– De todas formas, ahora que sabes todo eso, sabras por que tengo maneras de puta. Y eso no puedo evitarlo.Cuando me gusta un hombre, me acuesto con el. Es asi de sencillo. Y me gustas, Bernie, me gustas mucho.

Me habian hecho proposiciones mas directas y naturales, pero solo en suenos. Para ser sincero, la habria juzgado con mayor dureza si se pareciera a Lotte Lenya o a Fanny Blankerskoen. Pero como se parecia a las Tres Gracias en un espectaculo erotico helenico, estaba mas que contento de dejar que jugaran conmigo. Como un Steinway, si ella lo preferia. Ademas, hacia tiempo que una mujer no me miraba con algo mas que desconcierto o curiosidad. Asi que, mas tarde aquella noche, mientras Gruen estaba dormido y Henkell de vuelta en el hospital estatal de Munich, ella vino a mi habitacion para procurarme otro tipo de curacion. Y durante los diez dias siguientes, mi recuperacion dio paso a la mutua satisfaccion. Por lo menos la mia.

Es raro como te sientes cuando has hecho el amor despues de una larga sequia. Como si volvieras a formar parte de la raza humana. Tal y como resultaron las cosas, no habia hecho ninguna de las dos cosas. Entonces no lo sabia, pero estaba acostumbrado a no saber que era cada cosa. Permanecer en la oscuridad es un gaje del oficio para un detective. Incluso cuando se cierra un caso, es mucho lo que todavia no sabes, cuantas cosas permanecen ocultas. Con Britta Warzok no estaba en absoluto seguro de si representaba un caso cerrado o no. Era cierto que me habia pagado, y generosamente. Pero habia muchas cosas sin explicar. Un dia por fin logre recordar su numero de telefono y decidi llamarla y hacerle algunas preguntas directas sobre lo que aun no entendia. Como por que conocia al padre Gotovina. Es decir, pensaba que era el momento de que ella fuera consciente de lo mucho que me habia costado ganar sus mil marcos. Asi que, mientras Engelbertina ayudaba a Gruen en el lavabo, descolgue el telefono y marque el numero que recordaba.

Reconoci la voz de la asistenta de antes. Wallace Beery, con vestido negro. Cuando pedi hablar con susenora, la voz ya prudente se volvio desdenosa, como si hubiera sugerido quedar para una cena romantica antes de volver a mi casa.

– ?Mi que? -gruno.

– Su senora -conteste-. Frau Warzok.

– ?Frau Warzok? -El desden se convirtio en burla-. No es mi senora.

– Bueno, ?entonces quien es?

– Eso no es asunto suyo -respondio.

– Mire -dije, esta vez un poco desesperado-. Soy detective, podria hacer que fuera asunto mio.

– ?Detective? ?De verdad? -La burla no habia disminuido-. No es usted un gran detective si no sabe quien vive aqui.

En eso tenia razon. Me hirio profundamente, como si el comentario lo hubiera hecho Vlad el Empalador.

– Hable con usted una noche hace unas semanas. Le di mi nombre y mi numero de telefono y le pedi que le dijera a frau Warzok que me llamara. Y como lo hizo, supongo que como minimo ustedes tienen contacto. Y hay otra cosa. Es un delito obstruir a un policia en la ejecucion de su deber -dije.

No habia dicho que era policia. Eso tambien era un delito.

– Un minuto, por favor.

Dejo el telefono en algun lado, sono como si alguien golpeara la tecla mas grave de un xilofono. Oi voces apagadas, y se produjo una larga pausa antes de que volviera a coger el auricular y alguien mas se anadiera a la conversacion. La voz de buena diccion era masculina. Crei reconocerla, pero ?de donde?

– ?Quien es, por favor? -pregunto la voz.

– Me llamo Bernhard Gunther -conteste-. Soy detective. Frau Warzok es mi cliente. Me dio este numero para ponerme en contacto con ella.

– Frau Warzok no vive aqui -dijo el hombre. Era frio pero educado-. Nunca ha vivido aqui. Durante una epoca recogimos mensajes para ella. Cuando estaba en Munich, pero creo que ahora se ha ido a casa.

– ?Si? ?Y donde esta?

– En Viena -contesto.

– ?Tiene un numero de telefono donde poder localizarla?

– No, pero tengo una direccion -dijo-. ?Quiere que se la de?

– Si, por favor.

Se produjo otra larga pausa durante la cual, supuse, quienquiera que fuese busco la direccion.

– Horlgasse, 42 -dijo, por fin-. Apartamento 3, distrito 9.

– Gracias, herr… Oiga, ?quien es usted? ?El mayordomo? ?El antagonista de la asistenta? ?Que? ?Como se que esta direccion no es falsa? Solo para deshacerse de mi.

– Le he dicho todo lo que puedo -dijo-. De verdad.

– Escuche, amigo, hay dinero de por medio. Mucho dinero. Frau Warzok me contrato para seguirle la pista a una herencia, y hay una sustanciosa recompensa. No puedo cobrar si no le hago llegar un mensaje. Le dare el diez por ciento de lo que me corresponde si me ayuda con un poco de informacion. Como…

– Adios -dijo la voz-. Y, por favor, no vuelva a llamar.

La comunicacion se corto. Asi que volvi a llamar. ?Que otra cosa podia hacer? Pero esta vez no obtuve respuesta. Y la vez siguiente la operadora me dijo que el numero estaba averiado. Me quede ahi desorientado y sin mas pistas que seguir.

Todavia estaba sopesando la posibilidad de que Britta Warzok me hubiera enganado y ahora fuera una completa desconocida para mi, cuando otro desconocido salio del lavabo. Estaba sentado en la silla de ruedas de Gruen, empujada como de costumbre por Engelbertina, pero, confuso por mi conversacion telefonica con Wallace Beery y su amigo, tarde unos segundos en darme cuenta de que el desconocido era Eric Gruen.

– ?Que opinas? -pregunto el, mientras se acariciaba la cara afeitada, ahora suave.

– Te has afeitado la barba -dije, como un idiota.

– Ha sido Engelbertina -informo-. ?Que te parece?

– Estas mucho mejor sin ella -comento.

– Ya se que opinas tu -dijo-. Le preguntaba a Bernie.

Yo me encogi de hombros.

– Estas mucho mejor sin ella -asegure.

– Mas joven -anadio ella-. Mas joven y guapo.

– Solo lo dices por decir -dijo.

– No, es cierto. ?Verdad, Bernie?

Asenti y estudie la cara con mayor detenimiento. Habia algo familiar en sus rasgos. La nariz rota, el menton agresivo, la boca estrecha y la frente suave.

– ?Mas joven? Si, es verdad. Pero hay algo mas que no se decir. -Sacudi la cabeza-. No se. Tal vez tuvieras razon, Eric. Cuando dijiste que pensabas que nos conociamos de antes. Ahora que te has quitado la cubierta de la cara, tienes algo que me resulta familiar.

– ?De verdad?

Ahora sonaba poco claro, como si el no estuviera del todo seguro.

Engelbertina solto un grito de exasperacion.

– ?Es que no lo veis? Sois idiotas. ?No es obvio? Pareceis hermanos. Si, eso es, hermanos.

Gruen y yo nos miramos y enseguida supimos que tenia razon. Nos pareciamos mucho. Pero aun asi ella agarro un espejo de mano y nos obligo a juntar las cabezas y observar nuestro reflejo.

– Por eso os resultabais familiares cuando os mirabais -anuncio, triunfante-. Os recordabais a vosotros mismos, claro.

– Siempre he querido tener un hermano mayor -dijo Gruen.

– ?Que quieres decir con mayor? -pregunte.

– Bueno, es la verdad -insistio, y empezo a llenar la pipa-. Pareces una version mayor de mi. Un poco mas gris y desgastado. Mas castigado, seguro. Quizas incluso un poco mas grueso, en los limites. Y creo que pareces menos inteligente que yo. O tal vez solo un poco aturdido. Como si no recordaras donde has dejado el sombrero.

– Te has olvidado de mencionar que soy mas alto -dije-. Casi un metro.

Me miro a la cara, sonrio y encendio la pipa.

– No, pensandolo mejor, me refiero a menos inteligente. Tal vez incluso un poco estupido. El detective estupido.

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