mundo es a Andre y a Veronique.
Me puse en pie y me acerque a la ventana, reclinandome sobre el alfeizar. No podia soportar el sonido de la voz de madame Blanchard, tan cargado de dolor. Me siguio y me cogio las manos.
– Ya se que adora a Andre -me dijo-, pero todavia es usted joven. Un buen dia encontrara a alguien a quien pueda amar. Entonces, tendra hijos propios y comprendera lo compasiva que ha sido usted conmigo.
Cerre firmemente los ojos.
– Nunca encontrare otro Andre, madame Blanchard -replique-. Nunca jamas.
Cuando madame Blanchard se marcho, me quede de pie en el jardin, mirandome las manos. Hasta que escuche el timbre de la puerta de entrada no volvi en mi ni me di cuenta de que los dedos se me estaban poniendo azules. Un minuto mas tarde, Paulette abrio las puertas correderas para decirme que monsieur Etienne me estaba esperando en la sala de estar. Pense que seria agradable distraer mis pensamientos de la visita de madame Blanchard. Le pedi a Paulette que nos hiciera cafe, pero tan pronto como entre en la sala de estar y vi la expresion de reproche pintada en el rostro de monsieur Etienne, supe que aquella visita no iba a proporcionarme ningun consuelo.
– Sera mejor que me diga que esta pasando, mademoiselle Fleurier -me conmino dulcemente.
Me habia acostumbrado tanto a simular que no pasaba nada que mi sonrisa forzada surgio de manera natural. Sin embargo, Andre y yo nos habiamos ausentado de nuestros compromisos sociales y corrian varios rumores entre la prensa. Ya llegaria el momento de pedirle a monsieur Etienne que se encargara de los periodicos; ahora no podia enfrentarme a ellos. Primero tenia que enfrentarme a mi misma, y eso, de momento, no lo estaba llevando nada bien.
– No pasa nada -respondi-, he estado muy ocupada con la casa.
Monsieur Etienne se dio cuenta de mis evasivas.
– La familia Blanchard esta haciendo comunicados sobre un inminente enlace, y usted y Andre no dicen nada -replico-, asi que sera mejor que me lo explique. Con el principe Eduardo y Wallis Simpson en las noticias, cualquier cosa que se parezca lo mas minimo es como carne fresca para las fieras. Quiero ayudarla, mademoiselle Fleurier. Puede que usted goce de popularidad, pero la prensa va a ser brutal.
Aquella tarde tome un taxi hasta el Boulevard Haussmann, donde se encontraba la tienda de Odette y Joseph. Me pasee por la acera durante un momento y las piernas me temblaron con tanta violencia que me hizo falta toda la concentracion posible para poner un pie detras del otro y entrar por la puerta. Me vi reflejada en un espejo. Tenia el pelo revuelto por el vendaval y las pupilas dilatadas por el miedo. Presentaba el mismo aspecto que el rostro del conde Kessler cuando se encontro exiliado de Alemania. Contemple un cuadro de doncellas y satiros y los colores se desdibujaron ante mi vista desorientada. ?Que estaba haciendo alli? Me desplome de rodillas.
– ?Simone! -exclamo Joseph, levantandome del suelo. Me miro a la cara con una expresion de preocupacion en el rostro-. Pasa -me dijo, poniendome un brazo sobre los hombros y llevandome a su despacho-. Odette esta en el cuarto trasero. Ire a buscarla.
– ?Que mas ha pasado? -pregunto Odette, cogiendome las manos y ayudandome a sentarme en una silla.
Miro a sus espaldas a Joseph, que se dispuso a preparar te. Unos dias antes, le habia contado a Odette que monsieur Blanchard habia cambiado de opinion.
– No se por que estoy aqui -confese mientras las manos me temblaban tanto que no podia coger la taza de te que Joseph me habia puesto delante.
Sin embargo, mientras hablaba, vi un agujero negro abrirse ante mi y senti que mi futuro consistiria en una heladora corriente que me barreria de un plumazo. El sueno que habia albergado en mi corazon durante diez anos no iba a materializarse. ?Como podia? Andre y yo habiamos vivido en una ilusion. Yo habia confiado en su opinion de que nuestro amor conquistaria el mundo, porque el era mayor que yo y tenia mas experiencia. Pero ahora comprendia que el habia estado tan cegado de amor como yo. La alta sociedad parisina nunca nos habia apoyado, siempre habia estado contra nosotros. ?Realmente podia pedirle que abandonara a su familia y su posicion social, que no volviera a ver a su madre o a Veronique nunca mas? ?Podia el amor mas grande del mundo soportar tantos sacrificios?
– Si insisto en seguir con el, acabare por destruirlo -admiti.
Tan pronto como aquellas palabras surgieron de mi boca, comprendi que el poderoso vinculo que nos unia a Andre y a mi comenzaba a deshilacharse.
Odette me apreto el brazo. No me imaginaba que una mano tan delicada pudiera tener tanta fuerza.
– Andre y tu os habeis amado durante anos -me dijo-. Siempre que escuches a tu fiel corazon, Simone, sabras que es lo que debes hacer.
Me tape los ojos con las manos. Joseph se sento junto a mi. Odette se quedo de pie y me rodeo con los brazos, sollozando.
– Se fuerte, Simone. Joseph y yo te querremos independientemente de lo que decidas.
Cuando regrese a casa, entre en la sala de baile y mis tacones resonaron sobre el suelo entarimado. «?No seria esta una sala de musica perfecta? ?O una sala de baile?» Recorde el rostro de Andre la primera vez que lo habia visto en el Cafe des Singes. Me habia preguntado entonces si el seria mi «cara amiga» para la que debia cantar. Diez anos de recuerdos pasaron flotando ante mi: bailando en el Resi de Berlin; mi debut en el Adriana; nuestro viaje en el
– Ibamos a ser tan felices… -susurre.
Me volvi y camine por el pasillo, pasando la mano por los muebles. Durante un momento de confusion, vi a Andre avanzando a grandes zancadas hacia mi, con cuatro ninitos correteando a su alrededor, pero, antes de que me alcanzaran, el y los ninos se esfumaron en el aire.
«Siempre que escuches a tu fiel corazon, Simone, sabras que es lo que debes hacer.»
Andre regreso de su visita al conde Kessler unos dias despues. Estaba demacrado, pero sonreia. Su sonrisa desaparecio cuando vio mis maletas en el recibidor.
– ?Simone! -exclamo, desplomandose sobre una silla.
Pretendia ser fria y cruel. Queria hacerle mas facil que me olvidara. Pero cuando le mire a aquellos ojos oscuros y vi la ternura que reflejaban, me derrumbe y cai al suelo. Andre se agacho junto a mi.
– Quiza lo mejor sea que no nos veamos durante un tiempo -propuso, sacando su panuelo y secandome la frente-. Asi podremos pensar con la cabeza despejada y decidir que es lo mejor que podemos hacer.
«Pobre Andre -pense-. Va a seguir esperando hasta el ultimo minuto». Me recoste y meci mi propio rostro entre las manos.
– Esto es lo mejor que podemos hacer, Andre. No tenemos ni la menor posibilidad de vencer.
– ?Y que pasa con nosotros, Simone? ?Que sera de nuestra felicidad?
Nos quedamos en silencio durante unos minutos. Cuando Andre finalmente se volvio hacia mi, nos miramos fijamente a los ojos, que se nos llenaron de lagrimas. En aquel instante, supimos que nuestro sueno habia terminado y que nuestro tiempo juntos habia llegado a su fin.
– Hemos compartido el amor de nuestras vidas, ?no es asi, Simone? -
