consistente en una cantidad importante de dinero remitida ya a la cuenta bancaria suiza a traves de la cual recibo por lo comun mis honorarios.

La noche antes me dijo por telefono:

– Si supiera algo de ti, Lucky, te regalaria algo mas que frio dinero. Todo lo que se de ti es que tocas el laud, y que cuando eras nino lo llevabas siempre contigo. Me lo contaron…, eso de la musica. Si no te hubiera gustado tanto tocar el laud, tal vez nunca nos habriamos conocido. ?Te das cuenta del tiempo que ha pasado desde que te vi? Y siempre espero que te dejes caer por aqui y traigas contigo tu precioso laud. Cuando lo hagas, te pedire que toques para mi, Lucky. Diablos, Lucky, ni siquiera se donde vives en realidad.

Ahora era algo que mencionaba continuamente, que no sabia donde vivo, porque creo que tenia miedo, en el fondo de su corazon, de que yo no confiara en el, de que mi trabajo hubiera desgastado poco a poco el amor que yo sentia por el.

Pero si que confiaba en el. Y lo queria. No queria a nadie mas que a el en el mundo. Solo que deseaba que nadie supiera donde vivia.

Ninguno de los lugares donde yo vivia era mi hogar, y cambiaba con frecuencia de residencia. Nada me llevaba de un sitio a otro, a excepcion de mi laud y todos mis libros. Y, por supuesto, mis pocas ropas.

En esta era de telefonos moviles y de Internet, era muy facil no dejar rastro. Y tambien muy facil escuchar una voz intima en un silencio teletronico perfecto.

– Mira, puedes llamarme en cualquier momento, de dia o de noche -le recorde-. Donde viva no tiene importancia. A mi no me importa, de modo que ?por que habia de importarte a ti? Y algun dia puede que te mande una grabacion de mi tocando el laud. Te sorprendera. Todavia lo hago bien.

Rio sin ruido. Se sentia feliz, como siempre que yo le contestaba al telefono.

– ?Te he fallado alguna vez? -le pregunte.

– No, y yo tampoco te fallare nunca -contesto-. Es solo que me gustaria verte con mas frecuencia. Diablos, podrias estar en Paris ahora mismo, o en Amsterdam.

– No lo estoy -respondi-. Lo sabes. Los controles policiales son demasiado peligrosos. Estoy en Estados Unidos, y aqui he permanecido desde el 11-S. Mas cerca de lo que piensas, y te hare una visita uno de estos dias, aunque no ahora mismo, y puede que te invite a cenar. Nos sentaremos en un restaurante como seres humanos. Pero en estos momentos no estoy preparado para una reunion. Me gusta estar solo.

No hubo ningun encargo en ese aniversario, de modo que pude quedarme en la Posada de la Mision y acercarme en coche a San Juan Capistrano la manana siguiente.

No habia ninguna necesidad de decirle que en ese momento tenia un apartamento en Beverly Hills, en un rincon tranquilo y arbolado, y que al ano siguiente tal vez estaria en Palm Springs o en el desierto. No habia necesidad de contarle que no tenia que molestarme en disfrazarme en ese apartamento ni tampoco en sus alrededores, ni que la Posada de la Mision quedaba a tan solo una hora de viaje.

En el pasado, nunca habia salido sin alguna clase de disfraz, y adverti ese cambio en mi mismo con una fria ecuanimidad. A veces me preguntaba que si alguna vez iba a parar a la carcel me dejarian tener mis libros.

La Posada de la Mision en Riverside, California, era mi unica constante. Habria cruzado en avion todo el pais para ir a Riverside. La Posada era el lugar donde preferia estar, entre todos.

El Hombre Justo habia seguido hablando aquella noche.

– Hace anos, te compre todas las grabaciones que habia en el mundo de musica de laud, y el mejor instrumento que se podia adquirir con dinero. Y compre todos esos libros que querias. Diablos, vacie los estantes de las librerias. ?Sigues leyendo todo el tiempo, Lucky? Sabes que deberias aprovechar las oportunidades para mejorar tu educacion, Lucky. Tal vez tendria que haberme preocupado por ti un poco mas de lo que lo he hecho.

– Jefe, te estas preocupando por nada. Tengo mas libros ahora de los que puedo desear. Dos veces al mes, dejo una caja llena en alguna biblioteca. Estoy perfectamente.

– ?Que me dices de un atico en alguna parte, Lucky? ?O de unos libros raros? Tiene que haber algo que pueda regalarte, ademas de dinero. Un atico seria bonito, y seguro. Siempre estas mas seguro cuanto mas arriba estas.

– ?Seguro en el cielo? -pregunte. El hecho es que mi apartamento de Beverly Hills era un atico, pero el edificio solo tenia cinco plantas-. A los aticos se llega normalmente de dos maneras, jefe -dije-, y a mi no me gusta verme rodeado. No, gracias.

Pero si me sentia seguro en mi atico de Beverly Hills, que tenia las paredes forradas con libros sobre todas las epocas anteriores al siglo xx.

Durante mucho tiempo supe por que me gustaba la historia. Era porque los historiadores hacen que todo suene coherente, intencionado, completo. Toman un siglo entero y le imponen un significado, una personalidad, un destino. Y eso, por supuesto, es falso.

Pero me aliviaba mi soledad leer esa clase de escritos, pensar que el siglo xiv era un «espejo lejano», para parafrasear un titulo famoso, y creer que podemos saber de epocas enteras como si hubieran existido con una continuidad maravillosa unicamente para nosotros.

Era bueno leer en mi apartamento. Era bueno leer en la Posada de la Mision.

Me gustaba mi apartamento por mas de una razon. Como yo mismo sin disfraz, me gustaba pasear por el barrio suave y tranquilo y detenerme en el Hotel Four Seasons para desayunar o almorzar.

A veces me registraba en el Four Seasons solo para estar en un lugar completamente distinto, y tenia una suite favorita con una larga mesa de comedor de granito y un gran piano negro. Tocaba el piano en esa suite, e incluso a veces cantaba con los restos de la voz que tuve en otros tiempos.

Hace anos, llegue a creer que cantaria toda mi vida. Fue la musica lo que me disuadio de querer ser un monje dominico…, eso y el crecer, supongo, y querer salir con chicas y anhelar ser un hombre de mundo. Pero fue sobre todo la musica lo que arraso mi alma de nino de doce anos, y el encanto total del laud. Creo que cuando tocaba aquel laud tan hermoso me sentia superior a los chicos de la banda del garaje.

Todo aquello desaparecio, y siguio desaparecido durante diez anos -el laud era ahora una reliquia-, y llego el aniversario y no iba a darle mi direccion al Hombre Justo.

– ?Que puedo regalarte? -siguio insistiendo-. ?Sabes? Entre en esa tienda de libros raros el otro dia, solo por casualidad. Estaba paseando por Manhattan. Ya me conoces, yo con mis paseos. Y vi ese hermoso libro viejo sobre la Edad Media.

– Jefe, la respuesta es no -dije. Y colgue.

El dia despues de esa llamada telefonica charle sobre el asunto con el Dios inexistente de la capilla Serra, al parpadeo de la luz roja del tabernaculo, y le dije que me estaba convirtiendo en un monstruo, un soldado sin guerra y un francotirador sin causa, un cantor que nunca cantaba de verdad. Como si a El le importara.

Y luego encendi una vela a la «Nada» en que se habia convertido mi vida. «Ahi va esa vela…, por mi.» Me parece que dije eso. No estoy seguro. Se que en ese momento hable en voz demasiado alta porque hubo personas que se dieron cuenta. Y me sorprendio, porque la gente apenas se daba cuenta nunca de mi presencia.

Incluso mis disfraces eran borrosos y palidos.

Habia ciertos puntos comunes, sin embargo, aunque dudo que nadie los advirtiera. El cabello negro peinado hacia atras con fijador, las gruesas gafas oscuras, la gorra de visera, la cazadora de cuero, el habitual cojeo de un pie, aunque nunca el mismo pie.

Era suficiente para hacer de mi el hombre a quien nadie veia. Antes de presentarme alli como yo mismo, probe tres o cuatro disfraces en la recepcion de la Posada de la Mision, y tres o cuatro nombres distintos a juego. Funciono a la perfeccion. Cuando el autentico Lucky el Zorro entraba con el alias de Tommy Crane, nadie daba la mas ligera muestra de haberlo reconocido. Era demasiado bueno con los disfraces. Para los agentes que me perseguian, yo era un modus operandi, no un hombre con una cara.

En esa ultima ocasion sali de la capilla Serra furioso, y confuso, y desdichado, y solo me console yendo a pasar el dia a la pintoresca pequena ciudad de San Juan Capistrano, y comprando una estatua de la Virgen en la tienda de regalos de la mision antes de que cerrara.

No era tan solo una Virgen corriente, pequena. Era una figura con el Nino Jesus, no solo modelada en yeso sino con la ropa tambien enyesada. Parecia que la ropa debia de ser suave al tacto, pero no lo era. Era dura y rigida. Y dulce. El pequeno Nino Jesus tenia mucho encanto, con su cabecita inclinada a un lado, y la Virgen tenia lagrimas en la cara y dos manos que asomaban bajo el bonito manto blanco y oro. Deje la caja en el asiento del

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