carta, seco la tinta por ultima vez, plego el pergamino y lo sello con lacre, y levanto la vista en mi direccion.

– Ahora mismo enviare esto a mis hermanos dominicos de Norwich, para fray Antonio, a quien conozco personalmente, y le expreso mi firme opinion de que estan en el mal camino. Alabo a Fluria y Meir y admito con entera franqueza que Eli, el padre de Fluria, fue en tiempos mi maestro en Oxford. Creo que mejorara las cosas, pero quiza no lo bastante. No puedo escribir a lady Margaret de Norwich, y si lo hiciera, creo que ella no dudaria en arrojar mi carta al fuego.

– Esa carta tiene un peligro -dije.

– ?Cual?

– Admites conocer a Fluria, cosa que seguramente ignoran otros dominicos. Cuando visitaste a Fluria en Oxford, cuando te fuiste de alli con tu hija, ?no se enterarian de lo ocurrido tus hermanos de Oxford?

– ?El Senor me ayude! -suspiro-. Mi hermano y yo procuramos mantenerlo todo en secreto. Solo mi confesor sabe que tengo una hija. Pero tienes razon. Los dominicos de Oxford conocen muy bien a Eli, el Magister de la sinagoga y maestro suyo en tiempos. Y saben que Fluria tiene dos hijas.

– Exacto -dije-. Si escribes una carta que despierte su atencion sobre la relacion que os une, no podremos llevar a cabo el engano que podria salvar a Fluria y a Meir.

Arrojo la carta al brasero y observo como la devoraban las llamas.

– No se como resolver esto -dijo-. Nunca he tenido que afrontar nada tan feo y tortuoso en mi vida. ?Podemos atrevernos a intentar una impostura cuando los dominicos de Oxford pueden muy bien contar a los de Norwich que Rosa esta sustituyendo a su hermana? No puedo poner a mi hija en ese peligro. No, es imposible que viaje.

– Hay demasiada gente que sabe demasiadas cosas. Pero algo ha de ocurrir para que cese el escandalo. ?Te atreves a ir tu, y defender a la pareja ante el obispo y el sheriff?

Le explique que el sheriff sospechaba ya que Lea estaba muerta en realidad.

– ?Que vamos a hacer? -pregunto.

– Intentar llevar adelante el engano, pero hacerlo con mas astucia y mas mentiras -dije-. Es la unica forma que veo de salir del paso.

– Explicate -dijo.

– Si Rosa esta dispuesta a representar el papel de su hermana, la llevaremos a Norwich. Insistira en que es Lea y en que ha estado con su hermana Rosa en Paris, y se mostrara muy indignada de que alguien haya acusado tan malignamente a sus amados padres. Y puede expresar su impaciencia por volver de inmediato con su hermana gemela. Al admitir la existencia de las gemelas y su conversion a la Iglesia, daras un motivo para el repentino viaje a Paris en mitad del invierno. Lea queria estar junto a su hermana, de la que llevaba separada muy poco tiempo. En cuanto al hecho de que tu seas su padre, ?por que ha de ser necesario mencionarlo?

– Ya sabes lo que dicen los rumores -me dijo de pronto-. Que Rosa es en realidad hija de mi hermano Nigel. Porque Nigel me acompano en todas las etapas del viaje. Como te he dicho, solo mi confesor conoce la verdad.

– Mejor que mejor. Escribe enseguida a tu hermano, si te parece, cuentale lo que ha ocurrido, y dile que debe encaminarse a Norwich de inmediato. Ese hombre te quiere, Fluria me lo dijo.

– Oh, claro que si, siempre me ha querido a pesar de lo que mi padre le obligo a pensar o a hacer.

– Muy bien pues, que vaya el y jure que las gemelas estan juntas en Paris, y nosotros emprenderemos el viaje desde aqui en cuanto nos sea posible con Rosa, que asegurara ser Lea, indignada y dolida por la situacion de sus padres, y se declarara impaciente por volver a Paris de inmediato junto a su tio Godwin.

– Veo un fallo en el plan -dijo el-. Danara la reputacion de Fluria.

– Nigel no tiene que decir abiertamente que es el padre. Dejaremos que lo piensen, pero no tiene por que decirlo. Las ninas tienen un padre legal. Nigel solo tiene que alegar su interes como amigo por una nina que se ha convertido a la fe cristiana cuando el era tutor de su hermana, que espera en Paris el regreso de Lea, la nueva conversa.

Escuchaba absorto lo que yo le decia. Me di cuenta de que estaba sopesando todos los aspectos. Las ninas, por su condicion de conversas, podrian ser expulsadas de la comunidad judia y perder su fortuna. Fluria me habia hablado de eso. Pero yo me aferraba a la idea de una Rosa apasionada pretendiendo ser una indignada Lea para rechazar a las fuerzas que amenazaban a la juderia, y sin duda nadie en Norwich reclamaria que la otra gemela se presentara tambien alli.

– ?No lo ves? -dije-. Es una historia que se ajusta a todos los puntos importantes.

– Si, muy bien pensada -contesto, pero seguia ensimismado.

– Explica por que se fue Lea. La influencia de lady Margaret le hizo aceptar la fe cristiana. Y le entro el deseo de reunirse con su hermana cristiana. El Senor sabe bien que todo el mundo en Inglaterra y en Francia arde en deseos de convertir a la tribu de los judios en cristianos. Y resulta sencillo explicar que Meir y Fluria han hecho tanto misterio del asunto porque para ellos se trataba de una doble desgracia. En cuanto a ti y a tu hermano, sois los tutores de las gemelas conversas. Todo esta muy claro en mi mente.

– Lo veo -dijo despacio.

– ?Crees que Rosa podra representar el papel de su hermana Lea? -pregunte-. ?La crees capaz de una cosa asi? ?Nos ayudara tu hermano? ?Te parece que Rosa estara dispuesta a intentarlo?

Penso en esas cosas largo rato, y luego dijo sencillamente que teniamos que ir a ver a Rosa de inmediato, aunque era tarde y, como era evidente, ya oscurecia.

Cuando mire por la pequena ventana de la celda, solo vi oscuridad, aunque podia ser debido al espesor de la nieve que caia.

De nuevo tomo asiento y se dedico a escribir una carta. Y me la iba leyendo en voz alta mientras escribia.

– Querido Nigel, tengo gran necesidad de ti, porque Fluria y Meir, mis queridos amigos y amigos de mis hijas, se encuentran en un grave peligro debido a sucesos recientes que no puedo explicarte, pero que te confiare en cuanto nos encontremos. Te pido que vayas de inmediato a la ciudad de Norwich y alli me esperes, porque esta misma noche emprendere viaje hacia alli. Presentate al lord sheriff, que guarda a muchos judios en la torre del castillo para protegerlos, y hazle saber que conoces bien a los judios en cuestion, y que eres el tutor de sus dos hijas -Lea y Rosa-, que se han hecho cristianas y viven ahora en Paris, bajo la guia del hermano Godwin, su padrino y su devoto amigo. Ten en cuenta, por favor, que los habitantes de Norwich no saben que Meir y Fluria tienen dos hijas, y estan muy extranados por el hecho de que la unica nina que conocen se haya marchado de la ciudad.

»Insiste en que el lord sheriff mantenga en secreto estas noticias hasta que yo pueda verte y te explique con mas detalle por que hemos de emprender estas acciones ahora.

– Esplendido -dije-. ?Crees que tu hermano hara lo que le pides?

– Mi hermano hara cualquier cosa por mi -contesto-. Es un hombre amable y carinoso. Le diria mas cosas de estar seguro de que no hay peligro de que la carta caiga en malas manos.

De nuevo seco sus muchas frases y su firma, plego la carta, la cerro con lacre y luego se levanto, me rogo que esperara un momento y salio de la habitacion.

Estuvo algun tiempo ausente.

Al mirar a mi alrededor la habitacion, con su olor a tinta y a pergamino viejo, a piel de encuadernar y a brasas, se me ocurrio la idea de que yo podria pasar aqui feliz mi vida entera, y que de hecho estaba viviendo una nueva vida tan superior a nada de lo que hubiera conocido antes, que casi me entraban ganas de llorar.

Pero no era momento para pensar en mi mismo.

Cuando Godwin volvio, estaba sin aliento y parecia algo mas tranquilo.

– La carta partira manana por la manana, y viajara con mucha mas rapidez que nosotros camino de Inglaterra, porque la he enviado a la atencion del obispo que rige la sede de St. Aldate y la mansion solariega de mi hermano, y el entregara la carta en propia mano a Nigel. -Me miro y de nuevo asomaron las lagrimas a sus ojos-. Yo no podria haber hecho esto solo -me dijo, agradecido.

Tomo su manto del clavo del que colgaba, y el mio tambien, y nos abrigamos para afrontar la nieve que caia fuera. Empezo a envolverse las manos en los trapos que habia dejado a un lado, pero yo meti la mano en mi bolso al tiempo que murmuraba una oracion, y saque un par de guantes.

«?Gracias, Malaquias!»

El miro los guantes y, con un gesto de asentimiento, tomo los que le ofrecia y se los puso. Vi que no le gustaban la piel fina ni el adorno del ribete, pero habia una tarea que teniamos que llevar a cabo.

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