– Nos haria falta una camara cenital -dijo Mitch.
– ?Quiere que vayamos a echar una mirada?
– No se molesten, le dire a Dukes que vaya.
Mitch cogio el telefono. Curtis sonrio a Beech.
– Asi que estamos encerrados, ?eh?
– Me temo que si.
– Supongo que es eso lo que quieren decir cuando aseguran que los ordenadores ahorran trabajo.
– ?Por que lo dice?
– Porque si no fuese por su ordenador de los cojones, ya estaria camino de mi despacho, para trabajar un poco.
En la planta baja, sono el telefono del mostrador holografico. Richardson se levanto de un salto del sofa de cuero negro y se precipito a descolgarlo.
– Soy Mitch, Ray.
– ?Que cono pasa? ?Es que Kenny no ha arreglado todavia el ordenador?
– Aun sigue en ello.
– ?Hay que joderse! Me parece que tendremos que volver arriba. Pero ocupate de que no vuelva a encontrarme con el estupido del poli.
– Antes de que subais, quiero que Dukes vaya a echar una mirada por la piscina. Abraham insiste en que Kay esta alli, pero no la veo en el circuito cerrado de television. La he llamado, pero no contesta. Tengo miedo de que le haya ocurrido un accidente.
Pensando que el tiempo que permaneceria encerrado alli dentro seria mas agradable junto a una Kay casi desnuda, Richardson propuso:
– Oye, eso puedo hacerlo yo. No hace falta un guarda jurado para averiguar si hay alguien en la piscina. Probablemente se estara haciendo una paja en una de esas camaras de flotacion. No te preocupes, yo me encargo.
Richardson colgo y lanzo una mirada hostil a la imagen en tiempo real de Kelly Pendry.
– Haz algo con la punetera musica del piano -ordeno en tono seco-. Mozart. Schubert. Bach. Incluso el maricon de Elton John, pero no la mierda que estas poniendo ahora. Algo para que no nos deprima el hecho de estar aqui encerrados. ?Entendido, cabeza hueca?
Kelly volvio a dirigirle su imperturbable sonrisa.
– Espere un momento, por favor. Intentare tramitar su peticion con la mayor premura.
– ?Y no es una peticion, sino una orden!
Volvio a los sofas, donde Joan aguardaba con Declan, Dukes y los dos pintores. Se dirigio a Joan como si no hubiera nadie mas.
– Sera mejor que subas. Puede que tengamos para rato. Arriba hay cafe. Y cerveza fria.
Olfateo el aire con recelo. No cabia duda. Olia a pescado. Menuda brisa marina.
– Y a lo mejor no huele tan mal como aqui.
– ?Adonde vas? -pregunto Joan.
– Mitch quiere que compruebe una cosa en la piscina. No tardare mucho.
– Entonces te esperare aqui.
– No hace falta. Arriba estaras mas comoda, y no tendras que escuchar esta horrorosa…
Mientras hablaba, concluyo la pieza de Glass y el piano ataco las
– De acuerdo -convino el-. Como quieras. Pero a lo mejor tardo un poco.
Declan se puso en pie.
– No me vendria mal un vaso de agua -anuncio. Habria dicho una cerveza si no hubiera tenido que llevarlos al aeropuerto-. Quiza sean imaginaciones mias, pero me parece que aqui abajo hace cada vez mas calor.
– Una cerveza estaria bien -manifesto uno de los dos pintores.
Los tres se dirigieron al ascensor.
– Creo que yo esperare en mi oficina -dijo Dukes-. De todas formas, nunca me ha gustado mucho el piano.
Richardson dirigio una sonrisa forzada a su mujer y se encamino hacia la zona del gimnasio. ?Sospechaba que podia haber algo entre Kay y el? Solo fue aquella vez, las ultimas navidades, despues de la fiesta de la oficina. Y no habia sido mas que un rapido toqueteo. Pero al verla en ropa interior recordo lo que habia disfrutado tratando de seducirla. Que era lo que Kay pretendia, desde luego. Y Joan quiza lo habia notado. A lo mejor le habia visto algo en los ojos. Al fin y al cabo, ella le conocia mejor que nadie.
Mientras recorria el pasillo curvo, semejante a un velodromo, se aflojo la corbata y se desabrocho el cuello de la camisa. Declan tenia razon, cada vez hacia mas calor. El sistema de aire acondicionado mas perfeccionado que habia y, a pesar de todo, aquello parecia un horno. Echo la culpa a Aidan Kenny y penso que era una suerte que aquellos problemas se presentasen en la inspeccion previa y no en la definitiva.
Al entrar en la cafeteria de la piscina, vio la ropa interior de encaje malva de Kay cerca de la entrada, donde ella la habia tirado, y sintio una oleada de excitacion. Recogio las bragas y se las guardo en el bolsillo, dudando entre quedarselas o devolverselas. A lo mejor le tomaba un poco el pelo con ellas. Sabia que aquella chica era capaz de aguantar una broma; y de devolverla, tambien. Y no era nada estrecha, ademas. El tatuaje le daba cierto aspecto de fascinante malhechora, penso. Y el pensar que habia sometido su piel al dolor quiza fuese lo que hacia tan atractivo aquel adorno.
– ?Kay! -llamo-. ?Carino, soy yo, Ray!
Entonces la vio, desnuda, flotando de espaldas junto al borde de la piscina, casi fuera del foco de la camara montada en la pared, con el vello pubico emergiendo sobre su cuerpo como un punadito de algas, y los grandes pechos con aquellos pezones como capullos de rosa que habia besado en la cocina. El rostro de Kay fue casi lo ultimo que miro. Su exclamacion de deseo se mudo en horror y asco.
Durante un momento permanecio tan quieto como su corazon, sin apartar los ojos de la joven. Luego se lanzo al agua, aunque sabia que era demasiado tarde. Kay Killen estaba muerta y bien muerta. Un accidente en la piscina, penso. Igual que Le Corbusier. Pero ?como habia podido ahogarse una persona que nadaba tan bien? La saco del agua y la izo sobre el borde. Que lastima, penso, una chica tan bella. ?Y que iba a decir ahora aquel pelmazo de policia?
La idea le hizo saltar fuera del agua y entregarse a un inutil boca a boca, tratando de revivirla. Una cosa era que estuviese muerta, pero no queria que Curtis le acusara de negligencia. Pero en cuanto sintio su boca retrocedio, presa de incontenibles arcadas por el penetrante sabor a quimica que tenian sus labios morados. Momentos despues vomito en la piscina.
Aidan Kenny trabajaba con el teclado, prefiriendo escribir sus ordenes a traves de los diversos subsistemas que habia creado en el directorio principal del SGE antes que formular verbalmente sus pensamientos. Sus gruesos dedos se movian con pericia y rapidez sobre las teclas.
– Pero ?donde te has metido, joder? -mascullo, escudrinando los centenares de instrucciones que desfilaban por la pantalla. Suspiro y se limpio las gafas con la corbata. Luego flexiono la nuca sobre las manos entrelazadas y volvio a teclear, con los dedos moviendose ahora con frenesi, como un experto estenografo en el gabinete de un abogado.
Hizo una mueca al equivocarse de tecla. La idea de que Ray Richardson estuviese esperando a que solucionara el problema le ponia nervioso. Empezo a manar sudor de las profundas arrugas de su frente. Con tanto dinero y tanto exito, ?por que tenia tan mal humor aquel hombre? No tenia motivo para hablarle asi al poli. Presentia que en cualquier momento iba a llamarle por telefono para insultarle, decirle que era un hijo de puta y echarle la culpa de aquella jodienda. Empezo a preparar su respuesta en alta voz.
– ?Es que es un sistema enorme, cono! Por fuerza tiene que haber algunos fallos. Desde que llevo trabajando aqui, hemos descubierto un centenar. Es inevitable, con algo tan complejo como el sistema de gestion de este edificio. Si todo funcionase siempre perfectamente desde el principio, yo no te haria falta.
Pero mientras decia eso, Aidan Kenny era consciente de que aun habia fallos que ni Bob Beech ni el habian llegado a comprender.
Como el codigo SITRESP de Allen Grabel.
