Odette me observo con mirada dubitativa.
– Asi que ya no eres cantante, ?no, Simone? -comento-. Ahora te has metido a estratega militar.
– No entiendo que tiene que ver esto con la estrategia -respondi-. Es sentido comun. Se supone que nosotros, los franceses, somos grandes pensadores, pero nos estamos comportando de una manera increiblemente estupida.
El rostro de Odette adquirio una expresion seria y se revolvio en su asiento.
– Joseph acaba de abrir su nueva tienda y cuando nazca el bebe yo le ayudare. El es mi marido. Si el dice que no hay nada de lo que preocuparse, tengo que creerle.
Me contemple las manos. Quiza yo no fuera mas que una artista de teatro, pero Joseph ?era tan ingenuo que no comprendia las implicaciones para una familia judia si los nazis invadian Francia? Seguramente habria leido en los periodicos sobre las leyes que se estaban aprobando en Alemania… Hace tiempo, yo misma pensaba que la manera en la que los alemanes trataban a los judios nunca podria reproducirse en Francia, pero ahora me daba cuenta de que eso no era cierto. La circulacion de periodicos antisemitas se habia multiplicado por tres en los ultimos dos anos.
Odette sorbio su cafe y tarareo una melodia en voz baja. Por muy dulce que fuera su caracter, la conocia lo bastante bien como para saber que se volvia muy cabezota ante las confrontaciones. Si queria convencerla de que abandonara Paris, tenia que hacerlo con tiempo y de manera sutil. El problema era que no tenia ni la menor idea de cuanto tiempo nos quedaba. Odette estaba casada y embarazada. Y yo me iba a enfrentar al fin del mundo sola. Quiza esa era la razon por la que lograba ver las cosas con mas claridad. No habia mucho mas por lo que tuviera que preocuparme.
– ?Ya habeis decidido que nombre le pondreis al bebe? -le pregunte, cambiando de tema.
Se le iluminaron los ojos y aparecio una sonrisa en su rostro.
– Si, Michel si es nino y Simone si es nina.
Me sonroje. Podia percibir el carino de Odette desde el otro lado de la mesa. Era afortunada por contar con una amiga como ella.
– ?De verdad? -pregunte.
Odette asintio y me paso el brazo por los hombros. Era maravilloso que alguien me quisiera asi. Casi note como volvia a la vida mi destrozado corazon.
– Aprecio lo que me esta usted diciendo -me aseguro monsieur Etienne cuando fui a visitarle a su despacho-. Y me conmueve su preocupacion. Pero Joseph tambien tiene razon. Los alemanes cuentan con una fuerza aerea de gran calidad, cosa que quedo demostrada en Espana. Es tan probable que bombardeen nuestros puertos como que nos invadan por tierra. Pero ?que sucede si se les corta el paso antes de que siquiera alcancen Paris? Habremos dejado atras nuestros hogares y nuestros negocios para nada.
Me apoye en el respaldo de mi asiento. ?Acaso me estaba comportando como una neurotica? Odette se encontraba en las afueras de Paris. Si los alemanes nos bombardearan, estaria mas segura alli que en una casa en el centro de Marsella. Por un momento, me vino a la mente el rostro del conde Harry el dia que tuvo que exiliarse de Alemania. Recorde la epoca que pase en Berlin y el siniestro sentimiento de oscuridad que lo impregnaba todo de decadencia. Parecia que las predicciones de una segunda guerra mundial, mas devastadora que la primera, se estaban haciendo realidad. Y yo tenia que hacer todo lo posible para prevenir a mis amigos.
– Mire -le dije, garabateando las direcciones de la casa de Marsella y de la finca en Pays de Sault-, es un sentimiento visceral que tengo. Por favor, guarde estas direcciones por si acaso las necesita. Quien sabe que puede pasar.
Por suerte para mi, no tuve problemas en convencer a Minot para que cooperara con mi plan de evacuacion. Su madre era anciana y tenia que pensar en ella. Lebaron habia huido dos meses antes a Estados Unidos, dejando a Minot a cargo del Adriana.
– He comprado un coche y estoy enviando suministros a mi familia en la Provenza -le conte-. Si los alemanes nos invaden, usted y su madre pueden venir conmigo y seran bienvenidos en nuestra casa.
– Es usted muy amable, mademoiselle Fleurier -me respondio-. Enviare con antelacion mis cuadros a la casa de Pays de Sault. No quiero que esos cabezas cuadradas les pongan las manos encima.
Sonrei, imaginando las paredes de las casas de la finca decoradas con cuadros de Picasso y Dali. «Pobre Minot -pense-, espero que no pretenda alojarse en un
– Asegurese de que los cuadros esten bien empaquetados en cajas -le recomende-. No querra que se comben con el calor…
La cooperacion de Minot me dispenso algo de tranquilidad. Me preguntaba a mi misma todos los dias si mi impulso no seria mas que una exageracion. Que verguenza si, despues de toda esa preparacion, no pasara nada. Pero seria mucho peor que sucediera y no estuvieramos preparados. No habia ni rastro de preocupacion en las caras de la gente que acudia a ver mis actuaciones en el teatro y en los clubes nocturnos. Paris brillaba con mas intensidad que nunca, con operas, obras, desfiles de moda y fiestas espectaculares. El embajador polaco celebro un elegante baile la misma noche que Odette se puso de parto y dio a luz a una nina. El embajador aleman fue invitado al baile y bailamos valses y mazurcas, y terminamos la noche contemplando unos fuegos artificiales serpentear por el aire. ?No era aquel un signo de que todo iba bien?
Resulto que mi unica equivocacion fue que mi acceso de panico se adelanto un ano. Dos meses despues del baile, Alemania invadio Polonia. Cuando expiro el ultimatum franco- britanico a Hitler, se movilizo al ejercito frances. La gente caminaba por las calles en estado de incredulidad. ?Podia ser cierto todo aquello? ?De verdad estabamos en guerra contra el Tercer Reich?
Minot y su madre se trasladaron conmigo por si nos encontrabamos ante la situacion de tener que huir de Paris en mitad de la noche. Elsa Maxwell envio invitaciones para una fiesta en las que, en lugar de figurar la formula RSVP, [3] aparecian las siglas SNHG: «Si no hay guerra». Parecia imposible planear nada.
– ?Como puedo marcharme de vacaciones tranquila? -se quejo mi secretaria-. Mi marido podria ser convocado a filas y tener que unirse a su regimiento.
Pero pasaba un mes tras otro sin que sucediera nada. Los periodicos denominaron esta epoca como la
Un jueves por la tarde, despues del simulacro de bombardeo aereo semanal, me encontre con Camille cerca del Ritz. Minot me habia organizado una serie de giras a lo largo de la Linea Maginot para entretener a los soldados que se sentian impacientes por el aburrimiento de estar encerrados en bunkeres. Queria ponerme al dia de las novedades de Camille, por si tenia intencion de abandonar la ciudad para cuando yo regresara de mi gira. Los maniquies de los escaparates de las boutiques en la Place Vendome llevaban mascaras de gas con pajaritas atadas al cuello. Se trataba de una broma, pero la mera idea de que nos preparabamos para enfrentarnos a un enemigo capaz de lanzar gas mostaza sobre la poblacion civil no me reconforto demasiado.
En el cafe, los chocolates y los pasteles tenian forma de bombas.
– Es bueno ver que no todo el mundo ha perdido el sentido del humor -comento Camille, abriendo el bolso para pagar al camarero tan pronto como nos trajo las bebidas.
