jardin, pero no muy lejos de la ciudad.

Asi que por fin nuestra paciencia y nuestra fe estaban dando sus frutos. Monsieur Blanchard no podia negarnos la felicidad que nos habiamos ganado. Sonrei, pensando en lo maravilloso que seria que finalmente Andre y yo pudieramos vivir como marido y mujer. Le habia amado ardientemente durante todos aquellos anos que habiamos pasado juntos, pero a veces habia albergado dudas sobre si monsieur Blanchard realmente nos permitiria casarnos. Y, sin embargo, por alguna razon, todo habia acabado por resolverse. Por fin iba a convertirme en la esposa de Andre.

Andre durmio hasta tarde la manana siguiente, mientras que yo me despeje totalmente mucho antes del desayuno. Mire por la ventana el oceano verde azulado y me alegre de ver a Camille sentada junto a la piscina, contemplando a Vincenzo nadar varios largos.

– Pareces tan feliz como un gato que acaba de atrapar un pajarillo -me saludo Camille, levantando la mirada desde su hamaca cuando sali al patio.

– Andre y yo nos vamos a casar -anuncie, olvidandome de que Andre me habia advertido que fuera precavida con ella.

Ya habiamos esperado lo suficiente; queria comunicarle las buenas noticias a todo el mundo.

Camille parecio sobresaltarse, como si, de alguna manera, yo la hubiera insultado.

– ?Te lo ha pedido?

Asenti. Dirigio la mirada hacia la piscina.

– ?Estas segura? Puede que el te ame, pero no creo que sus padres lo aprueben. Este tipo de familias se casa para adquirir poder.

Su tono de voz era seco y duro. Yo vacile, sin saber como reaccionar ante su falta de entusiasmo.

– Lo han sabido durante anos -le respondi-. La madre de Andre me adora y su padre prometio que si todavia seguiamos juntos cuando Andre cumpliera treinta anos, el nos daria su bendicion.

Camille no parecia convencida. Me contemplo detenidamente, observando mi cuerpo y mi atuendo. Me senti como una nina delante de su profesora. Estaba diciendole la verdad, pero me hizo sentir como si le estuviera mintiendo. Me di cuenta de que yo iba a conseguir lo que Camille siempre habia ansiado y nunca habia obtenido: alguien que les proporcionara seguridad a ella y a su hija. Siempre habia ido un paso por delante de mi, pero en esto en concreto era yo la que iba a ganar.

– ?Os ha dado monsieur Blanchard su permiso formalmente? ?Ha hecho un comunicado publico? -pregunto.

Negue con la cabeza.

– Todo eso tendra lugar cuando Andre y yo regresemos a Paris.

El rostro de Camille adquirio una expresion mas serena, pero algo extrano se le quedo en la mirada.

– Haz lo que quieras -me dijo, reclinandose en la hamaca y colocandose las gafas de sol-. Yo solo pretendia prevenirte, porque conozco a ese tipo de familias. Lo unico que puedo hacer es predecir que las cosas terminaran mal para ti, incluso si te permiten casarte con el.

Comprendi que esto nos habia distanciado. Camille no estaba acostumbrada a no llevarme ventaja en nuestra relacion. Pero ahora que estaba a punto de casarme con Andre, me sentia mas segura de mi misma y menos necesitada de su aprobacion. Me encogi de hombros y me volvi para bajar a la playa. Me contentaria con disfrutar yo sola de mi alegria si Camille no queria compartirla conmigo. Pero no pude desembarazarme del escalofrio que me produjo el tono premonitorio de sus palabras.

Tan pronto como volvimos a Paris, Andre y yo nos embarcamos en la busqueda de una casa. Delimitamos el territorio en un mapa y nos aprendimos de memoria los nombres de las calles. Reserve las «horas de cine» para emplearlas en ponerme en contacto con agentes inmobiliarios e inspeccionar casas. Reclutamos a Odette y a Joseph, puesto que pretendiamos que se encargaran de decorar y amueblar la casa. Los cuatro recorrimos Neuilly de arriba abajo. Paul Derval sugirio que nos fijaramos en los nombres de calles y de casas con trece letras para que nos diera buena suerte, pero dejamos que Kira fuera nuestra guia. Cuando llegabamos a una casa, la colocabamos junto a la puerta. Si levantaba la cola y se introducia tranquilamente por la puerta, olfateando el camino y siguiendo el rastro con su naricilla hasta la casa, nosotros la seguiamos. Si no lo hacia, entonces no existia ninguna razon para seguir adelante.

– Te gustara esta -anuncio Joseph una manana mientras nos conducia por una calle bordeada de arboles-. El exterior y el jardin son perfectos. Y el interior lo desmantelare para crear algo hermoso para vosotros.

Aparco frente a una casa con paredes de color avena y postigos y columnas blancos. El jardin estaba lleno de maleza, con lilos y rosas silvestres.

– Parece tranquilo -comente.

Coloque a Kira junto a la puerta del jardin y vacilo un instante, olfateando el aire. Al llegar a la mediana edad, habia adquirido cierto aire de matrona y era muy terca. Pero entonces avanzo y se paseo lentamente por el camino de entrada hasta la puerta principal. Los demas la vitoreamos.

– Los colores del interior son espantosos -nos advirtio Odette mientras Joseph introducia la llave en la cerradura-. Ignoradlos. Pensad en el diseno.

El recibidor era de color azul cielo con motivos dorados y el suelo de baldosas blancas y negras. Habia una silla en la esquina y, tirados a su alrededor, varios libros polvorientos.

– Imaginaoslo todo en beis y blanco -dijo Odette, conduciendonos a la sala de estar-. Con maderas de color natural, lineas elegantes y un par de muebles directoire y jarrones japoneses mezclados para darle un toque suave.

– Me gusta como suena -comento Andre mientras subiamos las escaleras hacia el piso de arriba.

Joseph abrio unas puertas dobles y nos introdujo en una habitacion llena de luz con una chimenea de marmol y amplios ventanales.

– Este es el dormitorio principal.

– ?Es enorme! -exclame yo-. Y tiene vistas al jardin principal.

Joseph y Andre pasearon por el pasillo, abriendo las puertas del resto de las habitaciones mientras Odette y yo dabamos vueltas por el dormitorio principal e imaginabamos las posibilidades de decoracion.

– Jean-Michel Frank me diseno el mobiliario para una suite en madera oscura y tapiceria de marfil -me conto Odette-. Algo asi quedaria muy bien.

– ?Simone, corre, ven! -grito Andre desde el piso de abajo.

Odette y yo encontramos a los dos hombres en una habitacion con puertas correderas que daba al jardin. Andre se volvio hacia mi.

– ?No seria esta una sala de musica perfecta? ?O una sala de baile? Podriamos barnizar el suelo y… voila! -exclamo, moviendo los brazos como si bailara un vals.

Kira aparecio por debajo de una mesa, brinco por la habitacion y empujo las puertas antes de escaparse hacia el jardin.

– ?Podeis tenerla lista para finales de ano? -le pregunte a Joseph.

– Por supuesto -contesto, cruzando los brazos e inspeccionando la habitacion-, estare encantado de hacerlo.

Andre y yo nos sonreimos. Lo unico que quedaba era decirselo a monsieur Blanchard de manera formal, cosa que Andre pensaba hacer al mes siguiente, cuando su padre y el viajaran a Portugal por negocios.

Reduje mis compromisos laborales y, en su lugar, inverti toda mi

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