arriesgandome a ser descubierto.
–?Por que?
–No quise irme antes de tener constancia de que la evacuacion de tu madre se habia cumplido como esperabamos. Te lo habia prometido. Nada me habria gustado mas que haberme quedado contigo, pero no pudo ser: mi mundo era otro y mi hora habia llegado. Y, ademas, tampoco era el mejor momento para ti. Aun te estabas recuperando de una traicion y no estabas preparada para confiar del todo en ningun otro hombre, y menos en alguien que necesariamente habria de desaparecer de tu lado sin ser claro por completo. Eso es todo, mi querida Sira. Fin. ?Es esta la historia que querias oir? ?Te sirve esta version?
–Me sirve -dije levantandome y avanzando hacia su lado.
–Entonces, ?he ganado mi premio?
No dije nada. Solo me acerque a el, me sente en sus piernas y acerque mi boca a su oido. Mi piel maquillada rozo su piel recien afeitada; mis labios brillantes de
–Has ganado tu premio, si. Pero a lo mejor soy un regalo envenenado.
–Tal vez. Para comprobarlo, ahora necesito saber yo de ti. Te deje en Tetuan siendo una joven modista llena de ternura e inocencia, y te reencontre en Lisboa convertida en una mujer plena adosada a alguien del todo inconveniente. Quiero saber que paso entre medias.
–Vas a saberlo en seguida. Y, para que no te quede duda, te vas a enterar por otra persona, alguien a quien creo que conoces ya. Ven conmigo.
Recorrimos amarrados el pasillo hasta el salon. Oi la voz fuerte de mi padre en la distancia y, una vez mas, no pude evitar rememorar el dia en que le conoci. Cuantas vueltas habia dado mi vida desde entonces. Cuantas veces me habia hundido hasta quedar sin aliento y cuantas habia vuelto a sacar la cabeza despues. Pero eso era ya pasado y los dias de volver la vista atras habian quedado a la espalda. Tan solo era momento de concentrarnos en el presente. De afrontarlo de cara para enfocar el futuro.
Supuse que ya estaban alli los otros dos invitados y que todo transcurria segun lo previsto. Al llegar a nuestro destino deshicimos el abrazo, aunque mantuvimos los dedos entrelazados. Hasta que vimos junto a quien nos esperaba. Y entonces yo sonrei. Y Marcus, no.
–Buenas noches, senora Hillgarth; buenas noches, capitan. Me alegro de verlos -dije interrumpiendo la conversacion que mantenian.
La estancia se lleno de un silencio denso. Denso y tenso, electrizante.
–Buenas noches, senorita -replico Hillgarth tras unos segundos que a todos se nos hicieron eternos. Su voz sono como salida de una caverna. De una caverna oscura y fria por la que el jefe de los servicios secretos britanicos en Espana, el hombre que todo lo sabia o deberia saberlo, andaba a tientas-. Buenas noches, Logan - anadio despues. Su mujer, sin la mascarilla del salon de belleza esta vez, quedo tan impactada al vernos juntos que fue incapaz de responder a mi saludo-. Creia que habia vuelto de Lisboa -continuo el agregado naval dirigiendose a Marcus. Dejo pasar otro soplo interminable de quietud y despues anadio-: Y no tenia constancia de que se conocieran.
Note que Marcus estaba a punto de hablar, pero no le deje. Aprete con fuerza su mano aun agarrada a la mia y el me entendio. Tampoco le mire: no quise ver si compartia con los Hillgarth su perplejidad, ni quise comprobar su reaccion al verlos sentados en aquel salon ajeno. Ya hablariamos mas tarde, cuando todo se hubiera calmado. Confiaba en que nos quedara para ello mucho tiempo.
En los grandes ojos claros de la esposa percibi una tremenda desorientacion. Ella era quien me habia dado las pautas para mi mision portuguesa, estaba completamente implicada en las acciones de su marido. Probablemente ambos estuvieran anudando a toda prisa los mismos cabos que yo termine de atar la ultima vez que el capitan y yo nos vimos. Da Costa y Lisboa, la llegada intempestiva de Marcus a Madrid, la misma informacion aportada por los dos con apenas unas horas de diferencia. Todo aquello, obviamente, no era fruto del azar. Como se les podia haber escapado.
–El agente Logan y yo nos conocemos desde hace anos, capitan, pero llevabamos bastante tiempo sin vernos y aun estamos terminando de ponernos al dia sobre las actividades de cada uno de nosotros -aclare entonces-. Yo ya estoy al tanto de sus circunstancias y responsabilidades; usted me ayudo enormemente hace muy poco. Por eso he pensado que tal vez tendria la amabilidad de colaborar tambien para informarle a el sobre las mias. Y de paso, tambien podra asi enterarse de ello mi padre. ?Ah, perdon! Habia olvidado decirselo: Gonzalo Alvarado es mi padre. Pierda cuidado: intentaremos dejarnos ver juntos en publico lo menos posible, pero entienda que me resultara imposible romper mi relacion con el.
Hillgarth no contesto: antes, desde debajo de sus cejas pobladas, volvio a observarnos a los dos con mirada de granito.
Imagine el desconcierto de Gonzalo; probablemente fuera tan intenso como el de Marcus, pero ninguno de los dos pronuncio siquiera una silaba. Tan solo, al igual que yo, se limitaron a esperar a que Hillgarth lograra digerir mi osadia. Su mujer, desconcertada, recurrio a un cigarrillo abriendo la pitillera con dedos nerviosos. Pasaron unos segundos incomodos en los que solo se oyo el chasqueo repetido de su encendedor. Hasta que el agregado naval por fin hablo.
–Si no lo aclaro yo, intuyo que lo hara usted de todas maneras…
–Me temo que no me dejara otra opcion -dije regalandole la mejor de mis sonrisas. Una sonrisa nueva: plena, segura y levemente desafiante.
Solo rompio el silencio el tintineo de los hielos contra el cristal al llevarse el whisky a la boca. Su mujer escondio la desorientacion tras una potente calada a su Craven A.
–Imagino que este es el precio que hay que pagar por lo que nos ha traido de Lisboa -dijo finalmente.
Por eso y por todas las misiones venideras en las que volvere a dejarme la piel, le doy mi palabra. Mi palabra de modista y mi palabra de espia.
69
Lo que recibi esta vez no fue un sobrio ramo de rosas atadas con una cinta llena de trazos codificados como acostumbraba a enviarme Hillgarth cuando queria transmitirme algun mensaje. Tampoco se trato de flores exoticas como las que me hizo llegar Manuel da Silva antes de decidir que lo mas conveniente para el era matarme. Lo que Marcus trajo a mi casa aquella noche fue tan solo algo pequeno y casi insignificante,
