Mi madre tenia razon: los Fleurier se habian opuesto a ella por ser una extrana, y, aun asi, mi padre se habia casado con ella. Sin embargo, una luz iluminaba el futuro para Andre y para mi. Habia abordado el tema con su padre, le habia dicho que me amaria eternamente y el le habia prometido que si seguiamos estando juntos cuando Andre cumpliera treinta anos, se convenceria de que yo era una buena pareja para su hijo. Para mis adentros, pense en que no debia hacerle caso a la actitud condescendiente que monsieur Blanchard demostraba por mi. Independientemente de lo rica que me hiciera por mi propio trabajo, me trataba como a una especie de frivola cazafortunas. No podia evitar preguntarme si monsieur Blanchard se habria dejado convencer de haber sido Andre su hijo favorito.
Capitulo 2 3
Camille volvio de Alemania en 1930, cuando la industria cinematografica se convirtio al sonido y no podia seguir gesticulando las palabras simplemente. Siempre que nos encontrabamos en estrenos o bailes, nos prometiamos que algun dia nos pondriamos al dia, pero nunca lo haciamos. Eso fue hasta el verano de 1935, en el que Camille alquilo una villa en Cannes con su amante, Vincenzo Zavotto, heredero de la familia italiana dedicada al transporte maritimo. Nos invito a Andre y a mi a quedarnos alli en agosto.
– Nunca he entendido por que te relacionas con Camille Casal -se quejo Andre cuando le hable sobre la invitacion de Camille-. Se comporta de una manera tan condescendiente cuando te habla que es como contemplar a un gato torturando a un raton.
La opinion de Andre me sorprendio. ?Asi era como nos veia? Cuando yo era mas joven idolatraba a Camille, pero nuestra relacion habia cambiado a lo largo de los anos. Mi exito nos habia colocado en una situacion mas igualitaria, aunque eramos mas companeras de profesion que amigas. Nunca confiaria en Camille como lo hacia en Odette.
– La conozco desde hace muchos anos -repuse-. Me consiguio mi primer papel en el Casino de Paris. Me daria verguenza rechazar su invitacion ahora.
– Como quieras -me dijo, acariciandome el cabello-, estare encantado de ir contigo. Pero ten cuidado con ella. Tiene la reputacion de ser una vibora.
Andre no me estaba diciendo de Camille nada que yo no hubiera oido antes en boca de otras personas. El caracter indiferente y oportunista que demostraba no le habia granjeado demasiadas amistades. Pero yo conocia la historia de su hija y eso me hacia interpretar sus motivos de forma diferente. Si yo hubiera dado a luz un hijo ilegitimo, habria contado con la ayuda de mi familia. Camille no tenia a nadie. Ella habia demostrado generosidad para conmigo; asi que pensaba que no era un precio demasiado alto mantener su amistad, al menos, socialmente.
El contraste entre el azul de la bahia de Cannes y las blancas paredes encaladas de la villa en la falda de una colina me recordo a los dos colores que siempre habia asociado con la Provenza. Camille y Vincenzo estaban tomando el sol junto a la piscina cuando Andre introdujo el automovil por el camino de entrada de gravilla. Vincenzo, con el cabello engominado hacia atras y la piel muy bronceada, se levanto de un salto para recibirnos. Camille le siguio pausadamente.
Vincenzo se presento con un afectado acento frances. Era un play-boy de pies a cabeza con sus gafas de sol cuadradas, banadores con cinturon y pedicura perfecta. No obstante, resultaba simpatico cuando ensenaba su sonrisa de dientes nacarados. Habia oido que Camille seguia enamorada del oficial del Ministerio de Defensa y que solo frecuentaba a Vincenzo por diversion.
Camille llamo a la sirvienta para que nos trajera algo de beber.
– Debeis de estar agotados por el calor -comento-. Me sorprende que hayais decidido venir conduciendo.
– Nos hemos tomado nuestro tiempo -le contesto Andre-. Hemos hecho un par de descansos durante el camino.
– Muy sensato -comento Vincenzo-. Venid, sentaos. La sirvienta os mostrara vuestras habitaciones despues.
Nos sentamos a la mesa junto a la piscina. La sirvienta nos trajo copas de Pernod. El sabor anisado me recubrio la lengua y me transporto a la Marsella de 1923, cuando
Tras la cena de aquella noche, Camille se quedo dormida en el sofa.
– Ha tomado demasiado el sol -comento Vincenzo con una gran sonrisa-. Vosotros dos deberiais ir a dar un paseo por la playa.
Despues de haber pasado en el coche los ultimos dos dias, la idea de estirar las piernas me resultaba tentadora, e hicimos caso de su sugerencia.
– Aspira este aire -le dije a Andre, corriendo por la tibia arena hasta el agua. Las olas burbujeaban como leche espumosa alrededor de mis tobillos-. Y mira la puesta de sol. ?Es tan hermosa! Estoy segura de que el crepusculo en el sur de Francia dura mas que en ningun otro sitio del mundo.
Andre se coloco detras de mi y me puso las manos sobre los hombros.
– Es agradable estar asi, ?verdad? Aqui, al aire libre.
– Si que lo es -asenti-. Me recuerda a nuestro primer viaje en el
Andre apreto su mejilla contra la mia.
– Simone, voy a cumplir treinta anos en diciembre. Cuando regresemos a Paris, voy a decirle a mi padre que nos vamos a casar.
Me volvi para mirarle.
– ?Tu crees que nos dara su bendicion?
Me beso prolongadamente.
– Todo el mundo sabe que si. El mismo sabe que dara su aprobacion. He elegido a una mujer bella e inteligente que habla varios idiomas y es una elegante anfitriona. Tu estas lo menos tres escalones por encima de cualquiera de las hijas de sus amigos. Ademas, el hecho de que me ames y me comprendas me hara mejor empresario y mejor padre. -Andre apoyo su barbilla sobre mi hombro-. El y el resto de la alta sociedad parisina saben que no ha habido ninguna otra mujer aparte de ti.
Me volvi para contemplar el oceano. ?Asi que era cierto? ?Que rapido me estaba cambiando la vida! Habia disfrutado mi paso por el teatro y por el cine, pero no podia continuar a aquel ritmo para siempre. Casi tenia veintisiete anos y queria tener al menos cuatro hijos. Me imagine varias manitas minusculas alargandose para cogerme la mia y cuatro caritas mirandome: dos ninos y dos ninas.
– Ya se lo he dicho a mi madre -me confeso Andre.
– ?Que te ha dicho ella?
– Me dijo que debiamos buscar una casa.
El sol parecio quedarse congelado en el cielo y el agua alrededor de mis pies se aparto por la marea.
– ?De verdad?
– Quiza en Neuilly o Les Vesinet. Algun lugar en el que podamos tener
