– Es cierto -confirmo ella-. Creo que eso es parte del problema. Se da cuenta de que jamas podra arreglar las cosas con ella. Nunca.

Me enseno el telegrama.

– No creo que deba leerlo -dije, aunque de todos modos lo lei-. ?Donde esta?

– En su habitacion. Dijo que queria estar solo.

– Lo entiendo -dije-. Tu madre muere, no es como perder a un gato. A menos que seas un gato.

Engelbertina sonrio triste y me cogio de la mano.

– ?Tienes madre?

– Por supuesto, tenia una. Tambien un padre, si mal no recuerdo. Pero por el camino los he perdido a los dos. Soy un descuidado.

– Yo tambien -dijo ella-. Es otro punto en comun, ?verdad?

– Si -conteste, sin mucho entusiasmo. Para mi, solo teniamos una cosa en comun, y era lo que pasaba en sudormitorio, o en el mio. Volvi a mirar el telegrama de Gruen-. Aqui se insinua que recibe una importante fortuna.

– Si, pero solo si va a Viena a ver a los abogados en persona y la reclama -dijo-. Y no se por que no creo que lo haga. No en el estado actual. ?Y tu?

– ?Hasta que punto esta enfermo? -le pregunte.

– Si solo hubiera perdido el uso de las piernas, no estaria tan mal -dijo ella-. Pero tambien perdio el bazo.

– No lo sabia. ?Es serio?

– Perder el bazo aumenta el riesgo de infeccion -dijo ella-. El bazo es una especie de filtro de sangre y suministro de reservas. Por eso se queda sin energia con tanta facilidad. -Sacudio la cabeza-. No creo que pueda ir a Viena. Ni siquiera en el coche de Heinrich. Viena esta a casi quinientos kilometros, ?verdad?

– No lo se -respondi-. Hace mucho tiempo que estuve en Viena. Es mas, cuando llegas parece que esta mas lejos de lo que pensabas. No se si sabes a lo que me refiero. Los vieneses tienen algo que no me gusta. Son unos alemanes muy austriacos.

– ?Quieres decir como Hitler?

– No, Hitler era un austriaco muy aleman. Es diferente. -Me quede pensando un momento-. ?De cuanto dinero crees que se trata? Me refiero a la familia de Eric.

– No estoy del todo segura. Pero la familia Gruen era propietaria de una de las fabricas de azucar centroeuropeas mas grandes. -Se encogio de hombros-. Asi que podria ser bastante. A nadie le amarga un dulce, ?no?

– En Austria no -dije yo-. Pero es lo mas dulce que pueden ser.

– ?No te olvidas de algo? Soy austriaca.

– Y apuesto a que eso te hace sentir muy orgullosa -dije-. Cuando los nazis anexionaron a Austria en 1938, yo vivia en Berlin. Recuerdo que los judios austriacos iban a vivir alli porque pensaban que los berlineses serian mas tolerantes que los vieneses.

– ?Y lo eran?

– Durante una epoca. En realidad a los nazis nunca les gusto Berlin, ya lo sabes. Tardaron mucho en poner orden en la ciudad. Mucho tiempo y mucha sangre. Berlin era solo el paradigma de lo que ocurria, pero el nucleo real del nazismo era Munich. Todavia lo es, no deberia sorprenderme. -Encendi un cigarrillo-. Sabes, te envidio, Engelbertina. Por lo menos tu puedes elegir considerarte austriaca o judia. Yo soy aleman y no puedo hacer nada. Ahora mismo es como el estigma de Cain.

Engelbertina me apreto la mano que todavia tenia agarrada.

– Cain tenia un hermano. Y en cierto modo, Bernie, tu tambien. O por lo menos alguien que se parece mucho a un hermano tuyo. Tal vez puedas ayudarle. Es tu trabajo, ?no? Ayudar a la gente.

– Haces que parezca una profesion muy noble. Parsifal, el Santo Grial y cinco horas de Wagner. Yo no soy asi, Engelbertina. Soy mas un caballero con una jarra de cerveza con tres minutos de Gerhard Winkler y su orquesta Regent Classic.

– Entonces conviertelo en algo noble -dijo ella-. Haz algo mejor, desinteresado y no material. Estoy segura de que se te ocurre algo noble que hacer. Por Eric, quiza.

– No lo se. ?Que beneficio saco de hacer algo desinteresado y no material?

– Yo te lo digo -contesto ella-. Si tienes tiempo y paciencia para escuchar. Y la voluntad de propiciar un cambio en tu vida.

Sabia que hablaba de religion. No era uno de mis temas favoritos de conversacion, sobre todo con ella.

– No, pero tal vez pueda hacer algo -dije para cambiar de tema-. Algo mas o menos noble. Por lo menos, es la idea mas noble que soy capaz de pensar sin un par de copas entre pecho y espalda.

– Entonces cuentamela -dijo ella-. Me apetece que me impresiones.

– Querida, siempre estas dispuesta a que te impresione -dije-. Y no me lo explico, me miras y parece que pienses que no puedo hacer nada mal. Puedo y lo hago. -Me pare un momento y luego anadi-: Dime, ?deverdad crees que me parezco a Eric?

Ella asintio.

– Sabes que es verdad, Bernie.

– Y solo tenia a su madre, ?cierto?

– Si, solo su madre.

– ?Y ella no sabia que el iba con silla de ruedas?

– Sabia que estaba gravemente herido, pero eso es todo, nada mas especifico.

– Entonces contestame a esto: ?crees que podria hacerme pasar por el? Con los abogados de su familia.

Ella me miro directamente a los ojos, lo penso un momento y luego empezo a asentir.

– Es una gran idea -dijo-. Por lo que se, hace veinte anos que no va a Viena. La gente puede cambiar mucho en veinte anos.

– Sobre todo en los ultimos veinte anos -anadi, moviendo los dedos-. Yo era el organista de la iglesia. ?Donde esta su pasaporte?

– Es una idea brillante -dijo ella, entusiasmada.

– No es muy noble -conteste.

– Pero es practica. Y tal vez en esta situacion en concreto, practica es mejor que noble. Nunca se me hubiera ocurrido algo asi.

Engelbertina se levanto y abrio una comoda de la que saco un sobre de papel de canamo. Me lo entrego.

Lo abri y saque un pasaporte. Comprobe la fecha y la fotografia, todavia era valido. Estudie la fotografia con ojo critico. Luego se lo pase a ella, que la miro y luego me acaricio el pelo como para comprobar la cantidad de canas y pensando que tal vez eran demasiadas.

– Por supuesto, tendriamos que cambiarte el peinado -dijo ella-. Eres mayor que Eric. Sin embargo, lo raro es que no pareces mucho mayor. Pero si, podrias pasar por el. -Salto un poco en el borde de mi cama-. ?Por que no le preguntamos que le parece?

– No, vamos a esperar un poco. Esperemos hasta esta tarde. Ahora mismo probablemente esta demasiado afectado para pensar con claridad en nada.

27

– Es una locura -dijo Eric Gruen, cuando acabe de explicarle mi sugerencia-. La mayor locura que he oido jamas.

– ?Por que? Dices que nunca conociste al abogado de la familia. No sabe que vas en silla de ruedas. Le enseno mi pasaporte y ve una version mayor y mas gruesa de la persona de la fotografia. Firmo los papeles, tu consigues tus propiedades. ?Que hay mas facil que eso? Siempre que no haya nadie que te recuerde de verdad.

– Mi madre era una mujer muy dificil -comento Gruen-. Con muy pocos amigos. No solo tenia problemas conmigo, ni siquiera mi padre la soportaba, ella ni siquiera fue a su funeral. No, solo esta el abogado. Pero mira,

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