y tus amigos ya no sois noticia. Deberas encontrar algo mejor, estudiantillo.
– Vamos, Cheng -tercio Nathan Coleman-. Confiesalo. Fuiste tu quien le abrio la cabeza. No creemos que lo hicieras a proposito. No eres de esos. Fue un accidente. Hablaremos con el fiscal y haremos que reduzcan la acusacion a homicidio en segundo grado. Tu papa pagara un buen abogado, quien alegara ante el tribunal que estudiabas demasiado, y probablemente te caeran de dos a cinco anos como maximo. A lo mejor te trasladan a una carcel privada y terminas los estudios antes de que te deporten a casa.
Cheng Peng Fei examino atentamente la fotografia y nego con la cabeza.
– No puede ser, estoy sonando -dijo, y luego anadio-: Quiza sea mejor que llame a un abogado, despues de todo.
Los dos inspectores suspendieron el interrogatorio y salieron al pasillo lleno de gente que habia frente a la puerta de la sala de video.
– ?Que te parece, Frank? ?Tenemos al culpable?
– No se, Nat. Pense que se desmoronaria al ver la foto. -Curtis se estiro con aire de cansancio y consulto su reloj-. Sera mejor que la examinen en el laboratorio.
– ?Crees que puede ser un montaje?
– Ese cabroncete va de farol, estoy seguro. Pero no se pierde nada comprobandolo antes de ir al fiscal. Ademas, tengo que recoger los resultados de la autopsia preliminar.
– ?Quieres que le siga trabajando?
Curtis asintio.
– Dale un cafe y procura tranquilizarlo un poco. Luego le sueltas un izquierdazo.
Curtis dio un punetazo de broma con la izquierda.
– ?Y que pasa con lo del abogado?
– Ya le has oido renunciar a ese derecho, ?no? No es un chico de la calle, Nat. Ese tio es un universitario. A nadie se le ocurrira decir que no entendio su Miranda.
El laboratorio de la Division de Investigacion Cientifica estaba en el sotano de New Parker Center. Curtis encontro a Charlie Seidler y Janet Bragg en la cafeteria, sacando un cafe de la maquina.
– ?Quieres uno, Frank? -pregunto Bragg.
– Gracias. Leche. Dos terrones.
– Es muy goloso -observo Seidler mientras Bragg pulsaba los botones de la maquina-. A ciertas edades se deberia tener mas cuidado con lo que se come y se bebe.
– Ah, muchas gracias, Charlie. Tu si que estas en esa edad. Ademas, necesito energia.
Se dirigieron al laboratorio.
– Bueno, Frank, los especialistas han registrado de arriba abajo el piso de tu sospechoso -informo Seidler-. No han encontrado nada. Nada en absoluto. Ni siquiera una botella de whisky.
Curtis dejo escapar un profundo suspiro y luego miro a la doctora Bragg. Ella le dio una carpeta que contenia tres hojas de papel y unas fotografias.
– Fue golpeado, y con mucha violencia, por un individuo muy fuerte -dijo, sin consultar sus notas-. El impacto causo fractura y aplastamiento del craneo y le rompio el cuello, por si fuera poco. Incluso le partio un diente. No puedo darte una idea concreta sobre el tipo de arma utilizada, aparte de que no era un baston, ni un bate de beisbol, ni nada cilindrico. Algo liso, mas bien. Como si le hubieran dejado caer un objeto sobre la cabeza. O sacudido con un trozo de acera. Y hay otra cosa. He echado un vistazo al pasaporte de tu sospechoso. Mide uno setenta de estatura y pesa alrededor de cincuenta y ocho kilos. A menos que Gleig estuviese arrodillado en el ascensor, no pudo haberle golpeado. Salvo que estuviese subido en una caja. Como Alan Ladd.
Bragg observo la decepcion que se dibujo en el rostro de Curtis.
– Si esta implicado, debe tener un complice. Mas alto y mas fuerte. De tu talla, quiza. Uno que tome el cafe con leche y dos terrones.
Curtis les mostro la fotografia.
– Entonces, ?por que tengo una foto con un solo sospechoso?
– Quien investiga eres tu, Frank -dijo Bragg.
– El sospechoso afirma que es un montaje, Charlie.
– ?Esto lo ha hecho un ordenador? -pregunto Seidler.
Curtis asintio con la cabeza.
– Me temo que no es mi especialidad -dijo Seidler, alzando los hombros-. Pero puedo probar con alguien. - Cogio el telefono y marco un numero-. ?Bill? Soy yo, Charlie. Escucha, estoy en el laboratorio con uno de la Criminal. ?Podrias venir un momento a darnos tu opinion sobre una cosa? Muchas gracias.
Seidler colgo el telefono.
– Bill Durham. Nuestro experto fotografico.
Un hombrecillo de barba negra entro apresuradamente. Seidler hizo las presentaciones y luego Curtis le mostro la fotografia.
Durham saco una lupa del bolsillo de su bata blanca y examino atentamente la imagen.
– Una fotografia convencional es facil de analizar -explico-. Y facil de autentificar. Se tiene la pelicula revelada, los negativos, los positivos, cosas palpables. Pero con algo generado por ordenador…, bueno, es otra historia. Nos las tenemos que ver con imagenes digitales. -Alzo la vista y concluyo-: No sabria decir si esto es un montaje o no.
– Pero ?es posible? -pregunto Curtis.
– Ah, claro que es posible. Se toman como base dos imagenes digitalizadas…
– Un momento, un momento -protesto Curtis.
– Son numeros. Un ordenador puede almacenar cualquier cosa en forma de numeros binarios. Hay una imagen del negro y otra del chino, ?no? Se separa la silueta del chino del fondo en el que se encuentra y luego se superpone en la fotografia donde esta el otro. Despues se tapan ambas figuras para unificar el fondo sin alterarlas. Con un poco de habilidad, se modifican las sombras para darles coherencia y quiza se anadan varios pixeles al azar para degradar un poco la imagen del negro y hacer que la granulacion se asemeje a la de la otra fotografia. Eso se almacena en el disco, en banda magnetica o lo que sea, el tiempo que haga falta. Para imprimirlo cuando se quiera.
Curtis hizo una mueca.
Durham sonrio. Notando la tecnofobia del policia, anadio para rematar la faena:
– El caso es, inspector Curtis, que nos acercamos rapidamente a una epoca en que ya no sera posible considerar una fotografia como prueba concluyente de algo.
– Como si el trabajo ya no fuese lo bastante duro -gruno Curtis-. ?Valgame Dios, vaya mundo de los cojones que nos estamos preparando!
Durham se encogio de hombros y miro a Seidler.
– ?Eso es todo?
– ?Frank?
– Si, muchas gracias.
Cuando Durham se hubo marchado, Curtis volvio al informe de la autopsia y repaso las fotos del cadaver de Sam Gleig.
– ?Dijiste como si alguien le hubiera dejado caer un objeto sobre la cabeza, Janet?
La doctora Bragg asintio.
– ?Como que?
– Un frigorifico. Un aparato de television. Un trozo de acera. Cualquier cosa plana, como te he dicho.
– Bueno, eso reduce mucho las posibilidades.
– Por otro lado -suspiro la doctora-, bueno, no es mas que una idea, Frank, pero podrias comprobar si ese ascensor funciona como es debido.
Libro cuarto
Juntos debemos estudiar, concebir y crear el nuevo edificio del futuro, que fundira todas las artes en una sola creacion integrada; la arquitectura, la pintura y la escultura, surgidas de las manos de un millon de artesanos, se elevaran al cielo como un simbolo cristalino de la nueva fe del futuro.
Walter Gropius
