Joan trepo a la siguiente rama. Se froto los doloridos hombros y alzo la vista, buscando a Dukes. El la saludo con la mano.
– ?Como va eso? -grito.
– Joan se las arregla estupendamente.
?Gilipollas!
– Bien, creo. Y usted, ?que tal?
– Muy bien, senora, muy bien. Impaciente por beberme esa cerveza.
Dukes se agarro a la liana, se puso cuidadosamente en pie y miro hacia arriba. Solo faltaban veinticinco o treinta metros.
?Joder, que cerveza se iba a beber nada mas llegar! La idea le lleno de renovado entusiasmo. Se disponia a colgarse de nuevo de la liana cuando algo atrajo su mirada. Un delgado tubo de plastico transparente que corria hasta la copa del arbol. Lo observo mas de cerca y descubrio que estaba lleno de liquido. ?Por que no lo habia pensado antes? El arbol disponia de su propio suministro de agua. Solo tenia que romper el tubo para beber un trago. O mejor aun, pegar los labios al orificio del difusor…
Cuando acerco el rostro al orificio, algo rocio de pronto el aire.
Por un momento, Dukes experimento una sensacion de frescor casi mentolado en el cuello y las manos. Volvio a mirar al difusor y recibio otra nube de humedad.
Retrocedio instintivamente del tubito de plastico al sentir un dolor ardiente en los ojos, como si le hubieran rociado con gases lacrimogenos. Cerrando fuertemente los parpados, emitio un grito de dolor y se limpio la cara con la manga de la camisa.
Insecticida. Le habian rociado con insecticida.
– ?Senor Dukes? ?Esta bien?
Joan Richardson noto la rociada, vio las gotitas en las gafas de sol y comprendio inmediatamente lo que habia pasado. El veneno sintetico de contacto liberado por el tubo era un hidrocarburo clorado. Producia en la piel un efecto irritante y desagradable. En los ojos causaba ceguera. Grito cuando el insecticida le quemo brazos y piernas. Pero tras sus gafas oscuras, su vista permanecio intacta.
– ?Es veneno! -grito-. ?Nos han rociado con insecticida! ?Que no os entre en los ojos, por el amor de Dios!
Pero el aviso llegaba demasiado tarde para Dukes.
Gimiendo de dolor, abrio los parpados para descubrir que no veia nada salvo los mismos puntos rojos de antes, cuando los tenia firmemente cerrados; y los ojos le dolian cada vez mas a medida que aumentaban aquellas manchas.
– ?Joder! -grito, restregandose furiosamente los ojos con las manos perdidamente contaminadas-. ?Socorro…, estoy ciego!
– ?Joan? -grito Richardson-. ?Estas bien?
– Yo si, pero a Dukes se le ha metido en los ojos.
– ?Dukes? Aguante. Voy para alla.
Dukes no oyo a Richardson. Busco a tientas la liana, no la encontro y se agacho con el brazo extendido para sentarse a horcajadas en la rama, sin peligro, igual que antes.
Entonces experimento una nueva sensacion, con viento en la cara y una brusca afluencia de sangre a la cabeza, como cuando monto en la montana rusa de Disneylandia. Con subito horror, comprendio que habia caido del arbol, y la angustia del descubrimiento fue seguida de la idea de que el dolor de sus ojos pronto desapareceria.
– ?No! ?Detengase! -grito Joan-. ?Espere!
Comprendio la estupidez de pedir aquello a un hombre que se precipitaba en el vacio desde una altura de sesenta metros.
Richardson no vio caer a Dukes, solo oyo su descenso en picado, la corriente de aire y el ruido a su espalda, y luego la sostenida y dramatica reverberacion musical cuando el ciego vigilante aplasto la tapadera del piano en el atrio. Por un breve instante creyo que era Joan, y a punto estuvo de caerse tambien. Pero al levantar la cabeza vio que su culo seguia encima de el.
– ?Joan! -exclamo con alivio.
– Estoy bien.
– Crei que eras tu.
– ?Esta muerto?
Richardson lanzo una mirada por encima del hombro. No era facil distinguir algo desde aquella altura. Dukes yacia sobre el piano como un vagabundo borracho. No se movia.
– Me extranaria que no lo estuviera.
Trepo a la rama donde estaba Joan, se sento a su lado y emitio un hondo y tremulo suspiro.
– ?Que lastima! -exclamo. Y anadio-: Tenia el
– Ha sido horrible. Le he visto la cara cuando caia. Creo que no la olvidare mientras viva. ?Pobre Dukes! -Joan intento no hacer caso de la sensacion de vacio que tenia en el estomago. Cogio la mano de su marido y, apretandola, pregunto-: ?Ray? ?Crees que Abraham quiere matarnos a todos?
– No lo se, carino.
– ?Pobre Dukes! -repitio Joan.
– Toda la culpa la tiene el capullo de Aidan Kenny. De toda esta jodienda. Estoy seguro. -Un poco de los vapores de hidrocarburo que aun quedaban le entro en el pecho y le hizo toser-. Trata de no respirar esta cosa. Manten la cara lo mas alejada posible del tronco. Por si vuelve a repetirse. -Sacudio la cabeza con hastio-. ?Maldito seas, Kenny! ?Espero que
– No creo que eso arregle mucho las cosas -observo Joan. Se incorporo y, atisbando entre el follaje, gimio-: ?Por Dios santo!
– ?Te sientes con fuerzas para seguir?
Le temblaban las piernas, pero asintio y dijo:
– Solo quedan treinta metros.
Richardson le apreto la mano.
– No parece que te afecte mucho la altura -observo.
– No tanto como creia.
– Es tu sangre nativa. Dicen que los indios son los mejores albaniles de rascacielos. Tenias que verlos, Joan. Caminando por vigas de acero de quince centimetros de ancho, a casi cien metros de altura, como si fuesen por el bordillo de la acera.
– Si fuese el unico trabajo que encontraras, tu tambien te acostumbrarias -repuso mordazmente Joan-. Si no quisieras morirte de hambre.
Los nervios la ponian quisquillosa.
Richardson se encogio de hombros.
– Supongo que tienes razon. Pero este no es el sitio adecuado para una leccion sobre lo politicamente correcto, ?no te parece?
– Quiza no -replico Joan-. Pero ?que me dices de la ley del movimiento uniformemente acelerado, de Galileo? Un nativo norteamericano caeria a la misma velocidad que un blanco.
Se pregunto cuando le tocaria a ella.
Bob Beech estaba bebiendo una cerveza y comiendo una bolsa de patatas fritas. Con los pies descalzos sobre la mesa de la sala del consejo de administracion, observaba el reloj de lectura directa del terminal, como si todavia esperase que el programa GABRIEL iniciara su labor de desmantelamiento.
Escucho a Mitch y se quedo pensando un momento.
– Seria mucho mas facil si estuviera en contacto verbal con Abraham -dijo al cabo-. Pasar por el teclado complica las cosas. Ademas, ni la filosofia ni la logica se me dan muy bien. Ni siquiera estoy seguro de que la logica tenga algo que ver con la moral. Porque en cierto modo eso parece que estas sugiriendo: que recurramos a algo mas elevado que la propia logica de Abraham. Con logica no resolveremos nada, Mitch.
– Mira, ante todo tenemos que tratar de comprender lo que ocurre en la memoria de Abraham -repuso Mitch-. Cuando logremos entenderlo, entonces podremos actuar, pero no antes. Asi que de momento dejemos a un lado la moral o lo que sea, ?vale?
