apenas un brote arrancado de cualquier rosal crecido como un milagro contra una tapia en aquella primavera que siguio al invierno atroz. Una flor menuda, escualida casi. Digna en su simplicidad, sin subterfugios.
No le esperaba y si le esperaba a la vez. Se habia marchado de casa de mi padre junto con los Hillgarth unas horas antes, el agregado naval le invito a acompanarle, probablemente queria hablar con el lejos de mi presencia. Yo regrese sola, sin saber en que momento volveria a aparecer. Si es que volvia.
–Para ti -fue su saludo.
Cogi la pequena rosa y le deje entrar. Traia el lazo de la corbata flojo, como si voluntariamente hubiera decidido destensarse. Avanzo con paso lento hasta el centro del salon; parecia que con cada zancada enhebrara un pensamiento y calculara las palabras que tenia que decir. Por fin se giro y espero a que me acercara hasta el.
–Sabes a lo que nos enfrentamos ?verdad?
Lo sabia. Claro que lo sabia. Nos moviamos en pantanos de aguas turbias, en una jungla de mentiras y engranajes clandestinos con aristas capaces de cortar como el cristal. Un amor encubierto en tiempo de odios, carencia y traiciones, eso era lo que teniamos por delante.
–Se a lo que nos enfrentamos, si.
–No va a ser facil -anadio.
–Nada es ya facil -anadi.
–Puede ser duro.
–Quiza.
–Y peligroso.
–Tambien.
Burlando trampas, sorteando riesgos. Sin planes, a contratiempo, entre las sombras: asi habriamos de vivir. Aunando ganas y audacia. Con entereza, coraje y la fuerza de sabernos juntos frente a una causa comun.
Nos miramos fijamente y me volvio el recuerdo de la tierra africana en donde todo empezo. Su mundo y mi mundo -tan lejanos antes, tan cercanos ya- por fin habian encajado. Y entonces me abrazo y, en el calor y la ternura de nuestra cercania, tuve la certeza rotunda de que tampoco en esa mision ibamos a fracasar.
Epilogo
Esta fue mi historia o al menos asi la recuerdo, barnizada tal vez con la patina que las decadas y la nostalgia dan a las cosas. Esta fue mi historia, si. Trabaje a las ordenes del Servicio Secreto britanico y a lo largo de cuatro anos recopile y transmiti informacion sobre los alemanes en la peninsula Iberica con pleno rigor y puntualidad. Nunca nadie me instruyo sobre tactica militar, topografia del terreno de combate o manejo de explosivos, pero mis trajes sentaban como ninguno y la fama de mi taller me blindo de cualquier sospecha. Lo mantuve en funcionamiento hasta el 45 y me converti en una virtuosa del doble juego.
Lo que paso en Espana tras la guerra europea y el rastro de muchas de las personas que han circulado por este recuento de aquellos anos se encuentra en los libros de historia, los archivos y las hemerotecas. No obstante, lo voy a sintetizar aqui, por si a alguien interesa saber que fue de todos ellos. Intentare hacerlo bien; al fin y al cabo, ese fue siempre mi trabajo: casar partes y componer piezas con armonia.
Empezare por Beigbeder, quiza el mas desafortunado de todos los personajes de este relato. Desde que acabo su arresto en Ronda, supe que habia estado varias veces en Madrid, que incluso se instalo de manera permanente durante varios meses. A lo largo de ellos, mantuvo contacto constante con las embajadas inglesa y americana, y les ofrecio mil planes que en algunas ocasiones fueron lucidos y, en otras, del todo extravagantes. El mismo conto que intentaron asesinarle en dos ocasiones, aunque tambien aseguro, paradojicamente, que aun mantenia interesantes contactos con el poder. Los viejos amigos le atendieron con cortesia, algunos hasta con verdadero afecto. Hubo tambien quien se lo quito de encima sin escucharle siquiera; de que iba a servirles ya aquel angel caido.
En el patio de vecinas que era la Espana de entonces, donde todo se transmitia de boca a oreja, corrio poco despues la voz de que su erratico devenir por fin tenia un destino. A pesar de que casi todos consideraran que su carrera estaba muerta y rematada, en 1943, cuando empezaba a vislumbrarse que la victoria alemana era dudosa, Franco -contra todo pronostico y con gran secretismo- volvio a requerir de sus servicios. Sin darle puesto oficial alguno, lo ascendio a general de la noche a la manana y, con poderes de ministro plenipotenciario, le encargo una mision un tanto difusa que tendria Washington como destino. Desde que el Caudillo le encomendo la tarea hasta que salio de Espana para emprenderla, pasaron meses. Alguien me conto que el mismo, extranamente, rogo a miembros de la embajada norteamericana que se demoraran todo lo posible para concederle un visado: sospechaba que lo unico que Franco queria de el era sacarle de Espana con la intencion de que no volviera mas.
Lo que hizo Beigbeder en America nunca estuvo del todo claro y sobre ello corrieron rumores dispares. Segun algunos, el Generalisimo lo mando a restaurar relaciones, tender puentes y convencer a los estadounidenses de la absoluta neutralidad de Espana en la guerra, como si nunca hubiera tenido el la fotografia dedicada del Fuhrer presidiendo la mesa de su despacho. Otras voces tambien fiables afirmaron, en cambio, que su labor fue mucho mas militar que meramente diplomatica: discutir el futuro del norte de Africa en su calidad de antiguo alto comisario y gran conocedor de la realidad marroqui. Hubo ademas quien dijo que el ex ministro habia ido a la capital norteamericana a convenir con el gobierno de Estados Unidos las bases para la creacion de una «Espana libre», paralela a la «Francia libre», en prevision de una posible entrada de los alemanes en la Peninsula. Se oyo ademas la version de que, tan pronto como aterrizo, dijo a todo el que quiso escucharle que sus relaciones con la Espana de Franco estaban rotas y se dedico a buscar simpatias hacia la causa monarquica. Y hubo alguna voz calenturienta que sugirio que el objetivo de aquel viaje tan solo respondio a su deseo personal de sumergirse en una vida disoluta y pecaminosa llena de vicio desenfrenado. Fuera cual fuera la naturaleza de la mision, el hecho es que el Caudillo no debio de quedar contento con la manera en que fue realizada: anos despues se encargo de decir sobre Beigbeder publicamente que era un degenerado muerto de hambre dedicado a dar sablazos a todo aquel que pillaba cerca.
Nunca, en fin, logro saberse del todo que hizo con exactitud en Washington; lo unico cierto es que su estancia se alargo hasta el final de la guerra mundial. En su camino de ida hizo escala en Lisboa y por fin se reunio con Rosalinda. Llevaban dos anos y medio sin verse. Pasaron una semana juntos a lo largo de la cual intento convencerla de que marcharan con el a America. No lo consiguio, nunca supe por que. Ella justifico su decision escudandose en el hecho de que no estaban casados, algo que, en su opinion, acabaria enturbiando el prestigio social de Juan Luis entre la elite diplomatica norteamericana. No la crei e imagino que el tampoco: si habia sido capaz de ponerse el mundo por montera en la pacata Espana surgida de la victoria, por que no habria de hacerlo tambien al otro lado del Atlantico. A pesar de todo, nunca aclaro ella las verdaderas razones de aquella
