Le hice un gesto con la cabeza para que pasara al camerino, aunque me latia con fuerza el corazon. Note, por la incomoda manera en la que paseo la mirada por toda la estancia, que el se sentia tan nervioso como yo por aquel reencuentro. La silla en la que solia sentarse ya no estaba alli, asi que le invite a tomar asiento en el sofa. Yo me coloque en una banqueta frente a el.

Tardo unos segundos en recomponerse antes de preguntarme:

– ?Sabias que el conde Harry ha fallecido?

No podia creer lo que estaba oyendo. Cuando Andre regreso de Lyon el ano anterior, me habia contado que la salud del conde se habia deteriorado debido al trastorno de haberse visto forzado a huir de su hogar por segunda vez. Sin embargo, el propio conde nos habia escrito una carta para comunicarnos que se estaba recuperando.

– ?No puedo creermelo! -exclame-. Estaba tan lleno de vida…

Levante la mirada y me percate por primera vez de la carpeta de cuero que Andre sostenia bajo el brazo. Me pregunte que seria.

– Siento comunicartelo en mitad de tu actuacion -me dijo-. Pero el funeral es manana.

Negue con la cabeza.

– Me alegro de que lo hayas hecho.

Andre se saco la carpeta de debajo del brazo y la coloco en su regazo. La miro fijamente, como si no quisiera decirme que contenia. No obstante, la voz del botones que recorria el pasillo lo saco de su ensonacion.

– Nunca llegue a decirle al conde que ya no estabamos juntos. Penso que lo estabamos y por eso nos ha legado esto -me explico Andre, entregandome la carpeta-. Son las paginas de su diario en las que escribio sobre nosotros cuando estuvimos en Berlin.

Me sorprendio que la carpeta pesara tanto, pues parecia muy delgada.

– ?Berlin? -susurre.

Ignoraba si tendria fuerzas para recordar aquellos dias: el hotel Adlon, Unter den Linden, el Resi… El pasado me invadio un instante para desvanecerse al momento siguiente. Ver a Andre de nuevo y enterarme de la muerte del conde eran demasiadas emociones.

– Berlin -repeti.

Tenia la boca seca y apenas podia pronunciar palabra. Me daba cuenta de lo incomodo y triste que estaba Andre. Queria hacerle mas facil aquel encuentro, pero no era capaz. Cada vez que le miraba a la cara, no podia evitar pensar en aquella primera vez que habia venido a mi camerino en el Casino de Paris. Entonces eramos muy jovenes y estabamos empezando la aventura de conocernos mejor. Ahora nos encontrabamos al borde del abismo.

Una nota de vacilacion asomo en la voz de Andre. -Creo que sera mejor que te quedes tu la carpeta -dijo-. No es adecuado que yo la conserve.

Me eche hacia atras. Era como si me hubiera clavado un cuchillo y ahora lo estuviera removiendo dentro de la herida. Sin embargo, conocia a Andre y comprendia que no lo estaba haciendo a proposito. Por supuesto que no era adecuado que se quedara el con aquellas paginas: ahora estaba casado. El botones llamo a la puerta. -?Diez minutos! Andre se levanto de su asiento. -Lo lamento, Simone -se disculpo.

Me dio la sensacion de que no me estaba pidiendo disculpas por haberme comunicado tan repentinamente las noticias sobre el conde Kessler, sino que se referia mas bien al rumbo que habian tomado nuestras vidas.

Cuando Andre se marcho, abri la carpeta y lei la primera entrada del diario del conde:

He conocido a una joven maravillosa en compania de Andre Blanchard. Mademoiselle Fleurier vive cada nueva experiencia con el mismo asombro y entusiasmo que un nino abriendo sus regalos de Navidad. Su espiritu se me contagia y me hace sentir joven de nuevo. Estoy convencido de que lograra grandes cosas: sobre el escenario y en el gran teatro de la vida.

Aquella noche interprete todos mis numeros como si estuviera sumida en un trance. Tenia que hacer un esfuerzo por bloquear los recuerdos de Berlin. El conde habia fallecido y, de algun modo, Andre tambien. Nuestras vidas se habian alejado tanto que era como si estuvieramos viviendo en paises diferentes. ?Realmente el Andre que habia visto aquella noche era el hombre que habia logrado forjar mi carrera? ?Era ese el primer hombre que me habia amado? Ahora no pasaba de ser un extrano. Me costo un esfuerzo sobrehumano terminar el espectaculo y, cuando por fin cayo el telon y me retire a mi camerino, llore con la misma desesperacion que la noche que mi padre murio.

El conde fue enterrado en el cementerio Pere Lachaise. Solo habia un punado de asistentes al funeral. ?Donde estaban todos aquellos artistas a los que el conde habia apoyado? ?Donde se habia metido toda la gente que le habia llamado «amigo» cuando era rico y generoso? Andre me habia contado la noche anterior que el conde no habia podido recuperar sus cuadros y el resto de sus tesoros de su casa de Weimar porque las autoridades habian permitido a la poblacion local que saqueara sus pertenencias.

Evite mirar a Andre a los ojos. La princesa de Letellier estaba con el. Era una mujer de aspecto desamparado con el pelo rubio rizado y una frente ancha. De cuando en cuando, se volvia y acariciaba el brazo de Andre, como dandole a entender que estaba alli para apoyarle. Hubiera preferido evitarla a ella tambien, pero cuando me la cruce en el pasillo alargo la mano y me toco el brazo.

– Lo lamento mucho, mademoiselle Fleurier -me dijo-. Mi marido me ha contado lo mucho que significaba el conde para ustedes dos.

La princesa de Letellier tenia que saber que Andre queria casarse conmigo, pero se comporto cortesmente. Percibi que su compasion era sincera. No sabia mucho sobre ella excepto que tenia buena educacion y que, a diferencia de la mayor parte de la alta sociedad parisina, colaboraba con muchas asociaciones beneficas. Andre se habia casado con una mujer decente. En otras circunstancias, quiza la princesa y yo podriamos haber llegado a ser amigas.

– Adios, conde Harry -susurre cuando introdujeron el ataud en el nicho.

Eche las rosas que habia llevado y cayeron junto a la docena que ya habia sobre el ataud. Recorde la picara risa del conde y sus brillantes ojillos la noche que me gasto la broma en Eldorado. Aquellos alegres ojos se habian cerrado para siempre y el conde no volveria a reir.

Pense en la entrada de su diario y en lo que habia escrito sobre su primera impresion de mi. El conde habia vivido con agallas y, a pesar de su mala salud, lo habia hecho plenamente. Yo lo idolatraba demasiado como para incluirme en su misma categoria. Entonces no sabia que pronto se pondria a prueba la fe del conde en mis capacidades para conseguir importantes metas en el gran teatro de la vida.

Capitulo 2 5

Jean Renoir me invito al estreno de su pelicula La gran ilusion en el Marivaux Cinema en junio de 1937. Monsieur Etienne me acompano y ambos nos entusiasmamos al ver como habia evolucionado el cine frances. La trama era sobre tres pilotos durante la Gran Guerra en un campo de prisioneros aleman y su relacion con el comandante. Se trataba de una oda de amor entre los soldados franceses y alemanes, que podrian haber sido hermanos de no ser por la guerra.

– Tecnicamente es tan buena como las peliculas estadounidenses - comento monsieur Etienne cuando se encendieron las luces-. La imagen no se ve borrosa ni el sonido chirria.

Hasta entonces, como director, Renoir habia sido capaz de superar las

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