imperfecciones tecnicas, pero ahora, sin ellas, su pelicula parecia magia. Como habia trabajado con el, sabia que no le gustaba fragmentar las escenas de la manera habitual cortando los primeros planos en planos generales. Preferia grabar a los actores en primer plano y despues seguir sus movimientos, pasando sutilmente de un actor a otro en lo que el mismo denominaba «ballet de la camara». De alguna manera, reflejaba el movimiento natural del ojo. Por supuesto, solamente los que trabajaban con el lo sabian. Para el publico, el movimiento resultaba tan perfecto que parecia imperceptible.

Felicite a Renoir en la fiesta.

– Es una historia preciosa, contada con mucha delicadeza.

Levanto la mirada. Ya no tenia el brillo alegre que yo siempre habia asociado con el.

– Simone, tu y yo somos viejos amigos, asi que a ti si puedo decirtelo. Desde que empece a hacer cine, siempre he desarrollado un unico tema: nuestra humanidad comun. Hice esta pelicula con la esperanza de detener la guerra. Pero ahora veo que el arte no puede ponerle freno a nada. Solo puede documentarlo.

En los salones y cafes de aquella epoca, se discutia sobre la probabilidad de que Francia se viera arrastrada a entrar en un conflicto belico contra la Alemania nazi. Pero ?acaso Francia no era el pais mas civilizado del mundo? ?No sabiamos nosotros, de entre todas las naciones, como vivir plenamente? Si no podiamos detener una guerra, ?quien podria?

– ?Piensa usted entonces que es inevitable? -le pregunte a Renoir.

– Nos gobiernan traidores e imbeciles -me respondio-. Y el resto de nosotros solo podemos desesperarnos contemplando lo que hacen.

Una manana, cerca de un ano despues del estreno de la pelicula de Renoir, abri el periodico y recorde el comentario del director sobre los traidores. El titular anunciaba que habia dudas sobre si el nuevo primer ministro, Edouard Daladier, defenderia a Polonia y Checoslovaquia en caso de que fueran atacadas por Alemania. Georges Bonnet, un simpatizante de Hitler, habia sido nombrado para ocupar el cargo de ministro de Asuntos Exteriores.

Sin embargo, si al resto de Paris le preocupaba la situacion, no lo demostraba. La ciudad bailaba y disfrutaba con mas pasion que nunca.

En julio de 1938 el rey Jorge VI y su esposa visitaron Francia durante una gira oficial tan suntuosa que le costo al pais veinticuatro millones de francos. Me pidieron que cantara en un espectaculo de gala en donde se alardearia de lo mejor del espiritu frances, seguido de una cena de estado en la que se sirvio langosta a Marinier acompanada de un Chateau d'Yquem de 1923. Mientras cantaba, me di cuenta de que estaba formando parte de un carisimo ardid publicitario. Toda la pompa y la extravagancia, los desfiles por un Paris atestado de publico que los vitoreaba, la solemne ceremonia en la que colocaron una corona en la Tumba del Soldado Desconocido… Todas aquellas cosas se hicieron para demostrarle a Hitler que Gran Bretana y Francia eran aliados. ?Acaso el dictador seria tan insensato como para atacar a Francia, cuando tenia de su parte a una nacion tan poderosa?

– Parece que no se dan cuenta de lo que sucede en realidad -comento un exasperado Minot-. Mientras tiran el dinero en entretener a la realeza, el primer ministro britanico esta haciendo tratos de contemporizacion con Hitler.

Puesto que Andre ya no formaba parte de mi vida y Renoir se habia marchado al extranjero, Minot se habia convertido en mi acompanante a la hora de discutir sobre politica.

«Ni una sola viuda ni un solo huerfano para los checos», anunciaban a los cuatro vientos los titulares de los periodicos en septiembre. Un dia tras otro, L'Action Francaise publicaba en su portada: «?No! ?No hay ninguna guerra!», y repetia su afirmacion de que eran los judios quienes querian iniciar una guerra porque no les gustaban las politicas que Hitler habia desplegado contra ellos.

Hitler habia exigido la cesion de la mayor parte de Checoslovaquia. Queria reclamar los Sudetes, pero estaba claro que muy pronto pretenderia hacerse con todo el pais.

– ?Que idiotas! -exclamo Minot un dia que nos encontramos para tomar algo en el Cafe de Flore-. Incluso aunque a los gobiernos frances y britanico no les importe ni lo mas minimo la verguenza de abandonar asi a un aliado, al menos deberian pensar en la ayuda que los checos podrian proporcionarnos si nos atacan a nosotros. Los checos cuentan con las fabricas de armamento mas modernas de Europa y tienen una defensa muy bien planeada a lo largo de la frontera con Alemania. Son una de las pocas democracias que quedan en Europa; y no es que estemos precisamente rodeados de naciones amigas.

Tras la conversacion con Minot en el Cafe de Flore, regrese a mi apartamento con el miedo creciendo en mi interior. Paulette habia salido esa tarde, asi que yo misma puse la cafetera al fuego para preparar cafe. Habia una carta de Bernard sobre el resto de la correspondencia. Cuando la abri, me entere de que tia Augustine habia fallecido y me habia dejado su casa. Me sente a la mesa del comedor contemplando la vista de los Campos Eliseos y tomandome a sorbos el cafe. Pensaba que tia Augustine me odiaba. ?Por que me dejaba su casa? Me la imagine dividida entre darsela a una sobrina a la que despreciaba o cedersela al estado. Yo debia de haber sido el menor de ambos males. Por supuesto, la venderia: no podia soportar los miseros recuerdos que me traia aquel lugar.

En la calle mas abajo, un chico de los periodicos voceaba los titulares de la tarde. La gente vitoreaba y gritaba el nombre del primer ministro: «?Daladier!, ?Daladier!», elogiandolo por su politica «ilustrada».

Cerre los ojos y recorde al joven que me increpo durante mi primer dia en Berlin.

«?Derrotaremos a Francia! ?Acabaremos con ella! ?Francia dejara de existir! ?Y con ella, los franceses! ?Escupiremos sobre sus cenizas como si fuera una puta barata!»

Una sensacion heladora me invadio el cuerpo. Casi podia oler el sudor acre y la malevolencia supurando por todos los poros de la piel de aquel joven. Corri al escritorio de la sala de estar, saque papel de cartas y comence a escribir.

Querido Bernard:

La guerra va a llegar a Francia. Quiza no lo percibais en el sur todavia, pero tan seguro como que estoy respirando, se que el ejercito aleman nos va a invadir. Te envio algo de dinero extra este mes. Por favor, utilizalo para comprar lo que vayas a necesitar a largo plazo para la finca. Con respecto a la casa de tia Augustine, creo que hare uso de ella. Por favor, haz que la reparen y la pinten. Y no hables de esto con nadie mas.

Me detuve. Mi intuicion se estaba adelantando a mis pensamientos conscientes al hacer planes. Mi familia se encontraba en un lugar que probablemente era de los mas seguros de Francia si estallaba la guerra: rodeados de escarpadas montanas y lejos de las principales ciudades, de las fronteras y de la costa. Y desde Marsella se podia llegar por barco hasta Africa. Si los alemanes invadian desde el norte, el sur seria la mejor via de escape. Pero no era por mi o por mi familia por quien estaba preocupada en ese momento.

– ?Simone! -exclamo Odette, echandose a reir mientras se acariciaba su abultado vientre de embarazada-. No hagas un drama de la nada. Alemania no va a invadir Francia. E incluso si los alemanes lo intentaran, esta la Linea Maginot para detenerles.

Nos encontrabamos en la cocina de la casa de los padres de Odette en Saint Germain en Laye. Odette y Joseph se iban a quedar alli hasta despues de que Odette tuviera al bebe. Un rayo de sol se introdujo juguetonamente por las cortinas de encaje y produjo un resplandor tremulo sobre la mesa. La cocina estaba pintada de amarillo brillante y los muebles eran blancos con adornos azules. Contemple el vapor de la tetera al fuego elevandose y formando volutas en el aire.

– No creo que ya nadie siga teniendo fe en la Linea Maginot -replique-. Los bunkeres se acaban donde empieza la frontera belga.

– Porque Belgica es nuestro aliado -puntualizo ella, colocando una taza de cafe y un trozo de tarta de chocolate delante de mi antes de sentarse.

– Los alemanes marcharan sobre ellos, como hicieron en 1914.

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