de que ella no estaba ni remotamente interesada en su dinero? En cuanto oyo correr el agua, Kate empezo a registrar la habitacion. No era que compartiera las sospechas de Kent Bowen; aquello eran simples y estupidos celos. Pero Dave hablaba muy poco de si mismo. Queria saber algo mas que las migajas que habia ido recogiendo las escasas veces que el habia respondido directamente a sus preguntas. No creia ni por un momento que fuera un ladron. ?Cuantos ladrones conocian a Shakespeare y a Pushkin? Pero habia algo que no le contaba; de eso estaba segura. Algo que necesitaba averiguar. En la academia del FBI habia aprendido a reconocer cuando alguien trataba de ocultar algo. Durante un breve periodo al inicio de su carrera habia considerado la idea de incorporarse a la Unidad de Ciencias de la Conducta. Pero despues de El silencio de los corderos parecia que todo el mundo queria ser Jack Crawford o Clarice Starling, y habia acabado en Investigaciones Generales y Narcoticos. Ahora, estaba registrando la habitacion, pero no sabia que buscaba exactamente. El gran numero de libros solo parecia subrayar lo que ya sabia: que Dave habia leido mucho. La mayoria de la ropa que habia en el armario, como podia preverse, era nueva y, como era de esperar, procedia de tiendas caras. No habia dinero en metalico. Y tampoco cheques de viaje ni tarjetas de credito; ni siquiera un carnet de conducir. Y lo mas exasperante, no pudo encontrar el pasaporte de Dave. La explicacion estaba en el vestidor de Dave. Una caja fuerte empotrada, con combinacion. Justo lo que tendria cualquier millonario que se respetara. No sigues siendo rico mucho tiempo si dejas el dinero tirado por ahi.

Kate salio del vestidor y se sento en el borde de la cama. Si al menos hubiera hecho el curso para forzar cajas fuertes en lugar del de psicologia… Distraida, fijo la mirada en la libreria de Dave. Era como una lista de lectura de una escuela de verano. Muchos de los titulos eran clasicos. Tolstoi, Turgenev, Dostoievski, Nabokov. Incluso unos cuantos guiones de cine, como un saludo al modernismo. Algo de filosofia tambien: Wittgenstein, Kierkegaard, Gilbert Ryle y George Steiner. Pero cuanto mas miraba los libros, mas sentia que, pese a que parecian abarcarlo todo, faltaba algo, como cuando falta una pieza de una cuberteria. Si, eso era. Y no solo una pieza; quizas un juego completo. Como el juego de cuchillos de pescado. Poco a poco, comprendio lo que era. No habia ningun libro de economia. Ni uno. Y eso le parecio curioso. A los millonarios les interesaba el dinero, ?o no? Especialmente si trabajaban para el Centro Financiero de Miami. Howard estaba siempre leyendo libros sobre como hacer dinero: Beating the Dow, One Up on Wall Street, El toque de Midas, El ejecutivo al minuto. Este debio de comprarlo por la misma epoca en que estaba leyendo El amante al minuto.

Kate cogio la manoseada edicion de bolsillo de Crimen y Castigo. No habia vuelto a leer la novela desde que estudiaba Derecho, y entonces le parecio uno de esos libros que te cambian la vida. O como minimo, que cambian tu forma de pensar en los criminales. Distraida, estaba volviendo la pagina de la portada cuando algo le llamo la atencion. Alli habia algo impreso, en el interior, en una brillante tinta azul.

Habia un sello.

Lo miro sin creerse lo que veia, como si estuviera admirando algun raro ex libris, leyendo las palabras impresas dentro del sencillo circulo con mas atencion que si hubiera sido un visado en el pasaporte que habia estado buscando.

Pero esto era mucho mas revelador.

Musito las palabras, como si necesitara oirlas para comprender plenamente lo que implicaban.

– Propiedad del Centro Penitenciario de Miami en Homestead.

?Seria posible que Dave fuera realmente un ladron? Y no solo un ladron, un ex presidiario, ademas.

Al oir que Dave acababa de ducharse, cerro el libro y lo coloco rapidamente en el estante. Luego, envolviendose en el otro albornoz, salio del camarote y subio a la cocina. Quizas consiguiera preparar una cara relajada, amorosa y tranquila junto con algo para desayunar.

En la cocina, Kate puso el agua a hervir y empezo a freir jamon y huevos, sin dejar de pensar ni un momento en las pruebas que tenia delante de ella: la ropa nueva; los libros, mas propios de un recluso autodidacta que de un millonario; la propuesta de los cinco ases al estilo Cary Grant que el le habia hecho. No parecia haber mas que una conclusion logica. Dave era realmente un ladron y ademas habia estado preso. Comprendio que habia hablado completamente en serio y que era lo que habia dicho ser.

Al, atraido a la cocina por el olor del cafe recien hecho y de las salchichas y el jamon, la convencio de que no se trataba de una pelicula de Cary Grant. Al era Luca Brazzi, Tony Montana y Jimmy Conway embutidos en una unica arma repetidora de canon corto; incluyendo la mira del rifle, la actitud de tipo duro y la mandibula de metal azulado.

– ?Que hora es? -gruno Al.

– Poco mas de las seis -respondio Kate, simpatica como una azafata de lineas aereas contestando a un pasajero de primera clase. Uno se tropieza con todo tipo de gente en primera clase hoy dia.

– ?Las seis? Joder, ?que estamos haciendo: abandonando el barco o algo asi? Las seis de la manana.

– ?Quiere desayunar algo?

Al suspiro, incomodo, y se inclino a mirar por la ventana de la cocina para comprobar que tiempo hacia. Husmeo con fuerza, como si estuviera inclinado sobre un par de lineas de coca, y dijo:

– No consigo decidir si es mejor comer algo para tener algo que vomitar o no comer y no vomitar nada en absoluto.

Kate sonrio con dulzura, tratando de dominar los nervios. ?Quienes eran aquellos tipos? ?Y que estaban haciendo en el buque? ?Tendrian algo que ver con Rocky Envigado?

– Al -dijo-, ?conoce la expresion «a la cocinera no le iria mal un abrazo»? Esta cocinera se conforma con un «si, gracias» o un «no, gracias». El destino final de la comida que estoy cocinando, sea la taza del vater o el mar, me es absolutamente indiferente.

Al gruno, descompuesto. Miro con indecision el desayuno que Kate estaba cocinando. Frotandose la barriga desnuda, porque solo iba vestido con un pantalon corto, dijo:

– Me parece que tomare solo unos cereales.

– ?Tiene resaca o algo asi?

– No. Tengo nauseas solo de pensar que voy a tener nauseas por culpa del tiempo.

Al lleno un cuenco con cereales, luego anadio leche y empezo a engullir la mezcla.

– ?El tiempo? ?Que pasa con el tiempo?

– A usted no le afecta, ?eh? -comento con la leche chorreandole por la barbilla sin afeitar-. Debe de ser otro buen marino. Como el jefe.

Kate echo una mirada hacia fuera. Entre que habia estado haciendo el amor y la impresion de su descubrimiento sobre Dave, apenas se habia fijado en el oleaje que agitaba el mercante. Afuera, el cielo estaba gris y amenazador y una fuerte brisa azotaba la bandera de la popa del Jade frente a ellos. Parecia que la tormenta los estaba alcanzando despues de todo.

– Yo, yo no soy muy buen marinero -confeso Al-. Me mareo hasta mirando un vaso de agua salada.

– Si que parece bastante agitado -admitio Kate.

– ?Estas hablando de Al o del tiempo? -pregunto Dave entrando en la cocina.

Al gruno despectivo, metio el cuenco vacio en el fregadero y estiro el brazo para coger la cafetera. Kate se aparto, incomoda, como si se tratara de un perro grande y maloliente.

Al observar su gesto de desagrado ante el torso desnudo de Al, Dave dijo:

– ?No podrias ponerte una camisa o algo, Al? Es como tener un coco gigante dando vueltas arriba y abajo aqui dentro.

– A algunas mujeres les gustan los hombres peludos -dijo Al sorbiendo un poco de cafe.

– Da la casualidad de que Dian Fossey y Fay Wray no nos acompanan en este viaje -replico Dave.

– Dejeme que le cuente algo sobre eso de los gorilas -dijo Al-. Los tipos peludos tienen mas inteligencia que los que tienen menos pelos que la mierda, como usted mismo, jefe. Es un hecho. Lo decia en el Herald. Los cientificos han hecho un estudio y lo han demostrado. Los tipos listos tienen pechos peludos. Un monton de medicos, un monton de profesores universitarios; no muchos abogados, ningun policia; muchos escritores. Y los tios listos de verdad, de verdad, esos tienen tambien la espalda peluda.

– ?Decia algo sobre cerebros peludos en ese estudio, Al? – pregunto Dave riendo. Miro a Kate, que le devolvio apenas la sonrisa-. Bueno eso es algo nuevo para mi. Le da un giro diferente a la historia de Sanson, supongo. No es su relacion con Dios lo que ella jode cuando le corta el pelo, sino su C.I.

– Puede reirse tanto como quiera -dijo Al, marchandose de la cocina-, pero es un hecho.

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