Rememore aquellas peleas entre plato y plato de las que tantos dias fui testigo. Las raspas de los boquerones y los trozos de piel de melon africano, rugosa y amarilla, volando de un flanco a otro de la mesa. Las bromas venenosas y los improperios, los tenedores enhiestos como lanzas, los berridos de uno y otro bando. Las provocaciones y las amenazas de desahucio nunca cumplidas por la matutera. La mesa del comedor convertida en un autentico campo de batalla, efectivamente. Intente contener la risa triste. Las hermanas resecas, la madre gorda y unas cuantas vecinas, sentadas junto a la ventana y enlutadas todas de arriba abajo, continuaban desgranando los misterios del rosario con voz monotona y llorosa. Imagine por un segundo a don Anselmo en vida, con un Toledo en la comisura de la boca, gritando furibundo entre toses que dejaran de rezar por el de una punetera vez. Pero el maestro ya no estaba entre los vivos y ellas si. Y delante de su cuerpo muerto, por presente y caliente que aun estuviera, podian ya hacer lo que les viniera en gana. Nos sentamos Candelaria y yo junto a ellas, la patrona acoplo su voz al ritmo del rezo y yo fingi hacer lo mismo, pero mi mente andaba trotando por otros andurriales.

Senor, ten piedad de nosotros.

Cristo, ten piedad de nosotros.

Acerque mi silla de enea a la suya hasta que nuestros brazos se tocaron.

Senor, ten piedad de nosotros.

–Tengo que preguntarle una cosa, Candelaria -le susurre al oido.

Cristo, oyenos.

Cristo, escuchanos.

–Dime, mi alma -respondio en voz igualmente baja.

Dios Padre Celestial, ten piedad de nosotros.

Dios Hijo, redentor del mundo.

–Me he enterado de que andan sacando a gente de zona roja.

Dios Espiritu Santo.

Santisima Trinidad, que eres un solo Dios.

–Eso dicen…

Santa Maria, ruega por nosotros.

Santa Madre de Dios.

Santa Virgen de las Virgenes.

–?Puede usted enterarse de como lo hacen?

Madre de Cristo.

Madre de la Iglesia.

–?Para que quieres tu saberlo?

Madre de la divina gracia.

Madre purisima.

Madre castisima.

–Para sacar a mi madre de Madrid y traermela a Tetuan.

Madre virginal.

Madre inmaculada.

–Tendre que preguntar por ahi…

Madre amable.

Madre admirable.

–?Manana por la manana?

Madre del buen consejo.

Madre del Creador.

Madre del Salvador.

–En cuanto pueda. Y ahora callate ya y sigue rezando, a ver si entre todas subimos a don Anselmo al cielo.

El velatorio se prolongo hasta la madrugada. Al dia siguiente enterramos al maestro, con sepelio en la mision catolica, responso solemne y toda la parafernalia propia del mas fervoroso de los creyentes. Acompanamos el feretro al cementerio. Hacia mucho viento, como tantos otros dias en Tetuan: un viento molesto que alborotaba los velos, alzaba las faldas y hacia serpentear por el suelo las hojas de los eucaliptos. Mientras el sacerdote pronunciaba los ultimos latines, me incline hacia Candelaria y le transmiti mi curiosidad en un susurro.

–Si las hermanas decian que el maestro era un ateo hijo de Lucifer, no se como le han organizado este entierro.

–Dejate tu, dejate tu, a ver si se le va a quedar el alma vagando por los infiernos y va a venir luego su espiritu a tirarnos de los pies cuando estemos durmiendo…

Hice esfuerzos por no reir.

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