– Pero ?que es esto? ?Esta loco?

– Esos son tus derechos, aborto. Y ahora te dire lo que vamos a hacer. Voy a esposarte a esa farola y luego ire por mi coche y vendre a recogerte. Te llevaria conmigo, pero me figuro que tus amigos se enardecerian al verte detenido y estoy seguro de que no quieres armar alboroto. Por no hablar del bochorno que sufririas. Asi solo pasaras verguenza ante algun transeunte desconocido.

Curtis paso el delgado brazo de Cheng alrededor de la farola y cerro la otra esposa.

– ?Esta como una puta cabra!

– Ademas, mientras voy y vengo podras pensar un poco en esa historia que me has contado. Tendras tiempo de reflexionar. Y pensar en otra. -Curtis miro el reloj-. Volvere dentro de cinco minutos. Diez, como mucho. - Senalo hacia la Parrilla, que se erguia sobre ellos empequeneciendo a los edificios que tenia alrededor-. Si te preguntan, te has parado a admirar la arquitectura.

– ?Que chorrada!

– En eso estamos de acuerdo, muchacho.

– La cinta esta en marcha, Frank.

Cheng Peng Fei recorrio con la mirada la sala de video de New Parker Center.

– ?Que cinta?

– Estamos grabando en video este interrogatorio -dijo Curtis-. Para la posteridad. Aparte de para tu proteccion. ?Es este tu mejor perfil?

Coleman se sento junto a Curtis y frente a Cheng Peng Fei a una mesa en la que solo habia un objeto: una manivela para desmontar ruedas metida en una bolsa de plastico. Cheng hacia como si no la viese.

– Asi tu abogado no podra alegar que te hemos hecho confesar sacudiendote con esa manivela -intervino Coleman.

– ?Que tengo que confesar? No he hecho nada.

– Declara tu nombre y tu edad, por favor.

– Cheng Peng Fei. Veintidos anos.

– ?Deseas que este presente un abogado?

– No. Como he dicho, no he hecho nada.

– Esta manivela es tuya, ?verdad? -pregunto Coleman.

– ?Seria usted capaz de reconocer la suya? -replico Cheng, encogiendose de hombros.

– La tuya no esta en el maletero de tu coche -observo Coleman- Lo he comprobado. Esta herramienta fue arrojada contra el parabrisas del coche de Mitchell Bryan, un arquitecto que trabaja en el edificio de la Yu Corporation. Un Lexus color burdeos. Y tiene tus huellas.

– Bueno, si es mi manivela, las tendra, ?no? Tuve un pinchazo y cambie la rueda. Luego me fui y la deje en la calle.

– El incidente con la manivela ocurrio en el aparcamiento del restaurante Mon Kee, en North Spring Street - dijo Coleman-. Solo a unas manzanas de la Parrilla.

– Si usted lo dice.

– Al registrar tu apartamento, encontramos un recibo de Mastercard por una cena que te sirvieron alli la misma noche que rompieron el parabrisas de Bryan.

Chen Peng Fei permanecio un momento en silencio.

– De acuerdo. Rompi un parabrisas. Pero eso es todo. Se lo que tratan de hacer. Pero aunque su premisa sea correcta y yo rompiera el parabrisas de alguien que trabaja en la Parrilla, de ello no se desprende que su conclusion de que yo haya matado a un empleado de ese edificio sea cierta en absoluto. Ni diez mil premisas semejantes bastarian para establecer esa conclusion.

– ?Estudias Derecho, por casualidad? -pregunto Curtis.

– Empresariales.

– Pues tienes razon, desde luego -concedio Curtis-. Esa manivela no seia prueba suficiente, por si sola. Claro que a nosotros nos facilitaria las cosas demostrar que tenias un motivo: tu fanatica oposicion a la Yu Corp y a sus empleados.

– Chorradas.

– ?Donde estuviste anoche, Cheng?

– Me quede en casa leyendo un poco.

– ?Que leiste?

– Cultura de la organizacion y liderazgo, de Edgar H. Schein.

– ?No me jodas!

– ?Algun testigo?

– Estuve estudiando, no de juerga. Leyendo un libro.

– ?Que bebes cuando te vas de juerga? -inquirio Coleman.

– ?A que viene esa pregunta?

– ?Cerveza?

– A veces, si. Cerveza china. La cerveza americana no me gusta.

– ?Whisky?

– Claro. ?Y quien no?

– Yo. No lo puedo soportar -admitio Coleman.

– ?Y que prueba eso? Yo bebo whisky, usted no bebe whisky, el bebe whisky. Parece mi curso de ingles. ?Probamos el preterito indefinido?

– ?Bebes mucho whisky?

– ?Te has bebido alguna vez una botella con un amigo?

– No soy esa clase de bebedor.

– ?Que me dices de Sam Gleig? ?Alguna vez te has bebido una botella con el?

– Da la impresion de que son ustedes quienes le han estado dando a la botella. Yo nunca le he pedido ni le he dado nada. Ni siquiera la hora. -Cheng suspiro y se inclino sobre la mesa-. Oigan, reconozco haber roto el parabrisas. Lo siento mucho. Fue una estupidez. Habia tomado unas copas. Pagare los danos y perjuicios. Pero nunca he visto a ese tipo, tienen que creerme. Lamento que haya muerto, pero yo no tengo nada que ver con…

Curtis habia desplegado una fotocopia en color de la fotografia generada por el ordenador y la coloco en la mesa, junto a la manivela. Cheng la miro fijamente.

– Muestro al sujeto una fotografia suya y de la victima tomada en el vestibulo del edificio Parrilla.

– ?Que cono es esto?

– ?Niegas que seas tu?

– ?Negarlo? Pues claro que lo niego. Esto debe ser un montaje. Una composicion fotografica. Oiga, ?adonde quiere ir a parar?

– No quiero ir a parar a ningun sitio -replico Curtis-. Solo quiero averiguar la verdad. Asi que, ?por que no lo admites, Cheng?

– Yo no admito nada. Eso es mentira.

– Entraste en la Parrilla con una botella de whisky para Sam Gleig. Supongo que ya os conociais de antes. Os traiais algo entre manos. ?Que era? ?Droga? ?Un poco de heroina china, traida de casa?

– ?Que chorrada!

– O a lo mejor querias un favor. Que hiciera la vista gorda cuando pasaras a librarte de otra manivela. A romper algo. Pagandole por la molestia, naturalmente. Y quiza ibas a golpear a Sam para que todo resultase mas convincente. Solo que le diste demasiado fuerte. Luego te entro el panico y te largaste enseguida. ?No es eso lo que paso?

Cheng negaba con la cabeza. Estaba al borde de las lagrimas.

– Alguien esta tratando de incriminarme -aseguro.

– No eres tan importante, chinito -dijo Coleman, con una risita de desprecio-. ?Quien querria incriminarte?

– ?No esta claro? Pues la Yu Corporation, ?no? Son muy capaces, creame. Librandose de mi, a lo mejor se libraban de las protestas. Son mala publicidad para ellos.

– Y supongo que un asesinato en el edificio de sus oficinas es buena publicidad, ?no? -dijo Curtis-. Ademas, tu

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