unas Ray-Ban de piloto. Luego fue a la parte de atras y abrio el maletero. La gran bolsa de nailon de profesional del tiro indicaba a un hombre que se tomaba muy en serio su trabajo. Contenia unos cascos contra el ruido, una escobilla para limpiar el canon, dianas de carton de doce centimetros, unas cajas de municiones Black Hill calibre 40 de Smith & Wesson, un cargador de recambio, un cargador rapido y una pistolera guateada, vacia. Pero no habia el menor indicio de por que lo habian asesinado.

Al oir el timbre del ascensor, Curtis se volvio y vio a Nathan Coleman que venia hacia el.

– ?Donde cono te has metido?

– En el jodido retrete -gruno Coleman-. ?Sabes lo que pasa? Pues que hay, como te diria, un modulo de mando al lado de la taza, con botones. Te lo dice todo, desde el tiempo que llevas alli hasta… no se, lo que has desayunado. Asi que al final comprendi que si no habia papel era porque te lavaba el culo mientras estabas alli sentado.

– ?Y tambien le ha sacado brillo? -rio Curtis.

– Hay como un jodido cepillo de dientes que sale de la taza y te mete un chorro de agua caliente por el ojete. Caliente de verdad, Frank. Esa puneta es como un rayo laser. Luego lanza aire caliente para secarte. ?Joder, Frank, tengo el culo como si hubiera pasado la noche con Rock Hudson!

Curtis tuvo que secarse las lagrimas de hilaridad que acudian a sus ojos.

– Pero ?que casa de putas es esta?

– El futuro, Nat. El culo escocido y los pantalones mojados. ?Has mirado los antecedentes?

– La victima tenia antecedentes penales. Acabo de recibir el fax en el coche.

– Te escucho.

– Dos condenas por estupefacientes y una por tenencia ilicita de armas, cumplio dos anos en la Met.

– Trae, dejamelo ver. -Curtis echo un vistazo al fax-. En la Met, ?eh? Quiza por eso se aficiono a la arquitectura moderna. Esa puta trena es como un hotel de lujo. ?Sabes una cosa?, no me sorprenderia que alli le hubiesen avalado al rellenar su solicitud para hacerse guarda jurado. -Meneo la cabeza con aire cansado-. ?Hay que joderse con las ordenanzas de esta ciudad sobre las licencias! A veces pienso que el cabron de Charlie Manson podria abrir una empresa de seguridad en Los Angeles.

– Es un sector en expansion, Frank, no cabe duda.

Curtis doblo el fax y se lo guardo en el bolsillo de la chaqueta.

– Me quedo con esto, Nat, por si tengo que ir al retrete.

– Parece que Gleig se porto bien desde que salio del trullo -observo Nat.

– A lo mejor habia vuelto a las andadas. -Curtis tendio a Coleman el carne de conducir de Sam Gleig-. Noventa y Dos y Vermont. Territorio de los Crip, ?no?

Coleman asintio.

– Puede que hiciera de camello a ratos perdidos.

– Quiza. En el coche no hay nada.

– ?Y en la bolsa?

– El tio se disponia a pasar el fin de semana en su club de tiro. Pero no hay droga.

– ?Y esos chavales de ahi fuera? Los chinos tienen sus redes de distribucion.

– No los he descartado.

– O puede que se les ocurriese llevar la protesta al interior del edificio, ?sabes? Y Sam trato de impedirselo. ?Quieres que hable con ellos?

– No, todavia no. Quiero que salgas pitando con los del laboratorio a casa de la victima, a ver si encontrais algo. Puedes darle la noticia a cualquiera que pregunte. Quiza encuentres alguna pista sobre sus amigos. Por ejemplo, ?son la clase de amigos que le hacian tener enemigos?

El motor que accionaba la puerta del garaje empezo a vibrar ruidosamente. Mientras Coleman volvia al ascensor, Curtis cerro el maletero del Plymouth y espero a ver quien salia del Lexus burdeos que bajaba por la rampa y se detenia a su lado.

– ?Que ocurre? -pregunto Mitch por la ventanilla abierta.

Curtis no recordaba su nombre, pero si se acordaba de la cara, por no hablar de la corbata de seda ni del Rolex de oro. El hombre que se apeo del coche era alto, de pelo negro y rizado, facciones bronceadas y cierto aire adolescente. Sus ojos azules eran vivos e inteligentes. El clasico individuo que podia ser tu vecino…, si es que vivias en Beverly Hills.

– ?Usted es el senor…?

– Bryan. Mitchell Bryan.

– Ya me acuerdo. Hay un problema, senor Bryan.

Curtis hizo una pausa y luego se lo explico.

Curtis miro por la ventana del piso veinticinco esperando que Mitchell Bryan volviera con el cafe. Seguia pensando en lo que Helen Hussey le habia dicho sobre las cabinas. ?Como habia descrito el concepto? No se que integrado. ?Despacho integrado? Al menos el tenia un despacho. Por lo menos habia un sitio que podia considerar suyo. Intento imaginarse el caos que se produciria en New Parker Center si todos los polis tuviesen que pelearse por los despachos. Parecia otra de esas odiosas ideas que se les ocurrian a las grandes empresas. Por una vez se alegro de no trabajar en una oficina y tener que tragarse toda la mierda que le echaran encima. Como era poli, el tambien podia echarles un poco a los demas.

– No se -dijo Mitch, volviendo con el cafe a los apartamentos privados del senor Yu-. Sam Gleig parecia un individuo bastante decente.

Se sentaron a la mesa de comedor Huali de la dinastia Ming que Mitch utilizaba como escritorio y bebieron un sorbo de cafe.

– Con frecuencia me quedo trabajando hasta tarde, y a veces charlabamos un poco. Sobre todo de deportes: los Dodgers. Y alguna vez iba a las carreras, a Santa Anita, creo. Una vez me dio un soplo. Pero no jugaba mucho. Diez dolares aqui y alla. -Sacudio la cabeza-. Es horroroso que haya pasado esto.

Curtis no dijo nada. A veces era mejor asi. Se dejaba que el interlocutor rompiera el silencio con la esperanza de que dijese algo util o interesante: algo que a uno no se le habria ocurrido preguntar.

– Pero mire, aunque vendiese droga, como sugiere usted, el no consumia. De eso estoy absolutamente seguro, en cualquier caso.

– Ah, ?y por que esta tan seguro, senor Bryan?

– Por este edificio, por eso -repuso Mitch, frunciendo el ceno-. Esto que quede entre nosotros, ?de acuerdo?

Curtis asintio con aire paciente.

– Bueno, pues al proyectar este edificio instalamos modulos en los servicios con arreglo a las especificaciones de nuestro cliente.

– He oido hablar de esos servicios. El despacho integrado es una cosa. Pero lo del retrete integrado no es lo mismo. -Solto una risita-. A mi companero casi le lavan el culo al vapor.

Mitch rio.

– Todavia hay que ajustar convenientemente algunas unidades. Pueden dar alguna buena sorpresa. Aun asi, es lo ultimo que se ha inventado. Y es mucho mas que una ducha de agua caliente, se lo aseguro. La tabla del asiento toma la presion sanguinea y la temperatura corporal, y la taza del retrete posee un dispositivo que hace un analisis de orina. En realidad, el ordenador comprueba que la persona no… Mire, se lo ensenare. -Mitch se inclino hacia el ordenador y selecciono una serie de opciones con el raton-. Ahi lo tiene. Azucar, acetona, creatina, compuestos nitrogenados, hemoglobina, mioglobina, aminoacidos y metabolitos, acido urico, urea, urobilina y coproporfirinas, pigmentos biliares, minerales, grasas y, por supuesto, una gran variedad de sustancias psicotropicas: desde luego, todas las prohibidas por la Oficina Federal de Narcoticos de los Estados Unidos.

– ?Eso pasa siempre que uno va al meadero?

– Siempre.

– ?Joder!

– Por ejemplo, una persona en la que se inicie una diabetes tendra un nivel alto de acetona en la orina, una enfermedad asi podria tener consecuencias en sus prestaciones laborales, por no hablar del seguro medico de la empresa.

– Y con las drogas, ?que pasa si el analisis es positivo?

– En primer lugar, el ordenador bloquea el terminal de esa persona y le deniega el uso de ascensores y

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