aviones proporcionados por los alemanes. Italia, Alemania, Inglaterra, Rusia y Francia habian acordado una politica de no intervencion en Espana, pero Alemania e Italia no estaban cumpliendo las reglas del juego.

– Cualquiera habria pensado que Francia se pondria del lado de la democracia -comente-. Pero nos quedamos al margen y contemplamos como el legitimo gobierno republicano y sus partidarios estan siendo masacrados por los fascistas.

– Tenga cuidado, mademoiselle Fleurier -advirtio Minot-, esta usted hablando como si fuera judia. ?No sabe usted que L'Action Francaise dice que los judios pretendemos iniciar otra guerra en Europa?

– No pretendo iniciar una guerra -replique. Comprendia por que los franceses no querian involucrarse en Espana. Mi propio padre habia sufrido durante la ultima guerra y habia visto suficientes viudas, huerfanos y hombres desfigurados como para sentir repulsion solo de pensar en mas guerra-. Sin embargo, mucha gente dice que Francia se encontrara metida en una guerra de todos modos si continua acobardandose ante los nazis.

Le dimos la espalda al pabellon aleman y pasamos por debajo de un arco, para volver a pasear junto al Sena.

– El agente de Camille Casal ha venido a verme -comento Minot, volviendo a temas mas triviales-. Desea que mesdemoiselles Fleurier y Casal hagan un espectaculo juntas. Piensa que seria muy original presentar a dos de las mujeres mas famosas de Paris subidas al mismo escenario.

– Es cierto que seria interesante tener a dos rivales juntas -asintio monsieur Etienne-, pero mademoiselle Fleurier es la mayor estrella. Aparecera primero en cartel.

Monsieur Etienne razonaba como un verdadero agente, pero pensar en actuar junto a Camille me hizo sentir incomoda. No habiamos hablado desde que la vi en Cannes y le conte que Andre y yo nos ibamos a casar. Entonces habia pensado que su advertencia sobre la familia Blanchard estaba motivada por los celos. Ahora comprendi que ella tenia razon.

– Podemos compartir el cartel -dije-, eso tendria mas sentido.

– No sea deferente -replico monsieur Etienne, arqueando las cejas al mirarme-. La fama de Camille Casal lleva de capa caida bastante tiempo. Creo que su agente espera relanzar su carrera aprovechandose del exito que usted ha cosechado.

Independientemente de si yo era mas famosa o no, mi antigua inseguridad por compararme con Camille comenzo a acecharme de nuevo. Cuando estaba en el escenario yo sola, me sentia atractiva. Pero junto a la gloriosa belleza de Camille, corria el riesgo de hundirme. «A pesar de todo - pense, recordando a Marlene Dietrich en Berlin-, una rubia menuda y una castana alta podrian ser una combinacion interesante».

– Hagamoslo -sentencie-. Yo misma llamare a Camille.

Camille llego a nuestro primer ensayo montada en un Rolls-Royce dorado. Acababa de regresar de Hollywood, donde habia hecho unas pruebas de camara para Paramount Pictures.

– A menos que querais estar sin hacer nada sobre un decorado y mascullar estupidos dialogos del tipo: «Mirame a los ojos, querido», os sugiero que no os vayais a trabajar a la industria cinematografica estadounidense -informo a los actores del espectaculo.

Para mi sorpresa, en lugar de sentirme intimidada por Camille, tal y como habia esperado, me alegre de verla de nuevo. Y finalmente entendi por que: ella representaba un vinculo nostalgico con mi pasado, era el recuerdo de una epoca en la que no sabia lo que era ser una estrella. Mi mente viajo atras en el tiempo durante un instante y me acorde de mi misma con un vestido raido, fregando el suelo de la cocina de tia Augustine. Aquel podria haber sido el resto de mi vida. Fue Camille la que me inspiro para ser actriz. De repente, me di cuenta de que gran parte de mi exito se lo debia a ella.

– Me alegro de verte de nuevo -le dije, besandola en las mejillas.

– Si, yo tambien -respondio. Me contemplo, pero percibi que no estaba buscando defectos, como hacian el resto de mis rivales cuando me encontraba con ellas-. Lo estas llevando muy bien -comento.

Sabia que se referia a mi vida sin Andre. Pero, para mi alivio y admiracion, nunca lo menciono.

Camille y yo protagonizamos el mayor espectaculo del ano. Lebaron invirtio cuatro millones de francos en producir Les Femmes y los beneficios durante los dos primeros meses fueron aun mayores. Aunque era un espectaculo de variedades a la vieja usanza mas que un musical al estilo estadounidense, los temas principales eran la competitividad y la solidaridad femeninas, desarrollados por los actores y las coristas, y tambien los payasos y los acrobatas. Camille y yo interpretamos todos nuestros numeros juntas y dos de las canciones que cantamos se convirtieron en los exitos del ano: Bienvenidos y Una piedra alrededor de mi cuello.

Las criticas arrasaron a nuestros competidores, incluyendo a Mistinguett y a Maurice Chevalier. Un periodico describio el espectaculo como «el triunfo de Simone Fleurier y la vuelta de Camille Casal», aunque no era esta la opinion de Camille:

– Me voy a ir en lo mas alto -me confio una noche que estabamos cenando en Maxim's despues del espectaculo-. Cuando termine la temporada, me retirare.

Me sorprendio aquella noticia. Al trabajar juntas en una produccion de tanto exito y al compartir la luz de los focos, sentia que finalmente nos habiamos hecho amigas. En el pasado, Camille no habria confiado en mi. Pero cuando le pregunte por su hija esta vez, me conto que la habia sacado del convento y que la iba a alojar con un profesor de piano en Vaucresson para que recibiera «la educacion de una senorita». Cuando le pregunte por que su hija no vivia con ella, Camille me respondio:

– No quiero que la gente sepa que es mi hija. Me gustaria que tuviera la oportunidad de conseguir un buen marido.

Recorde lo que me habia dicho hacia tantos anos en el apartamento de Francois: «?Los hombres no se casan con chicas como nosotras!». Aunque Andre habia querido casarse conmigo, aquella afirmacion habia resultado ser cierta en mi caso tambien. Independientemente del exito que cosecharamos, Camille Casal y yo siempre estariamos al margen de la sociedad.

– ?Pero el publico te ha recibido tan bien! -proteste, refiriendome a la decision de Camille de retirarse-. Podrias hacer cualquier cosa ahora. Graba un disco. Haz otra pelicula.

Nego con la cabeza y me dedico una de sus languidas sonrisas.

– Unicamente me he dedicado a cantar y a bailar para procurarme un adinerado patrocinador de por vida -me dijo-. He coleccionado suficientes baratijas y apartamentos para que me duren hasta que sea vieja, pero nunca he conseguido un hombre rico. Aun asi, todavia no ha caido el telon, asi que ?quien sabe lo que nos deparara el futuro?

Una noche, alguien llamo a la puerta de mi camerino. Sucedio durante el descanso, asi que probablemente no se trataba del director de escena y tampoco me dio la sensacion de que fuera mi ayudante. Me encogi de hombros. En mi camerino seguia sin poderse entrar salvo por «invitacion expresa».

Quienquiera que fuera, volvio a llamar.

– ?Quien es?

No hubo respuesta.

Tire de la horquilla que me sujetaba el pelo y deje que se soltaran todos mis cabellos, alisandolos con la punta de los dedos. Si se trataba de uno de los tramoyistas, iba a recibir una buena reprimenda. Me ajuste la bata a la cintura y abri la puerta de un golpe. Casi se me paro el corazon cuando me encontre cara a cara con Andre. Me habia convencido a mi misma de que le habia olvidado, de que habia olvidado que alguna vez le habia amado. Pero me basto mirarle una sola vez para saber que no era cierto.

– Lo siento. Se que no tienes demasiado tiempo -se disculpo-. Pero no he sido capaz de localizarte en todo el dia.

Habia algo en su aspecto que resultaba lastimoso. Su rostro aun era joven, pero la vitalidad habia desaparecido de sus facciones. Se comportaba de manera rigida y artificial.

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