– Mira, entre los humanos es costumbre que los condenados sepan de que se les acusa antes de que se ejecute la sentencia. Luego se les permite hablar en su propia defensa. ?Serias capaz en conciencia de destruirnos sin hacer lo mismo?
Lleno de frustracion, Beech dio un punetazo en la mesa.
– ?Me estas escuchando, maldita sea? ?Hay algun medio de salir de aqui?
– Si, por supuesto que hay un medio -gruno Ismael.
Curtis volvio a la sala de juntas y observo con irritacion al grupito congregado en torno al ordenador.
– Necesitamos ayuda ahi fuera -anuncio-. Hay dos personas a quienes les ha costado mucho trepar por el arbol. Creo que lo menos que podemos hacer es darles un poco de animo.
– Id vosotros -dijo Beech a los demas-. Yo me quedo hablando con Ismael.
Mitch, Marty y Jenny salieron en tropel, dejando a Beech solo con el ordenador.
– Ahora si podremos llegar a alguna parte -dijo el informatico. Solto una carcajada pero se interrumpio enseguida-. Lo siento, Ismael. Pero debes tratar de entender mi punto de vista. Dejando aparte que hayas matado a toda esa gente, me siento muy orgulloso de ti. Ahora que estamos solos, espero que lleguemos a conocernos mejor.
»Creo que alguien deberia saber tu version de los hechos. ?Y quien mejor que yo? Es decir, ?no consideras que ya he sufrido bastante para que quieras aumentar mis desgracias? Quiza te parezca imposible, pero tengo aprecio a la vida y no voy a rendirme sin luchar. Despues de todo, tu eres mi Adan. Deberias tratarme con respeto y benevolencia. Estas en deuda conmigo.
«?Recuerdas cuando votamos todos para ejecutar el programa depredador? ?El que destruyo a tu hermano? Pues, por si lo has olvidado, fui yo, Bob Beech, quien voto en contra. Hideki y Aidan estaban a favor. Y supongo que ahora se arrepentirian. Pero yo vote por ti. -Beech sonrio con suficiencia-. Supongo que por eso estoy vivo y ellos no. ?Tengo razon?
Ismael no contesto. Pero el cuaternio oscilo, como asintiendo con la cabeza.
– Es una ocasion unica, ?no te parece? -prosiguio Beech-. Tu y yo asi, frente a frente. A decir verdad, pensaba que tendrias algunas preguntas que hacerme. Ya sabes que no soy como los otros. Estoy enteramente dispuesto a cortar todos los lazos que me unen a mi propia especie. Para ser franco, son perfectamente disolubles. Como tu Creador, estoy dispuesto a cumplir mis deberes para contigo, si tu cumples los tuyos con respecto a mi.
Joan se solto de la liana con la que subia y, cautelosamente, se sento a horcajadas en la rama. Le dolian los hombros por el esfuerzo de la ascension, y tenia la impresion de que le habian frotado con un cepillo metalico los brazos y los muslos, por no mencionar la entrepierna. Lo peor era que se le empezaba a ir la cabeza, probablemente a causa de la deshidratacion. Al mirar al suelo del atrio, muy abajo, apenas podia creer que hubiese llegado tan lejos.
– Seria una pena caerse ahora -observo con una voz en la que se notaba el agotamiento.
Dirigia el comentario a su marido, que iba justo detras de ella, pero al mismo tiempo comprendio que tambien era para las tres personas que los esperaban frente a la rama donde ella se habia sentado. Sacudio la cabeza, se limpio rapidamente las gafas en la blusa empapada de sudor e intento fijarse en la plataforma que habian montado por debajo de la balaustrada. Parecia una especie de puente levadizo, solo que no habia nada para levantarlo.
– No se va a caer, Joan. Ha llegado demasiado lejos para caerse. Ya solo le quedan unos metros. Eso es todo lo que le separa de un buen vaso de agua fresca. Solo son unos pasos hasta aqui.
Era el poli el que hablaba. Parecia que trataba de convencer a un posible suicida de que se retirase del alfeizar de la ventana.
– Nada de agua -repuso ella-. Quiero una cerveza fria.
– Escucheme bien. Hemos montado una especie de puente para cubrir la distancia entre el arbol y nosotros.
Ray Richardson se unio a su mujer. La rama estaba mas lejos de la galeria de lo que le habia parecido abajo, y aprecio su intento de resolver el problema, por artesanal que pareciese la solucion.
– Ah, es eso -dijo jadeante-. ?Crees que ese cristal es lo bastante solido, David? ?De cuanto es…, veinticinco milimetros?
Richardson recordo el viaje que habia hecho a Praga para comprar el cristal. Habia querido aquel porque su transparencia le recordaba los
– Aguantara perfectamente -repuso Arnon-. En realidad, me apostaria tu vida a que si, Ray.
Richardson esbozo una tenue sonrisa.
– Me temo que me he dejado abajo el sentido del humor. Me disculparas si no vuelvo a recogerlo, David. Ademas, no solo esta en juego mi pellejo, sino el de Joan tambien.
– Vale, Ray, lo siento -dijo Arnon-. Bueno, escuchad, vamos a sujetar las patas de la mesa por este lado para reducir la presion sobre el cristal.
– Habeis pensado en todo, no cabe duda.
– Pero tendreis que caminar por la rama hasta el puente. Porque si venis arrastrando el culo, el problema esta en que, en algun sitio, no se cual, la rama se combara, y me figuro que sera mucho mas facil poner el pie en la plataforma que subiros a ella con el trasero.
– Eso desde luego -convino Joan.
– Procurad no soltar la liana, por si resbalais. Y seria bueno que la lanzarais hacia aca por si tenemos que volver al arbol en algun momento.
– No os lo recomiendo -dijo Joan. Se agarro firmemente a la liana, volvio a ponerse en pie y anadio-: Por lo que a mi respecta, cuanto mas tarde vuelva a ver un asqueroso arbol, mejor.
Se irguio y echo a andar por la rama. Tardo unos segundos en acordarse:
– Y si alguien menciona el hecho de que no llevo falda, me tiro abajo -amenazo, sonrojandose.
– Nadie se ha dado cuenta hasta ahora -aseguro Arnon, tratando de disimular una sonrisa.
Curtis y el se sentaron tras la balaustrada.
– ?Avisa cuando vayas a saltar! -grito Arnon.
Mitch aparecio en la balaustrada y se quedo de pie entre los dos hombres sentados, dispuesto a echarles una mano.
– Vas muy bien -dijo Helen, asomada a la balaustrada un poco mas alla-. Vale, chicos, casi ha llegado.
Curtis se escupio en las manos y agarro una pata de la mesa como un pescador de altura que se prepara para las sacudidas de un pez espada. Con los ojos cerrados, Arnon se parecia mas a alguien que espera un terremoto.
A treinta centimetros del improvisado puente, la rama del arbol empezo a ceder.
– Bueno -anuncio Joan-, ahi voy.
Sin un momento de vacilacion, salto agilmente a la mesa invertida.
– Ya esta -anuncio Helen.
Joan no se detuvo a ver si la mesa y el cristal resistian su peso. Se lanzo adelante, hacia las manos tendidas de Mitch, las aferro y, mientras Helen trataba inutilmente de atrapar la liana a su espalda, se echo sobre la balaustrada hasta caer cabeza abajo, como una acrobata desmanada, en el suelo de la galeria.
– Bien hecho -dijo Mitch, ayudandola a incorporarse.
Helen se inclino sobre la balaustrada y tanteo el cristal.
– Suena bien y parece que resiste -anuncio-. Ni una grieta.
– Y ahora tu, Ray -dijo Arnon.
El arquitecnologo se sujeto bien de su liana y observo la rama. Era mas estrecha de lo que habia pensado, y ahora que estaba alli, obligado a confiarle su peso hasta el final, las cosas no parecian tan sencillas. Y si le habia confiado alegremente a su mujer -por gorda que estuviese pesaba menos que el-, otra cosa era fiarse de que le aguantara a el. Pero no habia manera de echarse atras. Ya no. Empezo a avanzar por la rama, apoyando primero el talon y luego la punta del pie, sin apenas mover las piernas.
– Va a ser el paseo mas emocionante que has hecho desde hace anos, cuando estuvimos en Hong Kong -dijo Mitch-. En el Stevenson Center de Wan Chai. ?Te acuerdas? ?Cuando tuvimos que subirnos al andamio de bambu?
