Richardson dio a Mitch una palmada en la espalda.

– Bueno, entonces parece que Mitch va a terminar haciendo de Bruce Willis..

La noche del sabado no aporto ningun alivio al calor. Hacia la misma temperatura que en el capo de un coche durante un embotellamiento de la Freeway en el mes de octubre. El sudor chorreaba de los cuerpos vivos encerrados en la Parrilla.

Antes de que Mitch emprendiera su voluntaria mision, Jenny lo acompano por el pasillo y, torciendo la esquina, lo condujo a una estancia que daba sobre la Pasadena Freeway. El trafico fluia en direccion norte y sur mientras un helicoptero de la emisora sensacionalista de television KTLA sobrevolaba el brumoso centro de la ciudad. Jenny se pregunto cuanto tiempo tardaria el helicoptero del programa Desayuno en Los Angeles en captar subrepticiamente algunas imagenes macabras cuando sacaran sus cadaveres del edificio. Como el dia que los camaras de la sensacionalista emisora sorprendieron desde un helicoptero el regreso a California de un Rock Hudson en la fase terminal del sida, o la paliza que dieron a Reginald Denny durante las revueltas de Los Angeles. ?Seria entonces cuando lograria sus quince minutos de fama? Agito los brazos desesperadamente con la esperanza de que la vieran, pero el helicoptero, ya del tamano de un insecto, se alejaba por Little Saigon y Korea Town en busca de otra persecucion de coches o de otro atraco a mano armada. Miro a Mitch.

– Menudo lio, ?verdad? -dijo el.

– Pero yo estoy aqui, contigo -repuso ella-. Eso es lo unico que importa. Ademas, los lios no me dan miedo. Una vez estuve casada con uno.

Mitch solto una carcajada.

– Pensaba en lo que diria Alison cuando le contara donde he estado -sonrio-. Si es que vivo para contarlo. Probablemente estara ahora con su abogado, arreglando los papeles del divorcio. Pero me gustaria ver su cara cuando descubra que, por una vez, no la estaba enganando.

– Abrazame, Mitch.

– ?Eh?

Le rodeo la cintura con los brazos y la beso en la mejilla.

– Queria decirte que tuvieses cuidado.

– Lo tendre.

– Y que te quiero.

– Yo tambien te quiero.

– ?Estas seguro?

Mitch se dejo besar como si estuviera saboreando la fruta mas fina y exotica. Cuando se aparto, Jenny tenia en los ojos una expresion voluptuosa y sonadora, como si el beso la hubiera embriagado ligeramente.

– Si. -Volvio a estrecharla en sus brazos-. Estoy seguro.

– ?Sabes, Mitch? Estaria bien que ahora hicieramos…, ya sabes…

– ?Que hicieramos que?

Desprendiendose de sus brazos, Jenny se hurgo bajo la falda. Por un breve instante, Mitch penso que le habria picado un insecto. Ella levanto un pie y luego el otro de la blanca figura en forma de ocho que le habia aparecido magicamente en torno a los tobillos y, haciendo girar las bragas con el dedo indice, senalo su rendicion.

– ?Y si llega alguien? -dijo nerviosamente Mitch.

– ?Te parece que yo no quiero llegar? -repuso ella, cogiendole el dedo medio y chupandolo con indecente intencion.

– ?Es por si no vuelvo?

– Al contrario.

Ella le cogio la mano y se la puso sobre el vello que ondeaba como una vela de mesana en su bajo vientre, para luego guiar hacia dentro el humedo dedo hasta hacerlo desaparecer. Devolviendolo a la luz como un prestidigitador, anadio:

– Es para estar segura de que volveras.

Le bajo la cremallera del pantalon y tomo su ereccion en la mano, lo atrajo hacia ella y doblo una pierna en torno a su cintura.

– ?Y que pasa con tu…, ya sabes, tu diafragma?

Jenny rio y maniobro para ponerse en posicion.

– Carino, ?quieres que vaya a casa a buscarlo de una carrera?

– Pero suponte que te quedas…

– ?Embarazada?

Volvio a reirse y luego emitio un leve gemido cuando el la penetro.

– Mitch, carino, ?no crees que ya tenemos bastantes preocupaciones para pensar ahora en eso?

Mitch se preparo para bajar al pozo de ventilacion. Llevaba en bandolera el bolso de Jenny, en el que habia metido algunas herramientas y una botella de cerveza llena de agua mineral. Jenny y Curtis lo acompanaron hasta el local tecnico y le vieron forzar la puerta contra incendios.

Fue Jenny quien primero echo una mirada al interior del pozo de ventilacion. Media alrededor de un metro cuadrado y penso que debia de ser tan incomodo como un ataud. Su cabeza activo un sensor que encendio una bombilla alimentada por bateria, y se iluminaron varias filas de cables de datos, un detector de humo, un telefono y una escalera metalica fija en la pared, de unos treinta centimetros de ancho, que descendia hacia la fresca oscuridad.

– Creia que ahi dentro haria mas calor -observo ella-, con todos esos cables. Sabes, Mitch, valdria la pena bajar contigo solo para tener menos calor. ?Que le parece, Curtis?

– Ni hablar. Tengo claustrofobia.

– Hay aire acondicionado -explico Mitch-. Para combatir el exceso de calor. Ismael tiene que proteger la integridad del sistema de cables.

– Podriamos cortar algunos de esos espaguetis -sugirio Curtis-. A lo mejor le frenabamos un poco.

– Despues de lo que le paso a Willis Ellery, yo no lo intentaria -repuso Mitch.

– ?Esta seguro de que no hay peligro?

– Esto sirve sobre todo para las telecomunicaciones. La red local. Unidades para multiestaciones activas de acceso a Token Ring o para conectar con Ethernet. Cosas asi. No deberia haber peligro. Digamos treinta minutos como maximo para llegar a la primera planta. Luego otros diez o quince para llegar al atrio y llamar por radio arriba. -Asintio con la cabeza-. Si, tardare unos cuarenta y cinco minutos.

– Ten cuidado, Mitch -insistio Jenny.

– Lo tendre -dijo el, y empezo a bajar por la escalera.

Vibraba ligeramente, y la impresion que sintio en manos y pies fue tan desagradable que basto para que se le revolviera el estomago, haciendole salir rapidamente de la escalera y entrar de nuevo en el local.

– ?Que ocurre?

– La escalera vibra -dijo Mitch, frotandose nerviosamente las manos-. No se. El aire acondicionado, supongo. Pero por un momento pense…

– Deja que vaya yo -le pidio Jenny.

Mitch sacudio la cabeza.

– Gracias, carino, pero tu no sabrias desmontar el holograma.

Volvio a la escalera y la aferro con firmeza. Ahora que esperaba escucharlo, oyo el ronroneo de la electricidad que corria por el sistema estructurado de cables como el zumbido de una enorme avispa dormida. Lanzo a Jenny una ultima y larga mirada y penso en el momento, no tan lejano, en que habia estado entre sus piernas, soltando su semilla en ella. Ahora se alegraba de no haber utilizado anticonceptivos. Penso en los millones de minusculos espermatozoides serpenteando hacia su ovulo. Si no se salvaba, al menos quiza quedaria algo de el. Suponiendo que ella sobreviviese.

– Si me ocurre algo -les dijo-, tendreis que seguir intentandolo. ?Entendeis? No os rindais.

Curtis se encogio de hombros.

– Lo intentaremos. Pero usted lo conseguira. Estoy seguro.

Mitch alzo la mano y acaricio la mejilla de Jenny. Se oyo el crujido de una pequena descarga estatica y ella grito. Los tres emitieron una risa nerviosa.

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