Helen se aparto la blusa de los pechos, agitandola para darse aire y luego, observando que la seda tenia grandes manchas en las axilas y pensando que estaria mas fresca sin ella, se la quito y la metio en el bolso. Si los hombres no le quitaban la vista de encima, se aguantaria. Cualquier cosa, antes que soportar aquel calor tan humedo.
Al salir cerro la puerta con firmeza. Estaba a punto de volver a la cocina a lavarse las manos cuando oyo el timbre del ascensor.
Le dio un vuelco el corazon. Por un momento creyo que llegaban a rescatarlos y que inmediatamente veria por el pasillo a un grupo de bomberos y policias.
Casi dio un brinco para celebrar su llegada.
– ?Gracias a Dios! -grito.
Pero nada mas decirlo comprendio que iba a llevarse un chasco. Nadie salia del ascensor. Aflojo el paso cuando un crujido, como si cascaran un enorme huevo, resono por el pasillo y nubes de aire frio se escaparon de las puertas que se abrian lentamente. Nadie saldria de aquel ascensor. Nadie vivo, al menos.
Helen se detuvo, con el corazon latiendole con fuerza. Mejor era no mirar, se dijo, pero queria estar segura antes de contarselo a los demas. Se puso frente al ascensor abierto, con el aliento condensandose en torno a su rostro como si entrara en una camara frigorifica. Pero el estremecimiento que sintio se debia a algo mas que al miedo y al frio glacial. Era como si la muerte extendiera su gelida y huesuda mano y la tocase.
No grito. No era de las que lo hacian. En las peliculas siempre la irritaban las mujeres que gritaban al encontrar un cadaver. Claro que el sentido del grito era dar un buen susto al publico; lo sabia, pero la molestaba de todos modos. En aquel momento habria estado justificado que gritase tres veces, dado que en el ascensor habia tres cadaveres, o que gritara tres veces mas fuerte de lo normal. En cambio, Helen se trago el horror, recobro el aliento y fue a avisar a Curtis.
Desde que se electrocuto, Willis Ellery estaba confuso y un poco sordo de un oido. Lo peor era que no podia mover bien el brazo izquierdo. Era como si hubiese sufrido un ataque cardiaco.
– Eso se debe a la anoxia, probablemente -le explico Curtis mientras le ayudaba a beber agua-. Tardara un tiempo en recobrar la normalidad. Creame, Willis, tiene una suerte cojonuda de estar vivo. Debe tener el corazon de un hipopotamo.
Curtis le examino las quemaduras de las palmas de las manos, con la marca de la llave inglesa y la piel chamuscada y llena de ampollas blancas del pulgar, por donde la electricidad se habia descargado de su cuerpo. Para prevenir la infeccion, Jenny Bao le habia vendado las manos con plastico transparente de envolver comida, y le habia dado unos analgesicos: Beech habia encontrado en su chaleco deportivo un frasco de Ibuprofen.
– Parece que Jenny le ha hecho un buen trabajo ahi -observo Curtis-. Este tranquilo, ?eh? Le mandaremos al hospital en cuanto sea posible.
Ellery esbozo una debil sonrisa.
El policia se levanto y se froto el hombro con el que se habia lanzado contra la puerta de los servicios y que ahora le dolia bastante.
– ?Como esta? -pregunto David Arnon.
Curtis dio media vuelta y se alejo del hombre tendido en el suelo.
– Nada bien. Puede haber alguna lesion cerebral. No se. Despues de lo que le ha pasado, tendria que estar en la unidad de cuidados intensivos. -Con un movimiento de cabeza, Curtis senalo el
– Casi a la mitad.
– Tengame al corriente. Tendremos que ayudarlos a pasar de las ramas a la galeria.
Vio a Helen Hussey parada en la puerta. Lo que le llamo primero la atencion fue el hecho de que no llevaba blusa, pero luego noto la palidez de su rostro y las lagrimas en sus mejillas. Se acerco a ella y la cogio del brazo.
– ?Que ocurre? -le pregunto-. ?Se encuentra bien?
– Yo estoy bien -aseguro ella-. Son los del ascensor. Los que estaban en el atrio. Estan ahi, dentro de la cabina. -Se llevo la mano a la frente-. Creo que sera mejor que me siente.
Jenny la ayudo a sentarse en una silla.
– Voy a echar un vistazo -anuncio Curtis.
– Le acompano -dijo Mitch.
David Arnon fue tras ellos.
Los tres fallecidos, cubiertos de blanca escarcha, yacian amontonados en un rincon de la congelada cabina como una desastrosa expedicion al Polo Sur. Con los ojos abiertos y una expresion tranquila, parecia que habian visto acercarse poco a poco a la muerte.
– ?Esto es increible! -comento Arnon-. ?Que alguien se muera de frio en Los Angeles! ?Es surrealista!
– ?Los dejamos aqui? -pregunto Mitch.
– No veo que podriamos hacer con ellos -contesto Curtis-. Ademas, estan hechos un bloque. Incluso con este calor tardariamos bastante en separarlos. No, de momento sera mejor dejarlos donde estan. -Lanzo una mirada a Mitch-. ?Le molesta?
Mitch se encogio de hombros.
– Estaba pensando que Abraham debe tener sus motivos para mandarnos aqui el ascensor.
– ?Quieres decir que pretende desmoralizarnos? -pregunto Arnon.
– Exacto. Demuestra un buen conocimiento de la psicologia humana, ?verdad?
– Desde luego, conmigo lo ha conseguido -confeso Curtis.
– En tal caso, Abraham quiza ya no sea un misterio. Hay que entenderlo como un mensaje. No muy agradable, pero no deja de ser una comunicacion. -Mitch hizo una pausa-. ?No lo comprendeis? Si Abraham se comunica con nosotros, quiza podamos nosotros comunicarnos con el. Si lo conseguimos, a lo mejor podemos hacer que se explique. ?Quien sabe? Incluso podriamos convencerle de que pusiera fin a toda esta historia.
Arnon se encogio de hombros.
– ?Por que no?
– Estoy seguro -prosiguio Mitch-. Un ordenador actua con logica. Solo tenemos que encontrar el argumento logico adecuado. Convencerle de que examine ciertos conceptos y esencias, los elementos logicos y objetivos del pensamiento que son comunes a diferentes mentalidades.
– En mi considerable experiencia en los tribunales -objeto Curtis-, he visto que toda tentativa de comprender la mentalidad del asesino suele ser una perdida de tiempo. Seria mejor que nos pusieramos de nuevo a buscar el modo de salir de aqui antes que acabemos como esos tres del ascensor.
– Una cosa no excluye la otra -arguyo Mitch.
– Estoy de acuerdo -concluyo Arnon-. Yo voto por una gestion diplomatica.
– Pero vayamos por partes -dijo Mitch-. Primero hay que ver si Beech puede establecer una especie de dialogo.
A unos sesenta metros sobre el atrio, Irving Dukes aparto con el pie el denso y correoso follaje del arbol y gateo a otra rama. Cuando estuvo instalado sin peligro, bajo la vista por el tronco y observo el avance de los otros dos.
Joan Richardson estaba a diez o quince metros mas abajo, trepando despacio. Le seguia el gilipollas de su marido, a un par de metros de distancia, dandole consejos como un implacable entrenador de rugby. Bajo ellos, el piano de cola del atrio parecia el ojo de una cerradura.
– A tu ritmo -oyo que decia Richardson-. Recuerda que no es una competicion.
– Pero te estoy retrasando, Ray -protesto ella-. ?Por que no subes con el senor Dukes?
– Porque no quiero dejarte sola.
– ?Sabes una cosa, Ray? Casi prefiero que lo hagas. Que me estes reganando continuamente no me ayuda mucho, ?sabes?
Dukes sonrio. Se lo tenia merecido. ?El muy capullo!
– ?Quien te regana? Solo trato de animarte, eso es todo. Y de estar cerca por si tienes dificultades.
– Pues dejame hacerlo a mi manera, y nada mas.
– Bueno, muy bien. Hazlo a tu manera. No volvere a abrir la boca, si eso es lo que quieres.
– Eso es lo que quiero -dijo Joan en tono firme.
Dukes alzo el puno y sonrio. Le estaba diciendo adonde podia marcharse.
