me ha gustado usted. No tenia ningun inconveniente con que Andre sintiera carino por usted. No tengo ningun problema con que tengan una casa en comun. Es mas, no me importa que tengan hijos, pero esos ninos nunca llevaran el nombre Blanchard. Andre debe casarse con alguien que provenga de una familia de buena reputacion. Sin embargo, no veo ningun problema en que un hombre tenga una hermosa amante al mismo tiempo que una esposa obediente. De hecho, lo creo incluso necesario para la felicidad conyugal masculina.

Se me encogio el estomago. Fui cayendo en la cuenta de aquella terrible idea. Era de dominio publico que monsieur Blanchard tenia una amante en Lyon. ?Seria posible que Andre, que no era un mujeriego como su padre, hubiera malinterpretado sus intenciones con respecto a nosotros? Quiza monsieur Blanchard habia dado su bendicion a nuestra relacion, pero no a nuestra union.

– Continue -le rogue.

Monsieur Blanchard aparto la mirada de mi y la dirigio hacia la ventana.

– Usted misma tiene que reconocer que el matrimonio entre Andre y usted no es adecuado. ?Quien es su familia, mademoiselle Fleurier?

Me habia movido entre la alta sociedad parisina lo suficiente como para conocer bastante bien los prejuicios de clase. Mi fortuna era mayor que la de la princesa de Letellier, cuyos origenes no eran mucho mas impresionantes que los mios propios. Su abuelo materno era un pescador de sardinas que hizo fortuna y compro una flota. Su madre habia ganado el titulo casandose con el arruinado principe de Letellier. Y, aun asi, mi posicion social se consideraba mas baja que la de la princesa de Letellier porque yo habia labrado mi fortuna por mi misma y las mujeres hechas a si mismas eran una amenaza para el statu quo. Coco Chanel era la mujer mas rica del mundo, pero se la desairaba y se la trataba de simple «empresaria» en los salones de la elite de Paris.

Independientemente de por que hubiera acudido a monsieur Blanchard, no iba a conseguir nada de el, y hasta que hablara con Andre no tenia sentido prolongar mi enfrentamiento con el. Me levante de mi asiento.

– Yo tenia un tio como usted, monsieur Blanchard -le dije-. Era terco en su determinacion por hacer lo que se le antojara. Murio con nada mas que remordimientos a sus espaldas.

Monsieur Blanchard me miro a los ojos.

– No oponga resistencia, mademoiselle Fleurier -me advirtio-. No salvara a Andre casandose con el. De hecho, conseguira destruirlo.

Me marche del despacho de monsieur Blanchard y no mire atras. Sin embargo, en el bulevar se me ocurrio que monsieur Blanchard no se habia comportado de una manera engreida o arrogante. Habia hablado como si la decision de algun modo no estuviera en sus manos.

Andre se sento en el sofa de la sala de estar, sacudiendo la cabeza con incredulidad.

– ?Asi que mi padre piensa que eres aceptable como amante pero no como esposa?

Que un hombre tuviera una amante habitual no era algo fuera de lo corriente en los matrimonios de las clases altas. A las esposas no les gustaba, pero no podian oponerse a menos que estuvieran preparadas para perderlo todo conforme al Codigo Napoleonico. ?Amaba lo suficiente a Andre como para prepararme a compartirlo con otra mujer? Hice una mueca por el dolor apabullante que sentia en el pecho, imaginandome diciendole adios a Andre con la mano mientras este conducia de vuelta a casa con su esposa y sus hijos legitimos.

– Es imposible -dijo Andre, acariciandome el cabello-. Te amo demasiado. Solo imaginar ser el padre de tus hijos y no poder darles mi nombre…

Unas semanas mas tarde Andre fue a ver al conde Kessler a Lyon, donde estaba alojado con su hermana. La guerra civil espanola habia llegado a Mallorca y los fascistas estaban ejecutando a los exiliados alemanes, por lo que el conde habia regresado a Francia. Una tarde lloviznosa estaba sentada en la sala de estar cuando Paulette anuncio que madame Blanchard habia venido a verme. Desde la negativa de monsieur Blanchard a dejar que nos casaramos, Andre y yo habiamos evitado a su familia. Oscilabamos entre la realidad y un estado onirico. Habiamos pasado horas enteras en la opera o paseando cogidos de la mano, en las que olvidabamos a lo que nos enfrentabamos y la vida parecia tan maravillosa como siempre habia sido entre nosotros. Percibi que la llegada de madame Blanchard iba a resquebrajar esa fragil burbuja. De hecho, incluso antes de que Paulette abandonara la habitacion, madame Blanchard se desplomo en un sofa, sollozando.

– Destruyo a Laurent y ahora pretende hacer lo mismo con Andre - prorrumpio.

Yo no habia comido bien durante los ultimos dias y casi me desvaneci cuando me puse en pie. Senti mas lastima por madame Blanchard que por Andre o por mi misma. A fin de cuentas, ella tenia que convivir con aquel vanidoso tirano.

– Madame Blanchard -le dije, sentandome junto a ella y poniendole la mano en la rodilla-. Usted siempre ha sido buena conmigo. Usted queria que Andre y yo nos casaramos, ?verdad? Queria que fueramos felices…

Hizo una mueca de dolor.

– Me habria sentido orgullosa de tener una nuera tan bonita como tu - respondio-. Y se lo feliz que habrias hecho a Andre.

– ?No cabe alguna posibilidad de que monsieur Blanchard cambie de opinion?

Madame Blanchard nego con la cabeza. Me recorrio un escalofrio y me volvi de espaldas. Por primera vez, considere en serio la posibilidad de perder a Andre. Al principio, la negativa de monsieur Blanchard nos habia empujado a creer con inquebrantable conviccion que nuestro amor lo superaria todo. Pero ?y despues, que? ?Cuanto tiempo pasaria hasta que las presiones externas comenzaran a conspirar contra nosotros?

– Anoche tuve un sueno terrible -confese, a medias a madame Blanchard y a medias a mi misma-. Estaba de pie en la playa en Cannes, contemplando como nadaba Andre. Podia oirle riendo y le veia saludandome con la mano. De repente, el sonido se desvanecio. Corri hasta el agua, pero las olas me derribaron. A Andre se lo estaba tragando lentamente el mar y yo no podia hacer nada para impedirlo.

– Mi marido es fuerte como un toro -comento madame Blanchard-. Asi que no es una cuestion de tiempo, pues el nos sobrevivira a todos.

En medio de la oscuridad, las palabras de madame Blanchard me resultaron muy comicas. Me eche a reir y a llorar al mismo tiempo. Monsieur Blanchard cumpliria su amenaza de repudiar a Andre si se casaba conmigo, de eso no me cabia la menor duda. Comprendia su temperamento. Los hombres como monsieur Blanchard y tio Gerome no veian a sus familias como personas, sino como posesiones.

– ?No seria posible que Andre y tu fuerais felices sin estar casados? - pregunto madame Blanchard-. El nunca amara a otra mujer tanto como a ti.

Habia luchado contra esa misma pregunta dia y noche. Recordaba la epoca de Berlin con mademoiselle Canier y sabia que no seguiria amando a Andre con toda mi alma si tenia que compartirlo con otra mujer. Tambien sabia en lo mas hondo de mi corazon que asi era como el se sentia hacia mi. Negue con la cabeza.

– Ahora se trata de hacer una eleccion entre usted, Veronique y yo.

Madame Blanchard se echo hacia atras como si la hubiera golpeado.

– No me arrebate a mi hijo, Simone -exclamo-. La elegira a usted si le hace escoger. A Veronique y a mi no nos quedara nadie. Ya perdi a Laurent. Guillemette es una abominacion, tanto, que no puedo creerme que sea hija mia, y deje de amar a mi marido hace anos. Lo unico que tengo en el

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