23

Gruen y yo nos llevabamos bastante bien. Pasados unos dias incluso me gustaba, hacia bastantes anos que no tenia un amigo. Era una de las cosas que mas echaba de menos de Kirsten. Durante una epoca habia sido mi mejor amiga, ademas de mi esposa y amante. No fui consciente de lo mucho que anoraba tener un amigo hasta que empece a hablar con Gruen. Habia algo en aquel hombre que me llegaba, en positivo. Tal vez era el hecho de que estuviera en silla de ruedas y aun asi se las arreglara para estar alegre. Mas que yo, en todo caso, lo que no era mucho decir. Tal vez fuera el hecho de que se mantuviera de buen humor pese a su mal estado de salud, algunos dias estaba demasiado enfermo para salir de la cama, asi que me quedaba a solas con Engelbertina. A veces, cuando se encontraba bien, iba con Henkell al laboratorio de Partenkirchen. Antes de la guerra tambien era medico y le gustaba ayudar a Henkell con el trabajo de laboratorio. Entonces tambien me quedaba a solas con Engelbertina.

Cuando empece a encontrarme un poco mejor, sacaba a pasear a Gruen, es decir, lo llevaba de un lado a otro del jardin un rato. Henkell tenia razon. Monch era un lugar ideal para recuperar la salud. El aire era fresco como el rocio matutino sobre la genciana, y siempre hay algo en la vista de una montana o un valle que al final penetra en la dura membrana de la propia vision general de las cosas. La vida parece mejor en los prados alpinos, sobre todo cuando el alojamiento es de primera clase.

Un dia estaba paseando a Gruen por un camino trazado en la ladera de la montana cuando me di cuenta de que me miraba la mano en el asidero de la silla de ruedas.

– Acabo de darme cuenta -dijo.

– ?Darte cuenta de que? -pregunte.

– Tu dedo menique. No lo tienes.

– De hecho, si. Pero hubo una epoca en que tenia dos, uno en cada mano.

– Y tu te llamas detective -me regano, y levanto la mano izquierda para revelar que le faltaba la mitad del dedo menique. Igual que a mi-. Vaya una capacidad de observacion. De hecho, empiezo a dudar de si alguna vez fuiste detective, amigo. Y si lo fuiste, no podias ser muy bueno. ?Que era lo que le decia Sherlock Holmes al doctor Watson? Ves pero no observas.

Sonrio y se retorcio un extremo del bigote, al parecer disfrutaba de mi sorpresa y turbacion momentanea.

– Eso es una chorrada y lo sabes -dije-. La idea de venir aqui surgio para que desconectara un poco. Y eso es lo que intento hacer.

– No busques excusas, Gunther. Lo siguiente que diras es que has estado enfermo, o alguna tonteria asi. Que no te diste cuenta de que me faltaba un dedo porque la paliza hizo que se te desprendiera la retina. Por eso tampoco has notado que Engelbertina esta enamoriscada de ti.

– ?Que?

Pare la silla de ruedas, le di un golpe al freno y me coloque enfrente de el.

– Si, de verdad, es bastante evidente. -Sonrio-. Y tu dices ser detective.

– ?Que quieres decir con que esta solo enamoriscada de mi?

– No digo que este locamente enamorada de ti -dijo-. Solo enamoriscada. -Saco su pipa y empezo a llenarla-. Bueno, ella no lo ha dicho. Pero, al fin y al cabo, la conozco bastante bien. Lo suficiente para saber que solo es capaz de estar enamoriscada, pobre corderito. -Se palpo los bolsillos-. Creo que me he dejado las cerillas en la casa. ?Tienes una?

– ?Que pruebas tienes?

Le lance una caja de cerillas.

– Es demasiado tarde para hacerse el detective serio -contesto-. El dano ya esta hecho. -Utilizo dos cerillas para hacer que saliera humo y luego me lanzo la caja-. ?Pruebas? Bueno, no lo se. La manera de mirarte. La chica es todo un Rembrandt cuando se trata de ti, chaval. Te sigue con la mirada por toda la habitacion. La manera de tocarse el pelo todo el rato cuando habla contigo, de morderse los labios cuando te vas de la habitacion, como si ya te echara de menos. Hazme caso, Bernie. Conozco las senales. Hay dos cosas en lavida para las que tengo buen olfato: los neumaticos de caucho y los idilios. Lo creas o no, era un hombre bastante mujeriego, puede que este en una silla de ruedas, pero no he perdido mi percepcion de las mujeres. – Dio una chupada a la pipa y me sonrio-. Si, esta enamoriscada de ti. Increible, ?verdad? De hecho, a mi tambien me sorprende un poco. Estoy sorprendido y algo celoso, no me importa confesarlo. Aun asi, supongo que es un error bastante comun dar por supuesto que solo porque una chica es muy atractiva tambien tendra buen gusto para elegir a los hombres.

Me rei.

– Se habria enamorado de ti si no llevaras esa madeja de alambre en la cara -dije.

Se toco la barba con afectacion.

– ?Crees que deberia quitarmela?

– Si fuera tu, la tiraria a un saco con piedras pesadas y luego buscaria un bonito rio profundo. Solo estarias sacando a la pobre criatura de su miseria.

– Pero me gusta esta barba. Tardo mucho en crecer.

– Igual que una calabaza, y no por eso te llevarias una a la cama.

– Supongo que tienes razon -dijo, con su buen humor de siempre-. Aunque se me ocurren motivos mejores que una barba para que no se interese por mi. No solo perdi el uso de las piernas en la guerra, ya sabes.

– ?Como ocurrio?

– En realidad no hay mucho que contar. Se podria explicar igual de bien como funciona una bala perforante. Una bala de manganeso solido revestida con una estructura fuerte de acero. No hay carga explosiva. La bala de manganeso depende de la energia cinetica para penetrar en el armazon del tanque, luego simplemente rebota en el interior del tanque como una bola de goma, mata y mutila todo lo que toca hasta que se queda sin vapor. Sencillo pero eficaz. Fui el unico del interior de mi tanque que sobrevivio. Aunque no como me habrias visto en aquella epoca. Fue Heinrich quien me salvo la vida. Si el no hubiera sido medico, ahora no estaria aqui.

– ?Como os conocisteis?

– Nos conocemos de antes de la guerra -contesto-. Nos conocimos en la escuela medica, en Francfort, en 1928. Yo habria estudiado en Viena, donde naci, si no hubiera tenido que marcharme a toda prisa. Deje a una chica atrapada. Ya sabes como son esas cosas. Un momento deshonroso, me temo. Aun asi, o eso pasa, ?eh? Despues de la escuela medica, consegui trabajo una temporada en un hospital en Africa occidental. Luego Bremen. Cuando empezo la guerra ni a Heinrich ni a mi nos interesaba salvar vidas, me temo. Asi que nos unimos a las SS. A Heinrich le interesaban los tanques, igual que le interesa casi todo lo que tenga motor. Yo me dejaba llevar, por asi decirlo. A mis padres no les gusto mucho mi eleccion del servicio militar. No les gustaba Hitler ni los nazis. Ahora mi padre esta muerto, pero mi madre no me habla desde la guerra. De todos modos, las cosas nos fueron bien hasta las ultimas semanas de la guerra. Entonces me hirieron. Eso es todo. Esa es mi historia. Sin medallas, ni gloria. Y sin duda sin lastima, si no te importa. Sinceramente, lo veia venir. Una vez hice algo mal. Y no me refiero a esa pobre chica a la que deje inflada. Me refiero en las SS. La manera en que pasamos por Francia y Holanda matando a gente sin mas cuando se nos ocurria la idea.

– Todos hicimos cosas de las que no nos sentimos orgullosos -comente.

– Tal vez -contesto-. A veces me cuesta mucho creer que todo aquello ocurriera de verdad.

– Es la diferencia entre la paz y la guerra, eso es todo -le dije-. Lo que hace que matar parezca factible y natural. En tiempos de paz, no lo es. No de la misma manera. En tiempos de paz todo el mundo se preocupa solo de que matar a alguien dejara la alfombra hecha un desastre. Preocuparse de la alfombra sucia y de si importa es la unica verdadera diferencia entre la guerra y la paz. -Le di una calada al cigarrillo-. No es Tolstoi, peroestoy trabajando en ello.

– No, me gusta -dijo-. Por lo menos es mucho mas breve que Tolstoi. En aquella epoca me quedaba dormido leyendo cualquier cosa que fuera mas extensa que un billete de autobus. Me gustas, Bernie. Lo suficiente para darte un buen consejo respecto de Engelbertina.

– Tu tambien me gustas, Eric. Pero no hace falta que me digas que la deje en paz porque pienses en ella como en una hermana. Lo creas o no, no soy de los que se aprovechan.

– Exacto -dije-. No podrias aprovecharte de Engelbertina aunque tu apellido fuera Svengali y quisiera firmar en el Regina Palace Hotel. No, si alguien se aprovecha sera ella. Creeme. Eres tu el que debes andarte con cuidado. Jugara contigo como con un Stenway si dejas que se siente en el taburete del piano. A veces es divertido

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