– ?Helen? ?Y en la caja de herramientas? ?No hay una linterna? -Era el poli-. ?Funciona la cocina?
– Voy a ver -dijo ella.
– Si funciona, busque algo para prender. Con un periodico enrollado hariamos una buena antorcha. ?Ray? Escucheme, Ray.
– ?Mierda! ?Mierda! ?Mierda!
– Oiga, Ray. No mueva un solo musculo. No haga ni punetera cosa hasta que yo se lo diga. ?Entiende?
– No me abandonaran, ?verdad?
– Nadie va a moverse de aqui hasta que usted haya cruzado, senor. Solo debe tener paciencia. Este tranquilo. Enseguida le traeremos aqui.
Mitch sacudio la cabeza en la oscuridad. Desde el comienzo de la horrorosa experiencia habia oido demasiadas afirmaciones optimistas como aquella. Se puso la mano frente a la cara y solo vio la esfera luminosa del reloj.
Helen volvio con malas noticias: no habia electricidad en la cocina, ni en ningun sitio. Menos en el terminal del ordenador.
– ?Sigue el capullo ese jugando con el ordenador?
– Si.
– Que alguien haga algo -gimio Joan-. No podemos dejarlo asi, a oscuras.
– Un momento -dijo David Arnon-. Creo que tengo algo.
Oyeron el tintineo de unas llaves y luego vieron una tenue luz electrica, como un alfilerazo en la oscuridad.
– Es mi llavero -explico-. Toma, Mitch, cogelo tu. Si Ray camina hacia el… Ya sabes, como un faro.
Mitch cogio las llaves y mantuvo la diminuta linterna frente a su rostro. Se inclino sobre la balaustrada y apunto el tenue rayo de luz hacia el hombre varado.
– ?Ray? La luz esta colocada en el centro de la mesa invertida. El borde esta a un metro de donde tu te encuentras ahora.
– Si. Alcanzo a verlo. Me parece.
– En cuanto notes que la rama empieza a doblarse, levanta la pierna todo lo que puedas y da un paso largo. Pero no sueltes la cuerda, como antes. ?Puedes hacerlo, Ray?
– Vale -dijo debilmente-. Ya voy.
Mitch apenas le distinguia cuando empezo a avanzar despacio por la rama. Parecia un astronauta de paseo por el espacio, y la lucecita era la estrella mas lejana de aquel universo negro como la tinta. Entonces oyo el rumor del espeso follaje del arbol y comprendio que la rama empezaba a ceder. Grito a Richardson que saltara.
Sujetando las patas de la mesa invertida, Curtis y Arnon se prepararon para resistir el impacto mientras Helen se santiguaba.
Ray Richardson salto.
El primer pie aterrizo limpiamente, pero el segundo resbalo en el liston interior del tablero, que formaba una especie de caja. Mientras caia hacia delante, Richardson lanzo un grito que fue coreado por otro aun mas fuerte de su mujer. Pero en vez de ser engullido por el abismo de sombra que se abria a sus pies, fue a dar de rodillas en la mesa, golpeandose la cabeza contra el cristal de la galeria y desencadenando un ruido como el de un trueno cercano.
– Ya esta -dijo Mitch.
– No me digas -gruno Arnon mientras cargaba con el peso muerto de su jefe.
Sin hacer caso del vivo dolor de una esquirla que se le habia metido como un clavo en la palma de la mano, Richardson se incorporo, extendio los brazos hacia la balaustrada y sintio que Mitch se inclinaba hacia el para cogerlo firmemente de la muneca.
– ?Lo tengo! -exclamo Mitch, al tiempo que oia un seco crujido bajo su pecho, como un banco de hielo al romperse.
– ?Cuidado! -grito Curtis.
El cristal habia cedido al fin.
– ?Lo tengo! -repitio Mitch, alzando la voz.
Sin el apoyo del cristal, la mesa empezo a oscilar sobre el reborde de la galeria. Curtis grito a Arnon que la soltara, y trataba de echarse hacia atras cuando el tablero le golpeo bajo el men ton, dejandole inconsciente. Helen Hussey se arrojo sobre el.
Mitch jadeo, notando que la mesa empezaba a deslizarse a sus pies. Con las rodillas en el aire, ya no pegadas con rigidez al cristal, sino cerca del pecho dolorosamente comprimido por la lisa barandilla de aluminio, alargo el brazo libre para coger a Richardson de la otra muneca, y logro sujetarlo. Aunque hubiese querido agarrar a David Arnon del cuello de la camisa, no hubiese podido. No habia tiempo para nada, salvo quiza para otra reaccion fotoquimica cuando, a treinta metros por encima de sus cabezas, los atomos de plata de la vidriera devolvieron a los iones de cobre los electrones prestados y, en un abrir y cerrar de ojos, nuevamente empezaron a dar paso a la luz del dia. La primera y ultima vision que Mitch tuvo de la alargada silueta de Arnon, que aun sujetaba la pata de la mesa invertida, fue cuando desaparecio por el espacio vacio de la balaustrada, como Houdini lanzandose en un barril por las cataratas del Niagara.
– ?No me sueltes, Mitch! -grito Richardson.
Se encaramo con las piernas al hueco que unos momentos antes llenaba el panel de vidrio y, con ayuda de Mitch y Joan, se puso a salvo.
Una lluvia de cristales resono en la distancia, seguida, una fraccion de segundo despues, del enorme estruendo que hizo la mesa al aplastarse en el suelo del atrio.
Tras haber estado a punto de caer por encima de la combada barandilla debido al desesperado esfuerzo de Richardson, Mitch se echo hacia atras y se derrumbo sobre Helen y Curtis, cortando la respiracion a su colega. Apartandose de ella, se quedo tendido de espaldas, tratando de quitarse de la cabeza lo que acababa de suceder.
Penso en Alison. Quiza ya no la quisiera, pero seguia siendo su mujer y se alegro de que al menos no se quedaria en la calle. No habia deudas, propiamente dichas. La casa estaba pagada. Tenia unos diez mil dolares en la cuenta corriente, doscientos mil a plazo fijo y otros cien mil en valores mobiliarios. Luego estaba el seguro de vida. Penso que al menos habria suscrito tres o cuatro polizas.
Se pregunto dentro de cuanto tiempo podria reclamarlas.
– ?Como se encuentra? -pregunto Helen-. Fue un buen gancho.
Curtis movio la mandibula con dificultad. Tenia la cabeza sobre el regazo de Helen. Le parecia que no podia estar en mejor sitio. Era una mujer atractiva. Estuvo a punto de decir: «Vivire.» Pero se contuvo. No estaba tan seguro de ganar aquella apuesta.
– He tenido suerte. Por una vez he mantenido la boca cerrada. -Se incorporo y giro dolorosamente la cabeza-. Aunque me siento como si me hubieran dado una buena paliza. ?Cuanto tiempo he estado inconsciente?
Helen se encogio de hombros.
– Un par de minutos.
Helen le ayudo a ponerse en pie y el se quedo mirando el hueco de la balaustrada.
– ?Y Arnon?
Helen meneo la cabeza.
– ?Pobre David! -dijo Joan-. ?Ha sido horroroso!
– Si, pobrecillo -dijo su marido, como un eco. Acabo de vendarse el sangrante corte de la mano y atisbo cautelosamente sobre la barandilla-. Para el se acabaron las penas, supongo. -Emitio un suspiro-. Venga, Joan. Vamos a tomar esa cerveza. Nos la hemos merecido.
Al encontrarse con la humeda mirada de Curtis, movio la cabeza con aire sombrio y anadio:
– Gracias, inspector. Muchas gracias. Le agradezco lo que ha hecho. Los dos le estamos muy agradecidos.
– Olvidelo -repuso Curtis-. A mi tambien me apetece beber algo.
Fueron a la cocina, donde cogieron unas cervezas de la nevera antes de pasar a la sala de juntas.
Mitch y Marty Birnbaum miraban sombriamente al suelo. Willis Ellery estaba tendido junto a la pared. Parecia dormido. Jenny miraba por la ventana. Y Beech seguia frente a la pantalla, donde un tablero de ajedrez
