pueblo de la sierra, a un vulgar meson al pie de la carretera, lejos del asfalto. Cuando no tenian mas remedio que quedarse, paseaban. A veces se encontraban con viejos dinosaurios con los que un dia el compartio cuarteles y despachos. La presentaba como mi Rosalinda, lo mas sagrado en el mundo despues de la Virgen. Ella, entonces, reia.
Le costaba trabajo entender por que el estaba tan derrotado cuando no era demasiado viejo en anos. Andaria entonces aun por los sesenta y pocos, pero era ya un anciano acabado en espiritu. Estaba cansado, entristecido, defraudado. De todos, con todos. Y entonces se le ocurrio la ultima de sus genialidades: pasar sus ultimos anos mirando hacia Marruecos. No dentro del pais, sino contemplandolo desde la distancia. Preferia no retornar: apenas quedaba ya alli nadie de aquellos con quienes compartio sus tiempos de gloria. El Protectorado habia acabado el ano anterior y Marruecos, recobrado su independencia. Los espanoles se habian ido y de sus viejos amigos marroquies quedarian ya pocos vivos. No quiso volver a Tetuan, pero si terminar sus dias con aquella tierra en el horizonte. Y asi se lo pidio. Ve al sur, Rosalinda, busca un sitio para nosotros mirando al mar.
Y ella lo busco. Guadarranque. Al sur del sur. En la bahia de Algeciras, frente al Estrecho, con vistas a Africa y Gibraltar. Compro casa y terreno, volvio a Inglaterra a cerrar asuntos, ver a su hijo y cambiar de coche. Su intencion era regresar a Espana en dos semanas, recoger a Juan Luis y emprender rumbo a una nueva vida. Al decimo dia de su estancia en Londres, un cable desde Espana le anuncio que el habia muerto. Lo sintio ella con un
