blancos del Britannia, Nicky Vallbona y Webb Garwood, riendo a carcajadas y soltando los chistes de peor gusto. Kate se preguntaba si Bowen se habia dado siquiera cuenta de que estaban alli.

Habia oido decir a algunos hombres -Howard entre ellos- que el porno era aburrido, pero por alguna razon nunca los habia creido. El aspecto de Bowen era cualquier cosa menos aburrido. Incluso en la penumbra de la sala del Jade podia ver el ligero velo de sudor que brillaba por encima de su labio superior, sudor que secaba periodicamente con el dorso de la mano. Pero, al cabo de un rato, se dio cuenta de que ella si que se aburria. No era tanto la ausencia de argumento lo que encontraba tedioso como la monotonia de la accion, como si lo que se ponia en escena fuera un ritual. La chica siempre se la chupaba a el antes de que el hiciera lo mismo con ella; luego, el la penetraba por la vagina como preludio a la sodomia, antes de que, finalmente, eyaculara encima de su cara como si mediante este acto final de degradacion se desvelara la realidad de lo que estaba sucediendo. Para Kate este acto final del ritual ponia de relieve lo irreal del porno: ningun hombre habia eyaculado nunca encima de su cara y, si eso llegara a suceder -pobre del tio que pensara que podia hacerlo impunemente- no estaria en absoluto dispuesta a tratar aquella descarga como si fuera el mas exquisito Beluga.

– ?Todavia no estas asqueada? -pregunto Dave sentandose a su lado.

– ?Donde has estado?

– Me entretuve. ?Sabias que Calgary Stanford esta en el barco?

– ?El actor de cine?

– He estado hablando con el.

– ?Que tal es?

– Bastante corriente, la verdad.

Dave miro alrededor de la pequena sala y vio a Al, y luego a uno de los tipos del Baby Doc. La cara de Al parecia salida de un cuadro de Goya: era grotesca. Kate estaba sacudiendo la cabeza.

– La gente no se comporta asi. Ni siquiera en las peliculas. No van por ahi follandose unos a otros como conejos. No es viable.

Dave la miro de reojo y dijo:

– ?Viable? Suena como si acabaras de recibir los ultimos datos estadisticos, Kate -Volvio a mirar a la pantalla y luego hizo una mueca-. Sea como sea, esto no es cine. No el cine que yo voy a ver.

– ?Eh, que se supone que soy yo quien tiene que decir eso! Vamos, salgamos de aqui antes de la proxima inyeccion de dinero. Mientras aun me queda apetito.

– Suena bien. Ademas, necesito un poco de aire. Los jadeos se empiezan a notar demasiado. Como en un vestuario en invierno. Ahora ya se lo que es estar sentado dentro de un coche con un trozo de manguera metido en el tubo de escape. Imagino que por eso a esas peliculas las llaman verdes; asi es como te pones.

Kate observo como Dave preparaba los bocadillos. Lo hacia con cuidado, con un toque de gracia, como si disfrutara cocinando y preparando comida. En ciertas cosas era el hombre nuevo. En otras, y eso la tranquilizaba, era como los antiguos. Le gustaba que no estuviera siempre hablando, como si estuviera acostumbrado a estar solo consigo mismo y no le importara. Independiente, penso.

– Puedes estar callado si quieres, Van -dijo-. No me importa. Me gusta un poco de Dolby en mis hombres. Esa cosa que reduce el ruido, ?sabes? Como una especie de censura electronica. Apuesto a que eres de los que dejan que, hablando, hablando, una chica se meta ella sola en tu cama.

– Quizas -Dave volvio al sofa con una bandeja de bocadillos bien cortados.

Kate espero hasta que el cogio uno y empezo a llevarselo a la boca.

– Llevame a la cama, Van -dijo-. Ahora mismo. Ya no soy una tia dura; de ahora en adelante, sere de lo mas lenguaraz.

Dave la miro y luego volvio a mirar su bocadillo, que tenia parado a dos centimetros de la boca.

– ?Quieres decir, ahora, ahora? -pregunto.

– Antes de que lo piense mejor y cambie de opinion.

Kate no tenia intencion alguna de cambiar de opinion. Tal vez tuviera una o dos reservas sobre lo que el le habia contado; se inclinaba a pensar que le habia contado aquella historia para averiguar si lo que le interesaba de verdad era el o su dinero. Probablemente, ella habria hecho lo mismo. Sabia lo que era el dinero, aunque a ella no le interesara particularmente. En el caso de Howard, el dinero era la principal motivacion de todo lo que hacia. El dinero lo transportaba, como si fuera un chofer que apareciera al principio de cada dia con una gorra de visera y un telefono portatil. Para Kate era simplemente el medio de conseguir un fin, y en aquel momento tenia muy poca o ninguna importancia para lo que mas deseaba: irse a la cama con Dave. Pero le gusto hacerle escoger entre tomarse un bocadillo o tomarla a ella. Se inclino hacia el y le acaricio la oreja con la punta de la nariz.

– Al lugar donde te llevo -dijo-, la cocina es maravillosa, preparada con esmero, y el servicio es excelente. Asi que ni se te ocurra pensar en comer nada mas. Al menos si quieres volver a ser bien recibido en este restaurante.

Dave dejo el bocadillo. Tenia hambre, pero algunas cosas se hacian mejor con el estomago vacio.

– ?Has dormido bien?

Dave se estiro en su cama extragrande y se volvio hacia ella.

– Que extrano -dijo-. He sonado que tenia la enfermedad de Alzheimer. El unico problema es que he olvidado que ha pasado.

Kate miro el reloj.

– Ya veo, todavia con ganas de bromear a las seis de la manana.

Dave sonrio y se dio otra vuelta para ponerse encima de ella.

– ?Se te ocurre algo mejor que hacer?

– Podria hacerte el desayuno -ofrecio Kate-. Me siento un tanto culpable por hacer que sacrificaras aquel bocadillo.

– Tambien me habia olvidado de eso. Pero eso del desayuno suena bien. Me comeria un caballo entero.

– Yo ya lo he hecho -dijo Kate mientras el se deslizaba fuera de la cama.

Dave sonrio de nuevo.

– No te habras olvidado de mi proposicion, ?verdad? -pregunto.

– ?De que proposicion hablas, amor?

– Ya sabes, la de vivir con el famoso Fantasma, en el sur de Francia.

– Ah, si, eso. Lo de la Pantera Rosa. No, no me he olvidado. Yo soy como un elefante. Nunca olvido un nombre ni una cara.

Dave asintio. Probablemente una buena memoria para los nombres y las caras era una exigencia para ser del FBI.

– ?Y?

– Se trata de una especie de prueba, ?verdad? Como los tres cofres de El mercader de Venecia. Oro, plata y plomo -Kate escudrino la cara de Dave buscando alguna senal de que reconocia que ella habia averiguado lo que se proponia-. Aquello de que no es oro todo lo que reluce.

– Entonces, ?cual escoges?

Kate rodo por encima de las arrugadas sabanas hacia el y se sento a su lado.

– ?Contigo? No lo se. Si dijera que escojo el plomo, probablemente me dispararias -Kate agito un dedo como disparando-. Vamos, Dave. No estoy interesada en el dinero.

Dave se estremecio.

– ?Que dinero?

– Tu dinero; la fortuna de la familia Delanotov.

– Ah, eso -Encendio un cigarrillo-. Quizas no lo deje del todo claro. No hay fortuna familiar. Soy un ladron, Kate. Robo para vivir. Como nuestro amigo Cary Grant.

– De acuerdo, si tu lo dices… -dijo Kate encogiendose de hombros-. Bueno, pues no he descartado convertirme en Grace. Todavia no.

Y una mierda no lo ha hecho, penso Dave, y se fue a tomar una ducha.

Kate fruncio las cejas. Esa prueba suya, Dave se la estaba tomando muy en serio. ?Es que no se daba cuenta

Вы читаете Plan Quinquenal
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ОБРАНЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату