cuando volvio a los Estados Unidos. Pero, como dije antes, se lo habia ganado a pulso y, en cuanto hubo colgado el telefono, dispare. Bueno, no fue exactamente asi. Me vio justo antes de que apretase el gatillo por primera vez. Creo que hasta sonrio.
»Dispare siete veces. Me asome a la pequena azotea y tire el revolver a un cesto de toallas que habia al lado de la piscina del octavo piso. Luego baje como habia subido. Tape el arma con unas toallas y entre en un cuarto de bano a limpiarme. Cuando empezaron los fuegos artificiales yo ya estaba en el ascensor, bajando hacia el casino. La verdad es que, cuando hice el silenciador, se me habian olvidado por completo los fuegos artificiales; de lo contrario, es posible que no me hubiese molestado en fabricarlo. Sin embargo, de ese modo, los fuegos artificiales me sirvieron de coartada.
»Bien. Al dia siguiente volvi al Saratoga, como si todo siguiera tan normal en mi vida. Eso no podia evitarlo. Debia proceder con normalidad, pues, de lo contrario, levantaria sospechas. Y, aun asi, el capitan Lopez sospecho de mi desde el principio. Incluso puede que lo hubiera descubierto, pero consegui convencer a Lansky de que el tirador podia no haber aprovechado el ruido de los fuegos artificiales, como parecia que pensaba todo el mundo. En eso, la policia me ayudo mucho. Ni siquiera se habian tomado la molestia de buscar el arma homicida. Saque mis musculos de detective del hotel Adlon y dije que mirasen en las cestas de la lavanderia. Poco despues encontraron el arma.
»En cuanto los hampones vieron el silenciador en el revolver, empezaron a pensar que aquello era obra de un profesional… y que tenia que ver con sus negocios en La Habana… en vez de con un asunto que habia empezado hacia veinte anos. Y lo que es mejor, pude explicar que, gracias al silenciador, podian haber matado a Max a cualquier hora, no necesariamente durante los fuegos artificiales, como decia el capitan. Con eso se derrumbo su teoria de que el tirador era yo y quede como Nero Wolfe. El caso es que me habia librado de toda sospecha, pense, aunque demasiado convincentemente, para mi gusto. A Meyer Lansky le gusto que superase al policia y, puesto que Max ya le habia hablado de mi pasado en Homicidios en Berlin, se le ocurrio que, para evitar una guerra de la mafia en La Habana, la persona mas indicada para llevar la investigacion de la muerte de Max Reles era yo.
»Al principio me horrorizo, pero despues empece a vislumbrar la posibilidad de quedar completamente limpio. Solo necesitaba encontrar un culpable a quien cargar el muerto sin que tuviese que morir nadie mas. No tenia la menor idea de que pensaban liquidar a Waxey, el guardaespaldas de Max, a modo de poliza de seguros, por si acaso habia tenido algo que ver realmente. Es decir, se podria decir que tambien lo mate yo. Eso fue una desgracia. De todos modos, tuve la suerte, mala para el sujeto, pero buena para mi, de que uno de los jefes del casino del Saratoga, un tal Irving Goldstein, hubiera tenido relaciones con un actor que actuaba de mujer en el club Palette y, cuando me entere de que se habia quitado la vida porque Max Reles habia estado a punto de despedirlo por marica, me parecio que ni hecho de encargo para endosarle el muerto. Asi, antes de anoche fui a registrar su apartamento con el capitan Sanchez, cole el dibujo tecnico que habia hecho yo del silenciador Bramit y procure que lo encontrase Sanchez.
»Despues, ensene el dibujo a Lansky y le dije que era una prueba prima facie de que seguramente habia sido Goldstein quien habia matado a Max Reles. A Lansky tambien se lo parecio, porque asi lo deseaba, porque cualquier otro resultado habria sido nefasto para los negocios. Y lo mas importante: yo quedaba mas que limpio. Bien, ya lo ves. Puedes tranquilizarte, no fue tu hija quien mato a Max Reles. Fui yo.
– No se como pude sospechar de ella -dijo Noreen-. ?Que mala madre soy!
– Ni te lo plantees. -Sonrei ironicamente-. Por cierto, cuando tu hija vio el arma homicida en el atico, la reconocio inmediatamente y despues me dijo que creia que a Max lo habias matado tu. Lo unico que pude hacer para convencerla de su error fue decirle que en Cuba habia muchos revolveres como el tuyo, aunque eso no es cierto. Al contrario, es la primera arma rusa que he visto en Cuba. Desde luego, podia haberle dicho la verdad, pero cuando me dijo que volvia a los Estados Unidos, me parecio inutil. Es decir, si se lo decia, tendria que haberle contado todo lo demas. Es decir, porque era lo que querias tu, ?no? Que se marchase de La Habana y fuese a la universidad, ?verdad?
– Y por eso lo mataste -dijo.
Asenti.
– Tenias razon. No podias permitir que se fuera con un hombre como ese. Iba a llevarla a un fumadero de opio y Dios sabe que mas. Lo mate porque podria haberse convertido en cualquier cosa, si se hubiera casado con el.
– Y por lo que te dijo Fredo cuando fuiste a su despacho del edificio Bacardi.
– ?Te lo conto?
– De camino al hospital. Por eso lo ayudaste, ?verdad? Porque te dijo que Dinah es hija tuya.
– Estaba esperando oirtelo decir a ti, Noreen. Ahora que ya lo has hecho, puedo preguntartelo. ?Es cierto?
– Es un poco tarde para preguntarlo, ?no? En vista de lo que le ha pasado a Max.
– Lo mismo podria decirte yo a ti, Noreen. ?Es cierto?
– Si, es cierto. Lo siento. Tenia que habertelo dicho, pero entonces tendria que haber revelado a Dinah que Nick no era su padre, pero, hasta el dia de su muerte, siempre se llevo mejor con el que conmigo. Me parecia que seria quitarle una cosa importante cuando mas necesitaba yo influir en ella, ?lo entiendes? No se que habria pasado, si se lo hubiese dicho. Cuando sucedio (es decir, cuando nacio, en 1935), pense en escribirte. Muchas veces, pero, cada vez que lo pensaba, veia lo bien que se portaba Nick con ella y, sencillamente, no podia. El siempre creyo que Dinah era hija suya, pero esas cosas las sabemos muy bien las mujeres. Con el paso de los meses y los anos, me parecio que la cosa iba perdiendo importancia. Despues vino la guerra y, con ella, las ideas de hacerte saber que tenias una hija. No sabia a donde escribirte. Cuando volvi a verte en la libreria, no podia creermelo y, desde luego, pense en decirtelo esa misma noche, pero hiciste un comentario de muy mal gusto y pense que tambien tu podias ser una mala influencia de La Habana. Estabas tan amargado y cinico que casi no te reconoci.
– Se lo que es. Ultimamente, casi no me reconozco yo tampoco. O peor, reconozco a mi padre. Me miro al espejo y es el quien me mira con sorna y desprecio, porque no he comprendido que soy y siempre sere igual que el, si no el exactamente. Hiciste bien en no decirle que soy su padre. Max Reles no era el unico hombre que no le convenia. Yo tampoco le convengo. Lo se. No tengo intenciones de intentar verla y establecer alguna relacion con ella. Ahora ya es tarde, me parece. Por lo tanto, de eso tambien puedes estar segura. Me basta con saber que tengo una hija y con haberla conocido. Todo gracias a Alfredo Lopez.
– Como te he dicho, no he sabido que te lo habia contado hasta hace un momento, cuando lo lleve al hospital. Se supone que los abogados no deben hablar con nadie de los asuntos de sus clientes, ?verdad?
– Cuando le saque las castanas del fuego con lo de los panfletos, le parecio que quedaba en deuda conmigo y que yo podia ser un padre cuya ayuda sirviese de algo. Al menos, eso fue lo que dijo.
– Y con razon. Me alegro de que te lo contase. -Me abrazo con mas fuerza-. Y la has ayudado. Habria matado a Max con mis propias manos, si hubiera podido.
– Todos hacemos lo que podemos.
– Por eso fuiste al cuartel del SIM y los convenciste de que soltaran a Fredo, porque querias devolverle el favor.
– Lo que me dijo me dio un poco de esperanza, como si no hubiese desperdiciado la vida del todo.
– Pero, ?como? ?Como los convenciste de que lo soltaran?
– Hace un tiempo descubri por casualidad el escondite de un alijo de armas en la carretera de Santa Maria del Rosario. Lo cambie por su vida.
– ?Nada mas?
– ?Que mas puede haber?
– No se como empezar a darte las gracias -dijo.
– Vuelve a escribir libros y yo volvere a jugar al backgammon y a fumar puros. Por lo que veo, te estas preparando para cambiarte de casa, a una tuya. Tengo entendido que Hemingway va a volver pronto.
– Si, en junio. Tiene suerte de seguir con vida, con todo lo que le ha ocurrido. Quedo muy malherido en dos accidentes de avion seguidos. Despues sufrio quemaduras graves en un incendio en la selva. Con todo eso, tendria que haber muerto. Incluso publicaron su esquela en algunos periodicos estadounidenses.
– Conque ha resucitado de entre los muertos. No todos podemos decir lo mismo.
Despues me fui a mi coche y, al despuntar el alba, me parecio ver la silueta del jardinero muerto junto al
