Kate carraspeo nerviosa y continuo esforzandose por mantener la sonrisa, incluso cuando Dave le sonrio disculpandose. Ahora que lo veia de nuevo, si que parecia que pudiera ser un ladron de joyas de alto nivel. Probablemente, llevaba a Al para conducir el coche en el que huia o para disponer de sus musculos si era necesario.

Cuando Al se hubo marchado, Dave sacudio la cabeza.

– Ese Al -dijo sencillamente-, vaya tipo, ?eh? Ya te dije que era un animal.

– Me parece que es la primera vez que os veo juntos.

– Eso es facil de explicar -Abrazandola, Dave inspecciono el desayuno que Al habia rechazado-. Somos como Jekyll y Hyde. Mmm, tiene buen aspecto.

– ?Y cual de los dos es el senor Hyde?

– El, por supuesto. ?No te has fijado en el pelo que tiene en las manos? Ese tio es como un puto felpudo.

Kate se solto y empezo a servirle el desayuno.

– ?Te pasa algo? -le pregunto el-. No te arrepientes de lo de anoche, ?verdad?

– Todo va bien -dijo ella y, ansiosa por tranquilizarlo, anadio-: ?Sabes una cosa? Si tu fueras el senor Hyde, yo seria la senora Seek *.

– Eso suena prometedor.

Dave se pregunto si habria algo en aquella exhibicion de mentiras. ?Estaria tratando de divertirse durante una mision de vigilancia por lo demas poco interesante? ?O habia algo mas? Le parecio imposible averiguarlo hasta que hubieran dado el golpe. Se sento a la mesa y empezo a comer lo que ella le habia puesto delante.

– Estoy seguro -dijo- de que preferiria compartir una conciencia dividida contigo que con Al. Piensalo. Una asociacion al 50%. Mitad y mitad.

– ?De verdad? Pues hasta el momento no puede decirse que hayas sido muy directo conmigo.

Con la boca llena de comida, Dave enarco las cejas.

– Lo que quiero decir -se apresuro a explicar Kate- es que no me has contado mucho sobre lo que haces. No puedo dejar mi empleo con Kent sin saber un poco mas sobre ti; sobre lo que haces; sobre donde vives.

– Ya te lo he dicho -respondio Dave-. Robo piedras. Igual que John Robie en Atrapar a un ladron. El Gato. De hecho, no uso titulo ni un guante con un monograma. No tiene sentido ponerselo facil a la policia para que me acuse de un monton de golpes en el poco probable caso de que me cojan. Naturalmente, solo robo a los que pueden permitirselo. De hecho, pensaba que podria haber unas cuantas piedras bonitas en este barco; hasta que descubri que es raro que los propietarios viajen con sus barcos. Eso fue antes de que los controladores aereos conocieran el aprieto en que me hallaba y decidieran echarme una mano.

– Se ha acabado -dijo Kate-; la huelga. Lo dijeron por la radio ayer tarde.

– ?Ah, si? Bueno este viaje ha sido muy decepcionante, por lo menos desde un punto de vista profesional. Ni joyas ni dinero en metalico ni siquiera un pequeno picasso. Me pregunto en que gastara el dinero la gente hoy dia. En seguridad y en porno, supongo. Eso no deja mucho margen para alguien como yo, Kate – suspiro-. Espero que las cosas vayan mejor en la Costa Azul.

– ?Hablas en serio?

– Yo siempre me tomo en serio las asociaciones, Kate. Despues de anoche tendrias que saberlo. Pero, ademas, hay otra razon. Ya tengo un socio. Hay que tener en cuenta a Al.

Kate sintio que recuperaba parte de su aplomo.

– Sustituta de Al; me siento muy halagada -dijo-. Pero, ?sabes?, el negocio no suena especialmente atractivo. Podrias tratar de venderme los terminos del acuerdo: Que saco yo, que puedo hacer, esa clase de cosas.

– Ya te lo he dicho; ese no es mi estilo. Ademas, ya conoces las condiciones. Ayer te oi decirlas a ti misma. En la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad. Cincuenta, cincuenta, Kate. Con todos mis bienes materiales te doto. ?Que me dices?

– ?De verdad me estas pidiendo que me case contigo?

Dave se llevo un poco de jamon a la boca con el tenedor y asintio con la cabeza.

Kate sonrio.

– Pero si ni siquiera te conozco.

– Cada dia se casan miles de personas que no se conocen. Lo se. Lo he leido en los periodicos.

Kate se sento frente a el, atonita. ?Se mostraria tan decidido a casarse con ella si supiera que era una agente federal?

– ?Cuando tendras el divorcio? -pregunto Dave.

– Dentro de un par de meses.

– Casemonos entonces.

Le divertia su azoramiento. Percibia que lo amaba tanto como el a ella. Quizas incluso queria casarse con el y, de no ser una agente especial en una mision secreta, puede que hubiera aceptado. Por otra parte, pensaba en lo bien que habian estado la noche antes; en lo comodo que se sentia con ella ahora y en lo que le costaria dejarla. El tiempo se estaba acabando. Dentro de dieciocho horas Al y el iban a dar el golpe. Despues de eso tal vez no volveria a verla. La verdad es que todo lo que habia dicho lo habia dicho en serio. Si para conservarla bastara simplemente con casarse con ella, lo habria hecho inmediatamente. Casi la unica carta que le quedaba por jugar era que sabia que era una agente federal. Pero solo la jugaria cuando llegara el momento de marcharse, cuando ella lo supiera mas o menos todo, pero no antes.

– Te gusta ir rapido, ?eh, Van?

– Voy al Gran Premio de Monaco, ?recuerdas?

– Creia que quien iba era el financiero, no John Robie.

– El Gran Premio es bueno para los gatos ladrones. Hay mucho ruido. La gente no oye mucho durante una carrera de Formula 1. Y Montecarlo siempre es Montecarlo. Siempre hay montones de piedras por todas partes. Es como Tiffany's con una ruleta y una bonita playa -Dave enderezo el cuchillo y el tenedor y alargo la mano a traves de la mesa para enrollar un mechon del pelo de Kate en el dedo. Aunque todavia no se habia duchado seguia oliendo maravillosamente-. No deberia ser un gran problema para una chica de la Space Coast. La clase de chica que usa Allure.

– ?Como sabes que ese es mi perfume?

– Lo reconozco. Es mi perfume favorito. Por lo menos ahora lo es.

Kate apoyo la mejilla en la mano y suspiro melancolica. Howard no era capaz de distinguir un perfume del humo de los puros. Era mala suerte conocer a un hombre que se enamoraba de ella a primera vista justo cuando ella se hacia pasar por otra persona. Un hombre que sabia poesia. Un hombre que no era un amante egoista. Un hombre que era un ladron y un ex presidiario. Era otra de esas pelotas con efecto que la vida tenia por costumbre lanzarte. Se puso de pie.

– Sigo necesitando un poco mas de tiempo -dijo, mirando automaticamente el reloj-. Y sera mejor que vuelva. Kent es bastante maniatico con este tipo de cosas.

A Dave no le sorprendio esta informacion. Sabia por experiencia que los federales tenian todo tipo de manias.

18

Dave estaba leyendo un libro cuando oyo rumor de pasos en la cubierta del puente de mando.

Era el oficial de comunicaciones del buque, Jock. Se habia quitado el uniforme blanco y ahora iba abrigado con un grueso sueter azul marino de lana y pantalones del mismo color.

– He venido a echar una ojeada a tu barco. A comprobar que las amarras aguantan.

– ?Y aguantan?

– Por ahora. Pero si la tormenta nos alcanza, todos podriamos tener problemas. En este momento seguimos por delante de ella. Llevamos una buena marcha. Vamos tan rapido como la polla de un perro de carreras.

– ?Pero seguimos el rumbo?

– Oh, si, el rumbo exacto. Pero si continuamos asi, llegaremos mucho antes de lo previsto.

Dave fruncio el ceno. Llegar demasiado pronto a la cita podria ser tan desastroso para el golpe como llegar demasiado tarde.

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