del eco, todo esta bien.

– Engelbertina esta aqui -dijo-. Dice que te de recuerdos, y que te echa de menos.

Me mordi un poco de piel del interior del labio.

– Yo tambien la echo de menos -menti-. Escucha, Eric, esta llamada te esta costando una fortuna, asi que mejor que vaya al grano. Como te he dicho, me reuni con Bekemeier, y todo fue bien. Es decir, parece bastante convencido de que soy tu.

– Bien, bien.

– Pero tiene algo extrano. Algo que no me ha dicho y a lo que no paraba de darle vueltas. No he podido deducir de que puede tratarse. ?Se te ocurre algo?

– Si, creo que si. -Solto una risa burlona y luego la voz parecia incomoda, como la de alguien que ha tomado prestado tu coche sin decirtelo-. Hubo una epoca, hace anos, en que se decia que el viejo Bekemeier y mi madre eran, ya sabes, amantes. Si te parecio que se sentia incomodo, puede que ese sea el motivo. Supongo que pensaba que lo sabias y estaba avergonzado. Fui un estupido al no mencionartelo.

– Bueno -dije-, supongo que es logico. Esta tarde voy a ver a tu antigua novia. La que dejaste abandonada en apuros.

– Recuerda lo que te dije, Bernie. No debe saber que el dinero es mio, de lo contrario no lo aceptara.

– Me lo dijiste. Un benefactor anonimo.

– Gracias, Bernie. De verdad te lo agradezco.

– Olvidalo -conteste y colgue el auricular.

Pasado un rato, sali de nuevo y subi a un autobus numero 1 alrededor de la avenida Ring en el sentido de las agujas del reloj hasta el hotel de France, en busca de un lugar para comer. Era de entrada libre, aunque todavia estaba requisado por el ejercito de ocupacion frances. Eso era un punto en contra. Por otra parte, la comida, segun el conserje de mi hotel, era la mejor de la ciudad. Ademas, estaba al lado de mi siguiente parada.

29

Llegue a Liechtensteinstrasse, en el centro del distrito 9, cuando la luz empezaba a desvanecerse, que siempre es el mejor momento del dia en Viena. Los danos por las bombas, que no eran mucho comparado con Munich, y nada comparado con Berlin, dejan de ser evidentes y es facil imaginar la ciudad como la gran capital imperial que era. El cielo habia adquirido un tono gris purpura y por fin habia dejado de nevar, aunque eso no mermaba el entusiasmo de la gente que compraba botas de esquiar en Moritz, que colindaba con el edificio de pisos donde vivia Vera Messmann.

Entre en el edificio y empece a subir los peldanos. Me hubiera resultado facil si no me estuviera recuperando de una neumonia y no hubiera disfrutado de una comida tan estupenda. Su piso estaba en el atico, y tuve que parar varias veces para recobrar el aliento, o por lo menos para verlo salir de mi boca en aquellas bajisimas temperaturas. La barandilla metalica estaba pegajosa del frio. Cuando llegue arriba, habia empezado a nevar de nuevo y los copos golpeaban la ventana del hueco de la escalera como suaves balas de hielo del rifle de un francotirador celestial. Me recline en la pared y espere a que se me calmara la respiracion hasta recuperar el habla. Luego llame a la puerta de fraulein Messmann.

– Me llamo Gunther, Bernie Gunther -dije, me quite el sombrero con educacion y le ofreci una de mis tarjetas de Munich-. Tranquila, no vendo nada.

– Eso es bueno -dijo-. Porque no voy a comprar nada.

– ?Es usted Vera Messmann?

Ella leyo por encima la tarjeta y luego me miro.

– Depende -contesto.

– ?De que, por ejemplo?

– De si cree que lo hice yo o no.

– ?Hacer que?

No me importaba que jugara conmigo. Una de las ventajas del oficio es que una morena atractiva te tome el pelo.

– Oh, ya sabe. Asesinar a Roger Ackroyd.

– Nunca he oido hablar de el.

– Agatha Christie -dijo ella.

– Tampoco he oido hablar de ella.

– No lee libros, herr… -Volvio a leer la tarjeta, seguia riendose de mi-. Gunther.

– Nunca -respondi-. Es muy malo para el negocio parecer que se mas de lo que me cuentan mis clientes. La mayoria quiere a alguien que no sea policia pero que se comporte como tal. No quieren a alguien que cite a Schiller.

– Bueno, por lo menos ha oido hablar de el -dijo ella.

– ?De Schiller? Claro. Es el tipo que decia que la verdad sobrevive en medio de la decepcion. Tenemos esa cita en la puerta del despacho. Es el santo patron de los detectives de todo el mundo.

– Sera mejor que pase, herr Gunther -dijo ella, y se aparto a un lado-. Al fin y al cabo, el que es demasiado precavido consigue poco. Eso tambien es de Schiller, por si no lo sabia. Ademas de los detectives privados, tambien es el patron de las mujeres solteras.

– Cada dia se aprende algo nuevo -dije yo.

Entre en el piso y disfrute de su perfume cuando pase al lado de su cuerpo.

– No, no todos los dias -dijo ella, y cerro la puerta-. Ni siquiera cada semana. En Viena no, por lo menos ultimamente no.

– Tal vez tendria que comprar el periodico -sugeri.

– Perdi la costumbre -contesto-. Durante la guerra.

Le lance otra mirada. Me gustaban sus gafas, hacian que pareciera que habia leido todos los libros de las estanterias que flanqueaban la entrada a su piso. Si algo hay que me gusta, es una mujer que empieza pareciendo poco agraciada y se vuelve mas guapa cuanto mas la miras. Vera Messmann era de ese tipo de mujeres. Pasado un rato me daba la impresion de que era una mujer bastante guapa. Una mujer guapa que resultaba que llevaba gafas. Ella no tenia muchas dudas sobre nada de eso, tenia una seguridad serena en la manera de comportarse y de hablar. Si hubiera un concurso de belleza de bibliotecarias, Vera Messmann lo hubiera ganado de sobras. Ni siquiera tendria que quitarse las gafas y soltarse el pelo castano.

Nos quedamos, un poco incomodos, en el pasillo de la entrada. Aun tenia que darle una alegria, aunque, por lo que decia, mi sola presencia era una agradable novedad.

– Como no he matado a nadie, ni cometido adulterio, en cualquier caso no desde el verano pasado, me intriga saber que puede querer de mi un detective privado.

– No trabajo con asesinatos -conteste yo-. Desde que deje de ser poli. Sobre todo me piden que busque a personas desaparecidas.

– Debe de tener mucho trabajo que le mantenga ocupado.

– Es un cambio agradable ser el portador de buenas noticias -comente-. Mi cliente, que quiere permanecer en el anonimato, desea que tenga usted un dinero. No tiene que hacer nada para recibirlo. Solo ir manana por la tarde a un banco Spaengler a las tres y firmar un recibo del dinero en efectivo. Y eso es casi todo lo que puedo decirle, aparte de la cantidad. Veinticinco mil chelines.

– ?Veinticinco mil chelines? -Se quito las gafas, y evidencio que tenia toda la razon. Era un bombon-. ?Esta seguro de que no hay ningun error?

– No, si es usted Vera Messmann -conteste-. Necesitara algo que la identifique para demostrar quien es en el banco. Los banqueros son menos confiados que los detectives. -Sonrei-. Sobre todo los bancos como el Spaengler. Esta en Dorotheengasse, en la zona internacional.

– Mire, herr Gunther, si es una broma, no es muy divertida. Veinticinco mil chelines para alguien como yo. Para cualquiera, es mucho dinero.

– Puedo irme ahora mismo, si lo prefiere -dije yo-. No volvera a verme nunca. -Me encogi de hombros -. Escuche, entiendo que le ponga nerviosa que venga asi. Tal vez yo lo estaria en su lugar. Asi que quiza deberia

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