Se acomodo por fin sobre el brazo de un sofa. Dejo una pierna apoyada en el suelo y cruzo la otra sobre ella. La espalda recta, el vaso aun en la mano, el gesto contraido.

–De acuerdo -accedio tras unos segundos-. Estoy dispuesto a hablar. A cambio de que tu tambien seas sincera conmigo. Del todo.

–Despues, te lo prometo.

–Dime entonces que sabes ya de mi.

–Que eres miembro del servicio de inteligencia militar britanica. El SIS, el MI6, o como prefieras llamarle.

La sorpresa no asomo a su cara: probablemente en su dia le entrenaron a conciencia para esconder emociones y ocultar sentimientos. No como a mi. A mi no me instruyeron en nada, ni me prepararon, ni me protegieron: a mi simplemente me arrojaron desnuda a un mundo de lobos hambrientos. Pero iba aprendiendo. Sola y con esfuerzo, tropezando, cayendo y volviendome a levantar; echando siempre a andar de nuevo: primero un pie, luego el otro. Cada vez con el paso mas firme. Con la cabeza alta y la vista hacia adelante.

–Ignoro como has obtenido esa informacion -replico tan solo-. En cualquier caso, da igual: supongo que tus fuentes son fiables y no tendria sentido negar lo evidente.

–Pero aun me faltan por saber algunas cosas mas.

–?Por donde quieres que empiece?

–Por el momento en que nos conocimos, por ejemplo. Por las razones verdaderas que te llevaron a Marruecos.

–De acuerdo. La razon fundamental era que en Londres tenian un conocimiento muy escaso de lo que estaba ocurriendo dentro del Protectorado y varias fuentes informaban de que los alemanes se estaban infiltrando a sus anchas con la aquiescencia de las autoridades espanolas. Nuestro servicio de inteligencia apenas poseia informacion sobre el alto comisario Beigbeder: no era uno de los militares conocidos, no se sabia como respiraba ni cuales eran sus proyectos o perspectivas y, sobre todo, ignorabamos su posicion ante los alemanes que supuestamente hacian y deshacian con toda libertad en el territorio a su cargo.

–?Y que descubriste?

–Que, como preveiamos, los alemanes se movian a su antojo y operaban como les venia en gana, a veces con su consentimiento y a veces sin el. Tu misma me ayudaste en parte a obtener esa informacion.

Obvie el apunte.

–?Y sobre Beigbeder? – quise saber.

–Sobre el averigue lo mismo que tu sabes tambien. Que era, y supongo que sigue siendo, un tipo inteligente, distinto y bastante peculiar.

–?Y por que te enviaron a ti a Marruecos, si estabas en un estado pesimo?

–Teniamos noticias de la existencia de Rosalinda Fox, una compatriota unida sentimentalmente al alto comisario: una joya para nosotros, la mejor de las oportunidades. Pero era demasiado arriesgado abordarla directamente: era tan valiosa que no podiamos aventurarnos a perderla con una operacion planteada con torpeza. Habia que esperar el momento optimo. Asi que, en cuanto se supo que ella buscaba ayuda para evacuar a la madre de una amiga, toda la maquinaria se puso en marcha. Y se decidio que yo era la persona idonea para cubrir esa mision porque habia tenido contacto en Madrid con alguien que se encargaba de aquellas evacuaciones hacia el Mediterraneo. Yo mismo habia informado puntualmente a Londres de todos los pasos de Lance, asi que estimaron que era la coartada perfecta para aparecer en Tetuan y acercarme a Beigbeder con la excusa de ofrecerme a realizar un servicio a su amante. Sin embargo, habia un pequeno problema: por aquellos dias estaba medio muerto en el Royal London Hospital, postrado en una cama con el cuerpo machacado, semiinconsciente y atiborrado de morfina.

–Pero te aventuraste, y nos enganaste a todos y conseguiste tu objetivo…

–Muy por encima de lo previsto -dijo. En sus labios percibi el apunte de una sonrisa, la primera desde que nos encerramos en la biblioteca. Senti entonces un pellizco de emociones revueltas: por fin habia vuelto el Marcus que tanto habia anorado, el que queria retener a mi lado-. Fueron unos dias muy especiales - continuo-. Despues de mas de un ano viviendo en la turbulenta Espana en guerra, Marruecos fue lo mejor que pudo pasarme. Me recupere y ejecute mi mision con un rendimiento altisimo. Y te conoci. No pude pedir mas.

–?Como lo hacias?

–Casi todas las noches transmitia desde mi habitacion del hotel Nacional. Llevaba un pequeno equipo radiotransmisor camuflado en el fondo de la maleta. Y escribia a diario un recuento encriptado de todo lo que veia, oia y hacia. Despues, cuando podia, lo pasaba a un contacto en Tanger, un dependiente de Saccone Speed.

–?Nunca sospecho nadie ti?

–Por supuesto que si. Beigbeder no era ningun imbecil, tu lo sabes tan bien como yo. Registraron mi habitacion varias veces, pero probablemente mandaron para ello a alguien con poca pericia: nunca descubrieron nada. Los alemanes tambien recelaban, aunque tampoco consiguieron ninguna informacion. Yo, por mi parte, me esforce todo lo posible por no dar ningun paso en falso. No contacte con nadie ajeno a los circuitos oficiales ni me adentre en ningun territorio escabroso. AI contrario: mantuve una conducta intachable, me deje ver al lado de las personas convenientes y me movi siempre a la luz del dia. Todo muy limpio, aparentemente. ?Alguna pregunta mas?

Parecia ya menos tenso, mas cercano. Mas el Marcus de siempre otra vez.

–?Por que te fuiste tan de repente? No me avisaste: tan solo apareciste una manana en mi casa, me diste la noticia de que mi madre estaba en camino y no te volvi a ver mas.

–Porque recibi ordenes urgentes de abandonar el Protectorado inmediatamente. Cada vez llegaban mas alemanes, se filtro que alguien sospechaba de mi. Aun asi, logre demorar mi marcha unos dias,

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