dijo Andre, recorriendo con el dedo mi mejilla-. Algo mucho mas precioso que lo que la mayoria de la gente llegara a conocer.
Nos habian arrebatado el futuro que Andre y yo nos habiamos imaginado juntos. Pero nadie podia quitarnos lo que habiamos compartido. Los recuerdos de aquellos diez anos juntos serian nuestro «por siempre jamas». Durante nuestra ultima noche en la casa, Andre le pidio al chef que preparara lucio del Loira en honor a nuestra primera noche en el
Despues del desayuno, que ninguno de los dos probo, llego el taxi y contemplamos al taxista cargando mis maletas en el maletero. Coloco a
– Alla donde vayas, Simone, estes con quien estes, siempre te llevare en mi corazon -me dijo.
– Y yo a ti en el mio.
Lentamente me separe de el y el aflojo su abrazo.
El taxista cerro la puerta cuando yo entre en el taxi. Limpie el cristal empanado de la ventanilla para ver a Andre. Tenia una postura tan formal que me dio la sensacion de que iba a hacer un saludo militar. Solo la barbilla, que mantenia en alto, le temblo mientras luchaba por contener las lagrimas. Las puertas del jardin se abrieron de par en par y el taxi avanzo lentamente.
TERCERA PARTE
Capitulo 2 4
Los meses tras mi separacion de Andre fueron sombrios y anodinos. Estaba destrozada. No me sabia a nada la comida que me obligaba a mi misma a ingerir, a veces apenas podia respirar y por la noche me dedicaba a vagar por las habitaciones de mi nuevo apartamento en los Campos Eliseos hasta que me agotaba lo bastante como para poder dormir.
Minot me ofrecio un contrato con el Adriana y me dedique en cuerpo y alma al espectaculo, por miedo a que si paraba de trabajar no seria capaz de salir de la cama. No obstante, en cada representacion me encontraba mirando al publico con la esperanza de ver a Andre entre el mar de rostros. Se me aparecian fantasmas de el en mi camerino, sentados en su silla favorita y leyendo un libro, tal y como le gustaba hacer cuando el espectaculo ya estaba organizado. A veces me despertaba con un sobresalto en mitad de la noche, convencida de que habia sentido el roce de su piel contra la mia. Pero Andre no estaba alli; ni en mi camerino ni junto a mi. Lo habian apartado de mi vida como una fotografia arrancada de un periodico. Lo unico que quedaba era un enorme e irregular agujero.
Fue monsieur Etienne el que me informo del compromiso de Andre.
– Andre me lo ha contado personalmente -me explico monsieur Etienne-. No queria que te enteraras por la prensa.
Aquellas noticias me traspasaron como una bala. Cuando nos separamos, Andre y yo habiamos convenido en que seguiriamos con nuestras vidas. Para el, eso significaba casarse. Yo pensaba que habia logrado aceptarlo cuando decidi que no podiamos seguir juntos, pero no me esperaba el golpe que me supuso en realidad. Sin embargo, no senti el compromiso de Andre como una traicion. La decision de acabar con nuestra relacion habia sido mia y el unicamente habia accedido porque temia que la situacion me estuviera haciendo dano.
– Quiza deberia marcharse usted de Paris durante un tiempo -sugirio monsieur Etienne-. Todavia siguen vigentes esas ofertas de Hollywood.
Sabia que lo que queria era protegerme de la prensa francesa. Incluso a pesar de que las tropas de Hitler hubieran invadido la zona desmilitarizada de Renania, violando el Tratado de Versalles y dandole en las narices a Francia, los periodicos crearian muchisima expectacion por una boda de la alta sociedad.
Rechace su sugerencia. Puede que yo misma pensara que quedandome en Paris los cielos se abririan un buen dia y un milagro volveria a reunimos a Andre y a mi. Aquella esperanza era tan descabellada como la de un condenado a muerte que contempla la aurora asomarse por el horizonte y todavia cree que es posible que le perdonen en el ultimo minuto. La noche de la boda me desplome en el escenario, aquejada de una fiebre abrasadora. Mi agente publicitario anuncio que padecia neumonia y que iba a regresar con mi familia a Pays de Sault para recuperarme. Sin embargo, no habia contraido ninguna enfermedad; sencillamente el mundo se habia convertido en un lugar demasiado grande para mi. Habia sufrido una crisis nerviosa.
Durante la enfermedad de tio Gerome mi madre se habia instalado en casa de tia Yvette, junto con Bernard. Despues de la muerte de tio Gerome se habia quedado alli. Cuando volvi a casa, mi madre comprendio que yo pasaba de desear compania a necesitar soledad, por lo que me instalo en mi dormitorio de nina en la casa de mi padre. Cada manana, ella encendia el fuego en la cocina y yo me pasaba el dia junto a el, con
– Cualquier criatura que sufre una conmocion necesita calor -sentencio mi madre, avivando el fuego.
Siempre habia hablado muy suavemente, pero durante aquellos dias unicamente me susurraba. Su voz estaba cargada de hechizos curativos; deseaba aliviar el dolor que yo albergaba en mi corazon.
A mediodia, tia Yvette avanzaba penosamente luchando contra el viento helador para traerme algo de comer. Un dia era queso de leche de oveja con pan tostado y otro eran anchoas con huevos. En una ocasion en la que cayo una tremenda helada, preparo un estofado y Bernard la ayudo a traer la olla hasta la casa de mi padre.
