carteras, corto unas cuantas cabezas en la Falange, atornillo su alianza con el Vaticano y tiro para adelante. Y los nuevos amos del mundo, las intachables democracias que con tanto heroismo y esfuerzo habian derrotado al nazismo y al fascismo, le dejaron hacer. A esas alturas, con Europa inmersa en su propia reconstruccion, a quien importaba ya aquel pais ruidoso y destartalado; a quien interesaban sus hambres, sus minas, los puertos del Atlantico y el puno firme del general bajito que los gobernaba. Nos negaron la entrada en las Naciones Unidas, retiraron embajadores y no nos dieron ni un dolar del Plan Marshall, cierto. Pero tampoco intervinieron mas. Alla ellos con su suerte. «Hands off», dijeron los Aliados en cuanto llego la victoria. Manos fuera, muchachos, nos vamos. Dicho y hecho: el personal diplomatico y los servicios secretos embalaron sus bartulos, se sacudieron la mugre y pusieron rumbo a casa. Hasta que, anos despues, a algunos les intereso volver y congraciarse, pero esa ya es otra historia.

Alan Hillgarth tampoco llego a vivir aquellos dias en Espana en primera persona. Fue trasladado como jefe de inteligencia naval a la Far East Fleet en 1944. Se separo de su esposa Mary al terminar la guerra y volvio a casarse con una joven a la que no llegue a conocer. A partir de entonces vivio retirado en Irlanda, alejado de las actividades clandestinas a las que tan competentemente se dedico durante anos.

Con respecto al grandioso sueno imperial sobre el que se construyo la Nueva Espana, solo se alcanzo a mantener el mismo Protectorado de siempre. Con la llegada de la paz mundial, las tropas espanolas se vieron obligadas a abandonar el Tanger que habian ocupado arbitrariamente cinco anos atras, como anticipo de un fastuoso paraiso colonial que jamas llego. Cambiaron los altos comisarios, crecio Tetuan y alli siguieron conviviendo los marroquies y los espanoles a su ritmo y en armonia, bajo la paternal tutela de Espana. En los primeros anos de la decada de los cincuenta, sin embargo, los movimientos anticolonialistas de la zona francesa comenzaron a revolverse. Las acciones armadas llegaron a ser tan violentas en aquel territorio que Francia se vio obligada a abrir conversaciones para negociar la cesion de la soberania. El 2 de marzo de 1956, Francia concedio a Marruecos su independencia. Espana, entre tanto, penso que eso no iba con ella. En la zona espanola no habia existido jamas tension: ellos habian apoyado a Mohamed V, se habian opuesto a los franceses y cobijado a los nacionalistas. Que ingenuidad. Una vez libres de Francia, los marroquies reclamaron inmediatamente la soberania de la parte espanola. El 7 de abril de 1956, con prisa a la luz de las crecientes tensiones, el Protectorado llegaba a su fin. Y mientras se transferia la soberania y los marroquies reconquistaban su tierra, para decenas de miles de espanoles comenzo el drama de la repatriacion. Familias enteras de funcionarios y militares, de profesionales, empleados y duenos de negocios, desmantelaron sus casas y emprendieron rumbo a una Espana que muchos de ellos apenas conocian ya. Atras dejaron sus calles, sus olores, memorias acumuladas y a sus muertos enterrados. Cruzaron el Estrecho con los muebles embalados y el corazon partido en trozos y, atenazados por la incertidumbre de no saber que les depararia aquella nueva vida, se desparramaron por el mapa de la Peninsula con la nostalgia de Africa siempre presente.

Este fue el devenir de aquellos personajes y lugares que algo tuvieron que ver con la historia de esos tiempos turbulentos. Sus trajines, sus glorias y miserias constituyeron hechos objetivos que en su dia llenaron los periodicos, las tertulias y los corrillos, y hoy pueden consultarse en las bibliotecas y en las memorias de los mas viejos. Un tanto mas difuso fue el futuro de todos los que supuestamente estuvimos junto a ellos a lo largo de esos anos.

Acerca de mis padres, podrian escribirse varios desenlaces para este relato. En uno de ellos, Gonzalo Alvarado iria a Tetuan en busca de Dolores y le propondria que retornara con el a Madrid, donde recuperarian el tiempo perdido sin separarse mas. En otra conclusion del todo diferente, mi padre nunca se moveria de la capital mientras que mi madre conoceria en Tetuan a un militar sosegado y viudo que se enamoraria de ella como un colegial, le escribiria cartas entranables y la invitaria a merendar milhojas de La Campana y a pasear por el parque a la caida del sol. Con paciencia y empeno, lograria convencerla para acabar casandose una manana de junio en una ceremonia madura y diminuta delante de todos sus hijos.

Algo tambien pudo pasar en la vida de mis viejos amigos de Tetuan.

Candelaria podria haber acabado instalandose en el gran piso de Sidi Mandri cuando mi madre cerro el taller; en el quiza monto la mejor pension de todo el Protectorado. Tan sumamente bien le habrian ido las cosas que se acabaria quedando ademas con la vivienda vecina, la que dejo Felix Aranda cuando, una noche de tormenta en la que le estallaron los nervios, por fin remato a su madre con tres cajas de Optalidon diluidas en media botella de Anis del Mono. Pudiera ser que entonces volara por fin libre: tal vez optara por instalarse en Casablanca, abrir una tienda de antiguedades, tener mil amantes de cien colores y seguir entusiasmandose con sus acechos y fisgoneos.

En cuanto a Marcus y a mi, quiza nuestros senderos se separaron cuando la guerra acabo. Puede que, despues del amor alborotado que vivimos durante los cuatro anos restantes, el volviera a su pais y yo terminara mis dias en Madrid convertida en una altiva modista al mando de un taller mitico, accesible tan solo para una clientela que yo elegiria caprichosamente segun el humor del dia. O a lo mejor me canse de trabajar y acepte la propuesta de matrimonio de un cirujano dispuesto a retirarme y mantenerme entre algodones el resto de mis dias. Pudiera ser, sin embargo, que Marcus y yo decidieramos recorrer juntos el resto del camino y optaramos por regresar a Marruecos, buscar en Tanger una casa hermosa en el Monte Viejo, formar una familia y emprender un negocio real del que viviriamos hasta que, tras la independencia, nos instalaramos en Londres. O en algun lugar de la costa del Mediterraneo. O en el sur de Portugal. O, si lo prefieren, tambien pudiera ser que nunca acabaramos de asentarnos del todo y continuaramos durante decadas saltando de un pais a otro a las ordenes del Servicio Secreto britanico, camuflados los dos bajo la cobertura de un apuesto agregado comercial y su elegante esposa espanola.

Nuestros destinos pudieron ser estos o pudieron ser otros del todo distintos porque lo que de nosotros fue en ningun sitio quedo recogido. Tal vez ni siquiera llegamos a existir. O quiza si lo hicimos, pero nadie percibio nuestra presencia. Al fin y al cabo, nos mantuvimos siempre en el enves de la historia, activamente invisibles en aquel tiempo que vivimos entre costuras.

Nota de la autora

Las convenciones de la vida academica a la que llevo vinculada mas de veinte anos exigen a los autores reconocer sus fuentes de manera ordenada y rigurosa; por esta razon, he decidido incluir una lista con las referencias bibliograficas mas significativas consultadas para escribir esta novela. No obstante, una gran parte de los recursos en los que me he apoyado a la hora de recrear los escenarios, perfilar algunos personajes y dotar de coherencia a la trama exceden los margenes de los papeles impresos y, a fin de que quede constancia de ellos, quiero mencionarlos en esta nota de reconocimientos.

Para recomponer los rincones del Tetuan colonial me he servido de los numerosos testimonios recogidos en los boletines de la Asociacion La Medina de Antiguos Residentes del Protectorado espanol en Marruecos, por lo que agradezco las colaboraciones de sus nostalgicos socios y la amabilidad de los directivos Francisco Trujillo y Adolfo de Pablos. Igualmente utiles y entranables han sido los recuerdos marroquies desempolvados por mi madre y mis tias Estrella Vinuesa y Paquita Moreno, asi como las multiples contribuciones documentales facilitadas por Luis Alvarez, entusiasmado con este proyecto casi tanto como yo misma. Muy valiosa tambien ha sido la referencia bibliografica aportada por el traductor Miguel Saenz acerca de una singular obra parcialmente ubicada en Tetuan, a partir de la cual surgio la inspiracion para dos de los grandes personajes secundarios de esta historia.

En la reconstruccion de la escurridiza trayectoria vital de Juan Luis

Beigbeder me resulto de enorme interes la informacion suministrada por el historiador marroqui

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